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Rodar el coco sobre Alambre de púas... El pasado viernes 14 de marzo, en horas de la tarde, tuvo lugar en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, la insólita y feliz conjunción de saberes disímiles, ligados entre sí. La investigación académica, la tradición de la mano del sentir religioso colectivo, el arte, la cultura en fin, convergieron significativamente en el recinto universitario. La presentación y lanzamiento del libro Rodar el coco de la Dra Lázara Menéndez, fruto de años de investigación profunda sobre los procesos de cambio en la practica santera cubana, fue el pretexto para la complicidad entre creadores, público y organizadores del evento. El artista plástico Rolando Vázquez dio inicio al jubileo con un performance. Desde la entrada principal, una santera (iyawo) precedía a Rolando, portando una vela encendida y entonando una moyuba a los artistas muertos, ancestros protectores en esta nueva empresa artística. Vázquez la seguía haciendo rodar varios cocos y distribuyendo entre los presentes porciones de cascarilla como necesario ritual purificador. Los cocos fueron rotos, después de atravesar el edificio, en una salida lateral. Uno se preservó para ser fragmentado en el interior mientras se invocaba a Elegguá para el buen desenvolvimiento de la acción. Se efectuó la subsiguiente consulta, anotada por el artista en una pizarra ubicada al efecto. Este rito marcó el desarrollo de las demás acciones, que fluyeron con sencillez. El público allí reunido pudo ingresar de inmediato en la galería Luis de Soto donde se hallaba la exposición Alambre de púas con obras de René Peña y Roberto Diago referentes a la problemática racial, de este último se exhibe Yo hablo español pero tu no me entiendes. José A. Toirac en Sacrificio alude el tema de la violencia de trasfondo bíblico y Michel Mirabal, trata la imaginería santera en su riqueza sígnica. Simultáneamente, se proyectaba en un televisor ubicado a un costado de la entrada de la galería, el performance del Grupo Enema Suelo Raso que realizaron el 16-17 de diciembre del 2001 en el camino al Santuario de San Lázaro en El Rincón. A cargo de ellos, también marchó la acción final que consistió en una gran limpieza ritual del edificio, Sarayeye, en la que participaron algunos concurrentes. La "casual" cifra de 17 huevos utilizados en la limpieza, previó la sanificación del centro. Luego, fueron arrojados con su contenido negativo por sobre el hombro de los performers en las afueras de la edificación, despertando la curiosidad de los transeúntes. El ritual devino inicio y fin del ciclo. Esta experiencia
demostró las posibilidades de integración discursiva que
las distintas manifestaciones permiten sobre un mismo tema. La necesidad
de potenciar el espacio expositivo en los predios del recinto universitario
tuvo, en estas acciones, un ejemplo que esperemos tengan a bien sistematizar. |
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