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Puedo sentir el latido de tu corazón: Muzak
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| Leonardo Casas - Pillows-Cojines -(fragmento) - 2004 |
Entonces teníamos razón. Los años de educación bajo
el régimen militar no fueron en vano después de todo... desarrollaron
nuestra capacidad para adelantarnos al presente. En 1995, en medio de una
sociedad que según nos dijeron “estaba en ruinas”, Freddy Pinto,
Carla López y Leonardo Casas nos conocimos en Entre las diferentes afinidades
que compartíamos, el desprecio hacia la pretensión de la producción cultural circundante y la desconfianza
ante la promesa de un mundo feliz, nos condujo a concentrar nuestras
fuerzas en la creación de un microclima; a cambiar cassettes regrabados
de los Fabulosos Cadillacs y The Smiths con completos extraños que
conocíamos en fiestas new-wave y recitales hard-core; a coleccionar
revistas de música argentinas, o incluso, a peinarnos con gel para
imitar a nuestros ídolos. Antes de sumergirnos en las artes visuales
habíamos transitado en otros estratos de la vida urbana, uno que
la actual generación post-MTV Latino nunca conocerá. Finalmente
habíamos desarrollado con anterioridad a nuestro encuentro la capacidad
de existir “de aquí a la
eternidad” en esa otredad de la que Anton LaVey nos había hablado
y enseñado a golpes, a entender. El concepto de la banda
pop poseía el grado de romanticismo necesario para estimular un
sueño. Fue la fantasía de los anhelos adolescentes la que alimentó
durante más de cinco años el proyecto Muzak, que partió en la emblemática
–y vilipendiada– Galería Enrico Bucci y finalizó gloriosamente en
el año 2000. El arte contemporáneo chileno
–aún antes de la llegada de la Democracia– se había caracterizado
por tomar forma a partir de la lectura de voces foráneas, luego
a crecer por medio de la mirada de las caprichosas páginas de los
libros Taschen y de todo lo que la memoria fuese capaz de retener
en una conversación filosófica de trasnoche, llevada a cabo en un
bar, con algún hijo del exilio político y que “alguna vez miró un
original de Rauschenberg y hasta una obra de Gonzalo Díaz por alguna
embajada europea...”. Este concepto de disociación pura fascinó
de forma extrema a los integrantes de Muzak: era la metáfora perfecta
para nuestra actividad de regrabadores de cassettes regrabados,
de coleccionistas de baratijas de segunda mano o incluso de cultivar
el antiguo arte de fotocopiar la fotocopia del libro de The
Cure o de incluso inventar emblemas alusivos a nuestras bandas
favoritas. Entre la inminente erudición
del concepto de centro-periferia y la alegada vulgaridad del acto
de plagiar veladamente, la cultura artística de Chile creció junta
a nosotros... o a instancias nuestras. La obra artística de Muzak
quedará suspendida en el tiempo y –solamente– en este espacio. Toda cultura que se desarrolla
bajo las promesas del progreso tecnológico y la democracia promueve
que la gente cifre sus esperanzas en las posibilidades que el poder
de turno ofrezca. En un sistema donde las necesidades básicas aún
no son suplidas y las prioridades están por definirse, la producción
de las artes visuales es un tema de última prioridad. A estas alturas
no importa cuan honestas las propuestas puedan ser, ni que tan ingeniosas
las problemáticas estéticas pretendan constituirse, si no existe
un espacio concreto y sustentable, todo se diluye... inexorablemente. El contexto del proyecto
Muzak no era distinto: la cantidad de artistas y propuestas era
creciente y la existencia de espacios que asumieran responsablemente
(i.e. financiamiento, infraestructura, rigor teórico o difusión)
era casi nula. Cuando el proyecto Muzak apareció, al esfuerzo que
representaba la creación de un cuerpo de obra, se instauraba la
cómoda y muy chilenamente acondicionada tarea de la autogestión:
“el artista desarrolla propuestas para espacios alternativos”, aceptando
las condiciones subyacentes de autofinanciamiento y amiguismo político
partidista. Para Muzak estas trabas representaban una forma de enmascarar
algo más serio: se estaba favoreciendo una producción artística
validada por y para una elite... el mismo tipo de elite que históricamente
ha conducido a Latinoamérica al curioso espacio de la nada. El mito
de “la región insondable y abandonada a su suerte” se traducía un
juego lingüístico de perpetuación de poder. Resulta significativo que
durante ese tiempo, el artista Eugenio Dittborn llevara a cabo la
realización del Taller de Puesta en Escena en Por aquel tiempo nos deleitábamos
mirando una y otra vez el film The
Texas Chainsaw Massacre y de la misma forma que Dittborn enseñaba
el concepto de la “puesta en escena”, Leatherface, el protagonista,
nos daba una lección, o dos, acerca del proceso en que el asesino,
en orden a cumplir su objetivo, debe transformar a su víctima en
objeto colgándolos de la nuca en ganchos de carnicería. De aquella época son los
primeros trabajos escultóricos de torsos transparentes de Carla
López o las fotografías “no-perfectas” de cráneos y de tomas descartados.
Muzak se forma a partir de una fascinación lujuriosa hacia la “expresión
pura y directa de las cosas”.
[*]
El método de trabajo partía
desde conversaciones evocando el pasado y haciendo anotaciones,
en el tiempo que seguía a estos diálogos las situaciones lentamente
comenzaban a tomar forma: una imagen se empezaba a repetir en distintos
ámbitos, salía por televisión, tomaba la forma de un objeto en una
vitrina o en una situación callejera. Poco a poco aprendimos la
dinámica de la creación de realidades mediante el ejercicio de la
voluntad. El brillo del Centro Comercial
Copacabana, la magia de la música pop, la ensoñación de una vida
plástica y moralmente represiva contra la intensificación de nuestros
egos a través la búsqueda del placer total.
Nuestras exposiciones habían
sido planeadas bajo conceptos visuales y temáticos relacionados
con lo que llamábamos “mall culture”: el portal para la revelación
del milagro por una cultura en descomposición. 1998 fue el año de Cruel Summer, el tercer álbum de la banda
sueca Ace Of Base, se conmemoró el vigésimo aniversario de Halloween de John Carpenter y la exposición
MUZAK fue incluida en el calendario de En 1999, Muzak descubrió
nuevos acercamientos estéticos: la nueva religión es Al final de ese año Carla López, Freddy Pinto y Leonardo Casas participaron en un ciclo de instalaciones denominado Estar, desarrollado en el Museo Tajamares; el nombre de la obra fue “Volando en Llamas”y consistió en una recopilación con objetos personales de cada uno y nuestros atuendos de artistas carbonizados a la entrada del Museo, mientras el sonido Ace Of Base inundaba el ambiente. Como todo sueño intenso y memorable Muzak pasó a otro estado.
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