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En mi opinión, uno de los temas
más importantes que propone el temario del Congreso, es el que se refiere
al Desarrollo Integral del Hombre. Permítase exponer mi criterio respecto
a este punto, y muy especialmente en relación con uno de sus aspectos
esenciales: el desarrollo de la imaginación creadora, de una inteligencia
que pueda servirse de la imaginación poética, de la imaginación subversiva,
de la imaginación erótica incluso. Entiendo que así como la Revolución
es una empresa colectiva en el plano social, es también un proceso que
debe verificarse en el interior de cada individuo. Para los intelectuales
y artistas, para todos los hombres, considero que esta revolución personal
es enteramente necesaria. Muy especialmente si ese intelectual,
si ese artista, si ese hombre, es consciente de pertenecer a un mundo
que se encuentra en la compleja etapa de la construcción de una nueva
organización social, en la cual la Formación Integral tiene una importancia
de primer orden. En mi opinión, no se trata sólo
de estar con la revolución,
sino de ser revolucionario.
Y ser revolucionario implica, claro está, ser libre, o luchar consecuentemente
por alcanzar la libertad. Así como los pueblos se liberan mediante la
lucha contra sus tiranos interiores: la hipocresía y el miedo. Los prejuicios,
los intereses creados, la falsa autocrítica, las ideas convencionales
y esquemáticas, forman el ejército invisible (a menudo mercenario) contra
el cual las guerrillas interiores habrán de emprender la lucha por la
libertad creadora. Mientras más conciencia, más luz. Mientras más luz,
más conciencia. Para que de hecho se produzca
una revolución en la cultura, debe producirse una revelación,
deben ponerse en evidencia todas las posibilidades del hombre. Tener un
alto sentido de la responsabilidad, no quiere decir practicar la autocensura
sistemáticamente. En el campo de la imaginación, se precisa ser aguerrido
como en el campo de batalla. Los constructores de un mundo nuevo, tanto
en el plano social como en los planos cultural, intelectual, artístico,
se caracterizan por la generosidad, por la entrega al trabajo, pero también
por la osadía, por la capacidad para asumir, con el coraje suficiente,
los riesgos que supone todo acto creador y renovador, toda revolución
verdadera. Y no es éste un problema que interese
solamente al poeta. Yo creo que todo hombre verdadero es un poeta, que
un hombre integral tendría que ser un poeta, porque poesía quiere decir
aferrar más realidad, toda la realidad. Al final y al cabo, un intelectual,
una artista, sólo se diferencia de los otros por ser capaz de vivir con
más intensidad su experiencia del mundo, no solamente en los hechos, sino
también en la imaginación. Estimular la imaginación creadora del pueblo,
crear las condiciones para que todos tengan acceso a la cultura verdadera
(más que a la acumulación de conocimientos, a la interpretación, a la
apreciación de esos conocimientos en profundidad) será la meta de un proceso
revolucionario verdaderamente fecundo en el campo cultural. Un hombre
forjado de ese modo será un hombre integral, es decir, un poeta, aun cuando
su oficio no sea, específicamente, escribir poemas. El arte no es un lujo, es una
necesidad, y así en el terreno social la Revolución se enfrenta a problemas
nuevos y encuentra nuevas vías para resolverlos, en el terreno de la creación
artística y el trabajo intelectual una imaginación realmente creadora
se propondrá también la solución de una problemática siempre renovada,
y encontrará los medios de investigación y expresión que resulten adecuados
para resolverla. El arte es el deseo de lo que
no existe, y a la vez la herramienta para realizar ese deseo. Yo espero que este Congreso no
cumpla sólo con la innegable necesidad del acopio de información y el
intercambio de opiniones que a nosotros, intelectuales y artistas, nos
son tan caros. Espero más aún: que se ponga en discusión hasta qué punto
del triunfo de nuestras guerrillas interiores dependerá que nuestra gestión
sea fecunda y que un hombre integral, un poeta, un hombre nuevo, pueda
convertirse en realidad. Roberto Matta |
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