A partir de este número
ponemos a disposición de nuestros asiduos lectores materiales
que rezan en nuestros archivos que
forman parte de la historia -aun inédita- de nuestro acervo,
donde artistas, colaboradores, amigos y las exposiciones realizadas
durante casi cinco décadas de trabajo, han jugado un papel determinante
en la conformación del patrimonio institucional.
Un
Museo de Arte Popular para Cuba
En septiembre de 1960, y a pocos meses de
la fundación de la Casa de las Américas, una carta
firmada por Haydee Santamaría
circulaba por todo el continente.
“De
nuestra consideración:
Estamos solicitando su colaboración para
una obra que hemos emprendido recientemente, la creación de un
Museo de Arte Popular en la Casa de las Américas. Es una
necesidad para Cuba ya que no tenemos ningún Museo en que nuestro
pueblo pueda apreciar esa manifestación artística a través de
la cual se expresa tan bien nuestra América…*1
Con esta misiva, la idea de una colección de alcance continental
entraba en consonancia con los objetivos fundacionales
de la Casa de las Américas. Como antecedente,
el 4 de julio del propio año 1959 fue inaugurada, en el espacio que hoy ocupa la Sala Manuel Galich,
la primera de las exposiciones realizadas en la institución bajo
el título: Artesanía Americana,
con exponentes del vestuario, la cerámica y la orfebrería
de la colección de Isabel Mestre.
Para diciembre del propio
año 59 se celebra la Primera Semana de
Arte Mexicano en Cuba, organizada
por la Casa de las Américas y la Secretaria de Relaciones
Culturales de México. Dentro del programa de actividades se inauguró
la exposición: Pintura y
grabado contemporáneo mexicano, donde ya se registran las
primeras donaciones realizadas por los artistas mexicanos a nuestra
institución. Obras de Leopoldo Méndez, Diego Rivera, Francisco
Dosamantes, Rafael Coronel, David Alfaro Siqueiros, José Chávez
Morado, Vicente Rojo, Pablo O′ Higgins, Juan Soriano y Olga
Costa por solo citar algunos de los artistas que conformaron esta
primera y representativa donación de México.
La
cultura -decía Haydee Santamaría- no está solo en las cosas maravillosas que la integran, está también
en el alma humana, que es la mayor maravilla. Hoy conoceremos
a México, en esta Casa, por su bella música, por su arte. Después
lo conoceremos por sus hombres, que aquí vendrán.
El
aislamiento al que había sido confinada la mayor de las Antillas,
no impedía la posibilidad de soñar. Soñar, ha sido quizás, una
de las estrategias que la
Casa de las Américas ha desarrollado durante
todos estos años de trabajo a favor del arte y la cultura de nuestros
países. Por ello, desde muy temprana fecha, vislumbró el nacimiento
de un espacio, en el que la América Nuestra;
la del Río Bravo hasta la
Patagonia, estuviera presente con las creaciones
más auténticas del ingenio popular: Un Museo de Arte Popular,
que diera a conocer lo más valioso de las
producciones artísticas y culturales
de nuestros semejantes de tierra firme.
Y de esta forma tan especial,
ya fuera a través de los amigos que acudían al Premio Literario,
a quienes se les solicitaba el envío de una pieza de arte popular
de sus países originarios, o de los recomendados por los ya aliados
y tempranamente incondicionales, o por la petición expresa de Haydee a diferentes
personalidades de comprar piezas muy puntuales del país visitado,
se inicia la realización de este sueño. En el año 1960 se registra
la entrada de vasijas cerámicas de Chillan, Quinchamalí,
de Pomaire y una crin de Panimavida, adquiridas
en Chile.
Sumando voluntades y ganando adeptos,
la Casa de las Américas -al tiempo que estructuraba su fisonomía actual-
iba conformando con cada entrega, una colección que ha crecido,
gracias a la generosidad y el altruismo de sus donantes, reagrupados
por un denominador común: sentirse partícipes de un proyecto legitimador,
en tanto abarcador, genuino e inclusivo. Entre las importantes
donaciones vale mencionar: la realizada por el antropólogo venezolano
Edgardo González Niño, integrada por un conjunto representativo
de las principales piezas indigenistas de las tribus del territorio
Amazonas, provenientes de su colección personal;
la de la peruana Alicia Bustamante quien dejara su voluntad
expresa en testamento, de enviar a la Casa de las Américas un centenar
de piezas de arte popular de su patrimonio personal. Asimismo las iniciativas oficiales, como las realizadas por el presidente
de la
Unidad Popular Salvador Allende en febrero de
1971, y la del ex presidente de México Luís Echevarria en 1974,
que incluía el Gran Árbol de la Vida, devenido en símbolo de
la institución. Hoy gran parte de estas obras se exhiben de manera
permanente en la
Galería Mariano, la cual
lleva el nombre del gran pintor cubano, quien dedicó parte de
su existencia al fomento de esta colección.
Pero de forma espontánea y
paralela al Museo de Arte Popular, iba surgiendo otra colección, que fija su nacimiento desde la propia
creación de la Casa de las Américas. Colección
que gracias a la magnanimidad de muchos
artistas e instituciones, que
se unieron a este proyecto a través de las donaciones de
pinturas, esculturas, dibujos, grabados, fotografías, libros objeto,
e instalaciones fueron creando así, los cimientos de lo
que es hoy la Colección Arte de Nuestra América, la cual suma mas de
16.000 obras, representadas
en ella la totalidad de las expresiones de las artes
visuales.