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Nora Correas: plástica jóven en Argentina

Elena Serrano

En Cuba se considera joven al grupo de personas, independientemente de su género, que cuente entre 14 y 35 años. A los 14 se ingresa a las organizaciones de masas y hasta los 30 militan en la organización política juvenil. En la Universidad hasta los 35 eres profesor joven. Después la situación cambia, se es adulto y rápidamente pasan los años, cumples 60, y pasas a pertenecer a la eufemística condición de miembro de la tercera edad. Dejas de ser compañera, señora, compañero, señor y pasas a la categoría de tía, abuela-tío, abuelo.

Con sus especificidades nacionales creo que en casi todo el mundo sucede algo semejante.

En el campo de la cultura también esta situación se da, hay salones, concursos, muestras de cine y video, para menores de 35 años.

Si bien esta política es útil para dar a conocer las obras de creadores que se inician en los distintos géneros artísticos, a mí me interesa destacar en esta ponencia otro aspecto del problema, que es la “juventud” no del autor desde el punto de vista cronológico sino de la obra. Considero una obra joven aquella que está en consonancia técnica, formal y conceptual con el mundo que le tocó vivir a la autora, con los problemas de su sociedad y sobre todo con el futuro de su mundo y su gente.

Hace ya algunas décadas los nuevos enfoques en los estudios de la historia y la crítica de arte han aportado análisis y estudios innovadores. Un aporte importante ha sido el redescubrimiento y revalorización de las mujeres artistas.

Se sabe de mujeres artistas desde la antigüedad aunque no conozcamos muchas de sus obras. El más antiguo testimonio del arte hecho por mujeres es el tapiz de Bayeux (c 1080) bordado por las mujeres de la corte de Matilda, la esposa de Guillermo el conquistador. Obra colectiva con gran unidad estilística y con una técnica muchas veces poco valorada: fibra y bordado.

Es importante destacar que la técnica del tejido siempre se ha considerado,  junto a la pintura de flores y la pintura de abanicos, típicamente femenina. No olvidar el escándalo que en su tiempo provocó Artemisia con sus desnudos masculinos y en nuestra  América en la década del treinta del siglo pasado, la guatemalteca Antonia Matos con sus desnudos femeninos y masculinos y la colombiana Deborah Arango con sus pinturas eróticas, entre muchos otros ejemplos.

Dentro de las disciplinas artísticas contemporáneas, el arte del tapiz se ubica a partir de la década del 60 en un sitio de privilegio en el contexto de las artes plásticas. Deja de ser considerado una “simple artesanía popular”, nuevamente la absurda diferenciación entre arte culto y arte popular cuando lo que en realidad hay es arte de buena calidad y de mala calidad.

En Argentina desde la década del 70, cuando comienza el Salón Nacional de Arte Textil, con carácter bienal, pero sobre todo en las últimas dos décadas del pasado siglo, se consolida el movimiento tapicista en forma individual y grupal.

Nora Correas introduce nuevas formas como el quemado en el tejido, cordeles que envuelven las telas enrolladas, que contrastan sobre una superficie de tela pintada.

Nora Correas lleva el uso de la fibra de “técnica tradicional” a la vanguardia plástica con gran expresividad y actualidad. Logró junto con otros tapicistas  transformar el lenguaje textil en una propuesta válida para testimoniar la realidad social argentina. Dice la autora  “…las palabras no siempre contienen el mundo de las sensaciones directas. Mi trabajo se divide en dos grandes ramas. Una, la de los tapices planos que encierran figuras y colores cuya historia es más clara y luminosa, y la otra en donde intento internarme  en ciertas profundidades, dejando la no siempre amable superficie, para tratar de bucear en los que nos da miedo por lo desconocido”1.

Nacida en Mendoza en 1942, Nora Correa estudió en la Universidad Nacional de Cuyo y después en el taller de Juan Batlle Planas donde realizó dibujos expresionistas: “El azar y la maternidad” –dice la artista--   la llevan a la fibra a partir de 1969.2 En la década del 70 vivió en Brasil, donde organizó un taller de tapices.

La estancia en Brasil influyó en su creación. El clima tropical y la naturaleza pasaron a su obra a través de un fuerte cromatismo.

Su regreso a la Argentina provocó cambios. Los tonos y el color se volvieron más bajos y la temática pasó a preocuparse por las profundidades del hombre.

Del bordado pasó al tejido con el telar y los tapices se separaron del muro y de lo bidimensional. Las obras muchas veces las construía por piezas que luego articulaba. Están llenas de alusiones dramáticas que se vislumbran en formas viscerales mutiladas, abiertas, que ilustran un suceso, una situación.

 Desde 1980 derivó hacia la escultura, adoptando por los materiales utilizados, la llamada “forma blanda” o escultura textil. Actualmente, además del arte-objeto, se interesa por las instalaciones y la expresión escultórica de gran formato.

La dictadura argentina (1967-1982) y la guerra de las Malvinas (1982), con el desprecio de la vida que caracterizó esta larga etapa,  produjo en 1976 El corazón partido una gran masa de lana roja,  excavada en el interior donde se cruzan venas que aluden a la época.

América (1977) es una especie de enorme bolsa de cuyas aberturas salen expulsados o fugitivos diminutos seres humanos. Esto no tiene nombre (1981), es una obra estremecedora, porque supone las vísceras sanguinolentas de un cuerpo humano volado por una bomba.

En 1981 Juguemos en el bosque mientras el lobo no está: lobo ¿estás?  anticipa la Argentina que saldría, hoy pudiéramos preguntarnos, si salió de la noche del tormento.

Las obras de Nora Correas dice Jorge Glusberg se caracterizan por la correspondencia entre idea y expresión, entre título y significado ya que como dijo Duchamp: “…el título es un color más”.3 Las experiencias la hacen pasar del textil volumétrico a lo volumétrico en diversos materiales.

Ora pro novis (1992) que presentó en ARCO, Madrid, con motivo de la conmemoración del Quinto Centenario es una compleja construcción de hierro, cuero, resina poliéster, junco y madera. La obra tiene una variedad de símbolos que nos llevan a la memoria y a la imaginación (ruega por nosotros, por quienes, por los que se arriesgaron en sus endebles embarcaciones para atravesar el Atlántico hacia lo desconocido para ellos, o por aquellos que una vez “descubiertos” fueron expoliados y exterminados). Ruega por nosotros hoy, los que estamos destruyendo nuestra fauna, representada en los animales sudamericanos en peligro de extinción, que asoman sus cabezas por la borda como en la cuenca de para salvarlos del diluvio. Son muchas las interrogantes que nos podemos plantear delante de esta obra u otra de Nora Correas ya que aquí también aparecen símbolos como el sol y la espada. Es como el encuentro de la cultura antigua de Nuestra América y la espada de la Conquista. Sea cual sea la lectura que se haga ya que la obra se independiza del creador, no se agota la experiencia estética. 

Ya en los noventa Nora, se lanza a la conquista del espacio a través de las instalaciones. Recordando a Damocles (1996) impide olvidar, a través de los elementos que cuelgan, que la espada de Damócles está sobre nuestras cabezas y puede caer en cualquier momento.

Veo-veo… (y no me gusta nada lo que veo) (1996) es una instalación que según dice Corinne Sacca-Abadi en la revista ARTINF marca un recorrido al espectador que se enfrenta a la mirada de doscientos niños fotografiados en las paredes laterales de la sala. Estos futuros adultos observan atentamente, como testigos mudos, el mundo que los rodea y en el centro de la sala, montado sobre un pedestal cubierto de lingote de oro, vemos un cohetito también dorado. A cada lado del mismo, en las paredes, hay poesías manuscritas, como graffitis de Kipling y María Negroni, en el coche no hay bebé ¿a caso no habrá niños sobrevivientes de la catástrofe anunciada por el poder representado por el oro? Solo aparecen cucarachas, únicas sobrevivientes de desastres nucleares.

En 1998 realiza Make your own baby cuna de acrílico, bebés de resina, probetas de vidrios. Aquí critica la clonación de seres humanos. En las paredes de la sala donde se expuso la obra, la artista colocó estantes con pomos. Dentro de cada uno aparecían pomos plásticos de diferentes formas y colores, cabellos de diferentes texturas y tonos, como para que cada pareja en lugar de engendrar un hijo con amor seleccionara ojos, cabellos, etc, que permitirían lograr no un hijo deseado sino una criatura de alto rendimiento y belleza.

En 1999, en París, expone Con los ojos abiertos II, gran instalación escultórica donde utiliza hierro, cemento y resina. La obra se expone en la gran exposición internacional de escultura presentada en los Campos Elíseo y la Plaza de la Concordia donde cincuenta y dos artistas de todo el mundo expusieron esculturas monumentales. La obra simboliza la existencia material y espiritual, el poder y la libertad y alerta sobre el futuro de la humanidad.

Nora Correas preserva el valor semántico del arte y a través de sus obras reflexiona sobre problemas referentes a la vida en la sociedad contemporánea y a la identidad cultural de su país. La artista no juega con la nostalgia. Recurre al pasado sólo para trabajar el presente, para el futuro.

“Sé que la artista no puede modificar la situación agresiva que estamos viviendo pero me sentiría muy mal si no puedo emitir un grito” –dice Nora Correas.

Con estos ejemplos creo haber podido demostrar por qué seleccioné la juventud de la obra de una mujer que a los sesenta y cinco años demuestra una creatividad, riqueza de expresividad y espíritu que, preocupada por los problemas más actuales de su época y lo que estos pueden significar para el futuro, emite a través de su obra creadora un grito de alerta.

 

Citas:

1 pág. 38 fotocopia artes plásticas s/d

2 V. A. Nora Correas en el Museo Nacional de Bellas Artes, pág. 13

3 Idem. pág. 14

 

Bibliografía:

Casanegra, Mercedes: “Nora Correas modernidad al filo” Página 12, 8/11/96, (s.p.).

Catálogo, S/D, Nora Correas, Esculturas, Oct.-nov., 1993.

Faccoro, Rosa: “Dos artistas del taizClarín, Buenos Aires, 18 de sep. 1982, (s.p.).

Sacca Abadí, Corinne: “Veo-veo…”  Revista ARTINF, 1996, fotocopia S/D.

V. A. Nora Correas en el Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, 1999.

Indice del Dossier

María Magdalena Campos Pons When I am not here/Estoy allá, fotografía, 1996

Veo veo (1994) Corazón partido (1976) América (1977)
Ora pro nobis (1992) Make your own baby (1998) Recordando a Damocles (1994)