![]() |
![]() |
Aportes para el análisis de las condiciones del campo del arte
|
||||||||
| Centro Cultural Palacio de La Moneda - vista interior |
En la esfera del arte
es posible analizar variados fenómenos, desde un punto de vista
sociológico resulta de gran interés conocer las condiciones de
la práctica artística. Para contribuir a esta discusión, que sin
duda es profunda, sobrepasa lo aquí expuesto e implica una serie
de “agentes envueltos en la producción de la obra”
[1]
que se sitúan en posiciones relativas de poder en
el campo del arte; se propone como punto de entrada al análisis
de estas condiciones el escenario sociopolítico y material o la
política cultural y de financiamiento estatal de la cultura en
Chile. Este escenario no carece,
en modo alguno, de las afecciones de los procesos sociales de
construcción de sentido y relaciones de mercadeo, es manifestación
dialéctica de la interacción entre éstos y otros elementos a los
cuales contribuye para su actual y futura configuración en una
sociedad compleja y especializada en que existen divisiones y
también interconexiones. En el arte se reconocen procesos propios
en conexión con lógicas comunes impuestas por las dinámicas del
discurso hegemónico, sociopolítico y económico y en cierta medida,
también, por las alocuciones subversivas. Las prácticas de la institucionalidad
coligadas a las lógicas económicas heredadas y apropiadas en el
contexto de lo que se ha llamado la sociedad de la información
–flujos permanentes de información– y su nunca antes vista capacidad
de reproductibilidad técnica tiene consecuencias para el campo
del arte y, por supuesto, para la construcción de la política
cultural. La capacidad de reproductibilidad técnica, “al multiplicar
las reproducciones pone su presencia masiva en el lugar de una
presencia irrepetible”
[2]
a disposición de las masas; este escenario y su experiencia
cotidiana han permitido el desarrollo de la industria cultural,
especialmente el desarrollo de la industria de distribución de
bienes de consumo cultural. Por otra parte, la institucionalidad
democrática desde los noventa intenta resignificar y redefinir la
relación entre el campo del arte y el Estado. El Estado pasa de
enemigo y represor a conformarse en un espacio legítimo para la
puesta en escena de las demandas propias y exclusivas de la esfera
del arte, así como para la creación y el financiamiento. Por extensión,
la crítica al Estado y su sentido político deja de ser referente
obligado para los nuevos y nuevas creadoras, intencionando éstos
otros elementos para la configuración de su identidad en función
de nuevas dimensiones entre las que se encuentran la importancia
de la difusión y la participación en destacados circuitos nacionales
e internacionales, cuestiones típicas de la mundialización y del
despliegue masivo e inmediato que implican las nuevas tecnologías
de información y que se encuentran plasmadas en los principios
del documento “Definiciones de Política Cultural 2005-2010 Chile Quiere Más Cultura”. Política pública y financiamiento “Poder simbólico y valoración
cultural son los modos a través de los cuales las instituciones,
además de coordinar políticas de intervención social, fijan reglas
de validez y pertenencia; producen y reproducen trazados hegemónicos,
forjan consensos y regulan los pactos de integración al consenso
en torno a ciertas definiciones del arte o de la cultura; condiciona
la recepción de las prácticas sociales y culturales según determinadas
equivalencias simbólicas entre valor, significación y legitimidad”
[3]
, es la definición que utiliza Nelly Richard para hablar
de las instituciones en relación al arte y la cultura, mostrando
el poder que se configura cuando estas reglas, su operacionalización
y ejecución, se vuelven sistemáticas, continuas y gozan de un
marco político, es decir cuando toman la expresión de política
pública. La institucionalidad que
acoge el desafío necesario del desarrollo de una política pública
en esta materia es el Consejo Nacional de La política cultural se
basa en el desarrollo de cinco líneas estratégicas
[5]
: creación artística y cultural; la producción artística
y cultural y las industrias culturales; la participación en la
cultura (difusión, acceso y creación de audiencias); el patrimonio
cultural (identidad y diversidad cultural de Chile); y la institucionalidad
cultural, las que se encuentran fuertemente impregnadas de los
conceptos de audiencias,
consumo, producción, difusión o circulación, libertad,
circuitos nacionales e internacionales,
impacto, derechos de autor, grupos vulnerables, etc. El aspecto del consumo
y la promoción de la industria cultural se reflejan en algunas
de sus acciones, desplazando hacia la marginalidad conceptual
y social el derecho a la cultura de las y los ciudadanos. Las
obras de creación artística se han conformado en un bien de consumo
cuyo centro responde a la ampliación de la demanda y la distinción
en relación a los consumidores o públicos. Y, como sostiene Bourdieu,
[6]
los públicos del arte se encuentran configurados por
gustos y modos de uso propios de sus habitus,
formas de visión y división del mundo que estructuran la percepción
y disponen las prácticas sociales, posibilitando un análisis que
reconoce grupos en función de su posición en el espacio social
a los que responde los medios de distribución de las obras, la
experiencia estética y su “mercado”. La política pública en
materia cultural ha llenado de júbilo al pueblo durante Así también, el ejercicio
infructuoso de radicar la institucionalidad cultural en la ciudad
de Valparaíso para propiciar la descentralización, se basa en
distinciones y usos en relación a la constitución de públicos,
nombrando y significando territorios en cuanto a producción y
consumo cultural. Ejercicio infructuoso porque Chile ya ha tenido
otros ensayos extenuantes y costosos de traslado de poder y porque surge la pregunta ¿restando a Santiago, Concepción
y Valparaíso queda alguna otra posibilidad de polo de desarrollo
cultural y de las artes?
[7]
En este mismo sentido,
es innegable que el circuito público-institucional de tránsito
de obras visuales se instala principalmente en el centro urbano
de Santiago, que proponemos compuesto por al menos tres modalidades
de circulación: galerías, centros culturales y museos. Aún cuando
estos espacios dependen de diversas instituciones y no necesariamente
del Consejo Nacional de La difusión y la creación
de audiencias se basa en la existencia de una experiencia de goce
frente a la obra de arte, que parece tener menos relación con
las obras –con ello no se hace un juicio sobre el valor estético
sino la descripción de un hecho social– y más correspondencia
con una experiencia social de consumo de bienes culturales y a
determinados lenguajes propios de público/clientes/grupo/habitus, lógica de la distinción que la política cultural hace suya. Por otra parte, lo que
se refiere a la línea de impulso a la producción artística resulta
sin lugar a dudas un recurso estatal muy apetecido por los creadores;
existen múltiples Fondos (de Es por ello que el desarrollo
y proceso de gestación de la institucionalidad y la política cultural
de los últimos gobiernos han ayudado a generar los elementos y
agentes involucrados en la producción de la obra, por ejemplo,
los recursos simbólicos y el establecimiento de circuitos. Estos
fondos tienen efectos sobre los aspectos simbólicos y los circuitos
en la medida que constituyen la más amplia cobertura estatal en
esta materia, eligiendo proyectos-sujetos para su promoción, constituyéndose
en otro agente del campo de la práctica artística al dosificar
el recurso del capital social y económico. Sin duda que ha afectado
a la creación de los creadores, a los espacios de circulación
en donde se insertan y a los públicos en el modo de uso y los
gustos. Ahora bien, cuánto de interferencia en la esfera del arte,
cuánto de conservadurismo y reacción frente a las posibilidades
de innovación, cuánto de renovación meritoria de la escena cultural
ha aportado esta política y sus líneas, en especial los fondos,
puede ser parte de otro análisis que indague en aspectos como
la posible conformación de un grupo de burócratas culturales sin
contrato y el aporte real de la industria privada en el financiamiento
en un sistema de libre mercado. * La autora es Licenciada
en Sociología de
[1]
Bourdieu. Pierre. “¿Y quién creó a los creadores?”
En Sociología y Cultura. Consejo Nacional de
[2]
Benjamín, Walter. La
obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.
Pág. 22.
[3]
Richard, Nelly.
Extremo Centro. 7 espacios de arte contemporáneo. Área de
Artes Visuales. División de Cultura Ministerio de Educación.
Chile. 2002. Op. Cit. Pág. 1.
[4]
Rescata patrimonio cultural visual y audiovisual.
Actualmente se desarrolla una exposición de Nicanor Parra, que
no estuvo exenta de la polémica, la censura y fue coincidente
con el momento de
despido de la directora del centro. A raíz de una obra en la
que presenta a todos los Presidentes de
[5]
Definiciones de Política Cultural 2005-2010 “Chile Quiere
Más Cultura”. Documento en línea: www.consejodelacultura.cl .
[6]
Cf. García Canclini, Néstor. “Introducción: La sociología
de la cultura de Pierre Bourdieu”. En
Sociología y Cultura. Consejo Nacional de [7] Mellado, Justo Pastor. Una política cultural de doble propósito: Desvulnerabilizar a las poblaciones mediante su incorporación al Consumo. Agosto 2005. Documento en línea: http://www.justopastormellado.cl. |
|||||||||
![]() |
![]() |
|||||||||
![]() |
![]() |
|||||||||
![]() |
![]() |
|||||||||
![]() |
||||||||||