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Marta María Pérez Bravo: Obra Reciente
Como va siendo habitual en los últimos
años, la galería La Casona ha acogido la obra de fotógrafos
cubanos contemporáneos de la llamada generación de los noventa,
aun cuando muchos vengan trabajando desde antes. Eduardo Hernández
Santos, René Peña y Marta María Pérez Bravo
destacan entre los fotógrafos que han exhibido en este espacio
privilegiado del Centro Histórico de la ciudad.
El 14 de marzo, Marta María inauguró en la
Casona una muestra con lo más reciente de su producción.
La fotógrafa, fiel a su estética y método, nos introduce
nuevamente en el sacro universo del ritual religioso, en su caso, de antecedente
africano.
La trayectoria de esta artista no ha tenido cambios, ni
bruscas rupturas que permitan hablar de un momento inédito. Más
que nada, esta entrega ha de verse como una continuidad en su labor investigativa
sobre esta temática, que la ha llevado a estudiar con seriedad
la tradición tanto oral como escrita de las prácticas religiosas
transculturadas: regla ocha, palo monte. Como han señalado críticos
e historiadores, en muchos de los trabajos de esta artista la coordenada
autobiográfica hace que exista un "alto grado de compromiso
moral con el tema". Sin embargo, antes que definir dónde comienza
y termina el rito sagrado y su interpretación personal, lo importante
de su propuesta estriba en la constancia y el modo en que no trata de
ilustrar el fenómeno religioso, sino de reconstruirlo frente a
la cámara en un afán por captar las esencias, obviando lo
superfluo.
En las fotos de Marta María siempre asombra el silencio,
que es también recogimiento, introspección. La atmósfera
que logra en sus imágenes no depende tanto de lo representado como
de lo que se sugiere. Su pieza, Un alma I -II es un claro ejemplo
de ello. El límite que impone el significado mítico, impide,
al no entendido, llegar a la intención última del mensaje.
Ello se debe a que Marta María trabaja a partir de conceptos, de
dominios muchas veces crípticos que tienen que ver con lo onírico
o el habla sentenciosa en los libros de consulta de los practicantes.
De este modo, Solo se ve en sueños I-II actúa como
puente a lo desconocido, nunca como una verdad acabada.
Las diversas direcciones en que se ha intentado enmarcar
el quehacer de esta artista: autorretrato, fotografía de desnudo,
de tema religioso, sin duda establecen niveles de acercamiento y lectura
que no por diferentes, se excluyen. Un análisis integral permitiría
aprehender los vínculos que pueden existir en la conjunción
de estos campos y así enriquecer los estudios sobre su obra. La
artista ha llegado a una etapa de su ya sólida carrera, en la que
llama la atención el apego a un tipo de fotografía que sigue
apostando por la tradicional imagen bidimensional, cuando es catalogada
como novedosa tanta fotografía digitalizada asociada o no
a instalaciones y vídeos o a la documentación de procesos
artísticos muchas veces efímeros.
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