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II Este escultor
ha desarrollado una creación diversa, con cierta predilección por
la estilística kitsch, en
la que considera dinámicas generacionales en ebullición que pese a
su desarrollo parecieran verse opacadas por las normas, los mitos
y las apariencias en curso. Desde allí surge una nueva sensibilidad
de género que será clave para la creación de “Exijo
ser un héroe” (2004),
[12]
trabajo que forma
parte de un original conjunto en torno a la crisis de la masculinidad y que está basado en la metopa nº 30 de
la serie del Partenón Lucha
entre Lapitas y Centauros atribuida al célebre escultor Fidias
y su grupo de discípulos. En 1958, el escritor británico Robert Graves
nos sitúa en el contexto de esta particular historia: “Pirítoo se casó
con Hipodamía, o Deidamía, hija de Butes - o, según dicen algunos,
de Adrasto - e invitó a todos los olímpicos a su boda, excepto a Ares
y Éride, pues recordaba el daño que Éride había causado en el casamiento
de Peleo y Tetis. Como llegaron al Palacio de Pirítoo más huéspedes
de los que podía contener, sus primos los Centauros, juntamente con
Néstor, Ceneo y otros príncipes tesalios, se sentaron a las mesas
en una vasta cueva cercana sombreada por árboles. Pero los Centauros
no estaban acostumbrados a beber vino y cuando olieron su fragancia
rechazaron la leche agria que les habían puesto delante y corrieron
a llenar sus cuerpos de plata con vino sacado de los odres. En su
ignorancia bebieron el licor fuerte sin mezclarlo con agua y se emborracharon
de tal modo que cuando la novia fue con su acompañamiento a la cueva
para saludarles, Eurito, o Euritión, se levantó de un salto de su
asiento, derribó la mesa y la sacó de la cueva arrastrándola por el
cabello. Inmediatamente los otros Centauros siguieron su ejemplo vergonzoso
y montaron lascivamente a las mujeres y los muchachos más cercanos.
Pirítoo y su paraninfo Teseo corrieron a salvar a Hipodamía, le cortaron
a Euritión las orejas y la nariz y, con la ayuda de los lapitas, lo
arrojaron de la caverna. La lucha que siguió, durante la cual fue
muerto el lapita Ceneo, duró hasta el anochecer; y así comenzó la
larga enemistad entre los Centauros y sus vecinos los lapitas, maquinada
por Ares y Éride, en venganza
por el desaire que se les había hecho. En esa ocasión los Centauros
sufrieron un serio revés…”.
[13]
Intentaremos determinar
las características esenciales de esta obra de Kohen. En primer lugar,
habría que tener presente la recreación de una famosa escena de la
historia del arte a través de la sustitución de sus elementos figurativos
por representaciones de juguetes de la infancia: las populares piezas
Play Mobil, en el caso del centauro; un guerrero G.I. Joe, en el caso
del lapita. Esta es una derivación escultórica de las pinturas de
Pablo Ferrer, vía de solución inicial para la consecución de un objetivo
reflexivo interdisciplinar que deja a la cita en su justo cometido. La referencia
a juguetes infantiles o animaciones emitidas durante los años 80 es
una cualidad muy común en artistas chilenos con producción de obra
desde la segunda mitad de década de los noventa en adelante, período
en el que se constituyen como estudiantes de arte o artistas. Mi impresión
es que los ochenta constituyeron un territorio simbólico muy profuso,
donde los referentes visuales más inmediatos eran sacados de los programas
y propaganda de la mayor entretención pública, la TV. Parte considerable
de nuestra historia se forjó televisivamente hablando en medio de la
dictadura y de todo lo que ésta conlleva: represión, toque de queda,
miedo, censura, alienación, etc. Superhéroes, héroes o heroínas salidas
de la televisión alcanzaron niveles de identificación en la población
menor más allá de la violencia física y psicológica inmersa en los
llamados monitos, que podrían haber sido vetados
o controlados por los propios padres debido a la asimilación con el
contexto político. Así todo, la mayoría de las veces, los éxitos televisivos
infantiles tuvieron su correspondencia en el comercio en base a juguetes
nacionales o importados y las figuritas láminas de los populares álbumes,
que se transformaron en la mayor consagración literaria de los mitos
televisivos. Los escolares de todo el país podían adquirirlas e intercambiarlas
y conocer muchísimo más sobre los hechos
de la vida de sus estrellas. Creo, pues, que
en una sociedad cruzada por la violencia social, la desinformación
y la censura, el medio televisivo brindó, como quizás nunca antes
y después,
[14]
una ventana ‘educativa’
inconsciente y aquello inevitablemente se transformó en nostalgia
cuando en los 90 la espectacularidad se expandió profusamente hacia
la población. Sin embargo, este sentimiento viene desagregado de cualquier
efecto de dramatismo; por el contrario, muchas veces se muestra encapsulado
en un humor corrosivo respecto a las problemáticas que trae el desarrollo
global o el todavía sorprendente y confuso periodo de la transición
democrática. En las circunstancias
de hoy en que te ofrecen prácticamente “de todo” la dirección emocional
se ha desperfilado y muchos vuelven sus ojos a los referentes del
pasado. Un simple montaje de una tela blanca que volaba como fantasma
en el Canal UCV ha ocasionado tanto desgaste de sensibilidad que toda
la pirotecnia de las animaciones actuales, sacadas de una red más
de 100 canales televisivos y cuando el ‘producto’ se reproduce en
tan diversas posibilidades de expansión. Puedes encontrar cien maneras
distintas de comprar a las Chicas Súper Poderosas, incluso a través
la pintura nacional. El mercado ha aprovechado la oportunidad de darle
cauce a esa nostalgia revival,
con tanto éxito como para que ésta pueda volverse desecho al poco
tiempo de ser adquirida en objeto. Siempre habrá algo que pueda reemplazarlo.
En fin, creo la
obra de Kohen recoge ese segundo elemento fundamental, una liberación
de imágenes del pasado que a los ojos de hoy parecieran sencillas
y precarias ante la desorbitada invasión neoconsumista y el avance
de la tecnología mediática.
“He aquí que cantan
a Himeneo y de fuego los atrios humean, O podemos recordar
algo de la ira de los centauros en este diálogo entre Virgilio y Dante
en el “Infierno”, canto duodécimo
[17]
: “… fija tus miradas
en el valle; pues ya estamos cerca del río de sangre, en el cual hierve
todo el que por medio de la violencia ha hecho daño a los demás. ¡Oh ciega pasión!
Oh ira desatentada, que nos aguijonea de tal modo en nuestra corta
vida, y así nos sumerge en sangre hirviente por toda una eternidad!
Vi un ancho foso en forma circular, como la montaña que rodea toda
la llanura, según me había dicho mi Guía, y entre el pie de la roca
y este foso corrían en fila muchos centauros armados de saetas, del
mismo modo que solían ir a cazar por el mundo. Al vernos descender,
se detuvieron, y tres de ellos se separaron de la banda, preparando
sus arcos y escogiendo antes
sus flechas. Uno de ellos gritó desde lejos: - ¡Qué tormento
os está reservado a vosotros los que bajáis por esa cuesta? Decidlo
desde donde estáis, porque si no disparo mi arco. Mi maestro respondió:
- Contestaremos
a Quirón cuando estemos cerca. Tus deseos siempre fueron por desgracia
muy impetuosos. Después me tocó
y me dijo: - Este es Neo
[Neso], el que murió por la hermosa Deyanira, y vengó por si mismo
su muerte; el de en medio, que inclina la cabeza sobre el pecho, es
el gran Quirón, que educó a Aquiles; el otro es el irascible Foló.
Alrededor del foso van a millares, atravesando con sus flechas a toda
alma que sale de la sangre más de lo que le permiten sus culpas. Nos fuimos aproximando
a aquellos ágiles monstruos: Quirón cogió una flecha, y con el regatón
apartó las barbas hacia detrás de sus quijadas. Cuando se descubrió
la enorme boca dijo a sus compañeros: - ¿Habéis observado
que el de detrás mueve cuanto toca? Los pies de los muertos no suelen
hacer eso. Y mi buen maestro,
que estaba ya junto a él, y le llegaba el pecho, donde las dos naturalezas
se unen,
[18]
repuso: - Está en efecto
vivo, y yo sólo debo enseñarle el sombrío valle... Es muy comprensible
que la gran mayoría de los poetas y artistas que han retomado el mito
de los centauros se hayan dejado seducir por el componente fragoso
de aquel, otra manera de acercarse subjetivamente a las pasiones del
mal, como también al exotismo, la libertad, el amor y la muerte. De
todos modos, en el entendido de que en realidad eran sólo una comunidad
que vivía en los altos bosques, son muy pocos los que han ahondado
sobre la consecuencia hiperbólica de sus costumbres, la forma bestial
caballo-hombre que los ha perpetuado. Una de las síntesis literarias
más interesantes que encontramos en la Red sobre estos seres la realiza
el grupo astrológico Alba de Hermes, quien tiene una página web con
abundante información mitológica de varias culturas: “Los Centauros,
pueblo muy culto original de las montañas del Peloponeso, era un pueblo
pelasgo (habitantes originales de lo que después se llamo Grecia)
que daba culto a la Gran Diosa Madre. Recibían ese nombre por ser
famosos jinetes y criadores de caballos, que luchaban en las batallas
formando grupos de cien o centurias de jinetes, tenían por emblema
el caballo con torso humano, que es la imagen que nos ha llegado a
través de los grabados mitológicos. No hay de olvidar que este emblema
no es mas que eso mismo: un emblema o pictografía, como pueda serlo
cualquier emblema publicitario o anagrama político o comercial, y
no un animal fabuloso, ya que la mitología es fundamentalmente historia
político-religiosa, contada gráficamente mediante el lenguaje de la
poesía y, por supuesto, contada desde el punto de vista de los vencedores,
como siempre ha sido en toda la historia, ya que los vencidos, como
por ejemplo los mismos centauros, o algunos reyes pelasgos como Prometeo,
Sísifo o Tántalo nunca tuvieron la oportunidad de contar sus versiones.
El Rey mas famoso de este pueblo fue Quirón, su fama se debe a que
fue preceptor de varios príncipes griegos de estirpe aquea y enseñaba
entre otras cosas Astrología y Matemáticas”.
[19]
El filósofo e
historiador Will Durant realiza un comentario semejante: “Los centauros
moraban en las montañas en torno a Pelión, y el arte griego los representaba
medio caballos y medio hombres, posiblemente para simbolizar su indómita
naturaleza selvática o bien porque siendo excelentes jinetes, cuando
iban montados, parecían formar con el caballo un solo animal”.
[20]
Sea cual sea la
posición que se tenga, es preciso consignar que las centauresas, las
femeninas del centauro, no son parte de la leyenda
pues sólo nacen a partir de la imaginación de Zeuxis (464- Will Durant llega
aún más lejos en el análisis de una escena escultórica del Templo
de Zeus en Olimpia, construcción un poco anterior al Partenón, en
la cual también se dedican escenas de la lucha entre lapitas y centauros
en su frontón occidental: “La figura de
la novia es de gran belleza, aunque no sobre lo frágil y delgado sino
de tan espléndida opulencia que justifica plenamente la guerra. Un
centauro barbudo rodéale con su brazo la cintura y pone la otra mano
sobre su pecho; ella pese a verse en trance de ser raptada de sus
nupcias, da muestra de notable serenidad como si el artista hubiese
leído a Lessing o Winckelmann o como si ella, cosa nada rara en las
mujeres, no fuese insensible a la lisonja del deseo”.
[22]
Pues bien, la
línea argumental de Exijo ser
un héroe cuestiona la función histórica del hombre tanto como
proveedor, corporalidad del sacrificio, macho-reproductor-semental
y constructor intelectual de la cultura. ¿Por qué? Puesto que se constituye
como sujeto a través de una caparazón simbólica que contradice su
verdadera naturaleza. Aquello provoca discriminaciones, insatisfacciones,
tensiones, violencia, y la evidente imposibilidad de relacionarse
con el sexo opuesto más allá de ese constructo degenerativo. La cultura patriarcal, de eso se trata. El gran error de los últimos milenios, en el que los griegos tuvieron tanto que decir, sobretodo en su época más dorada, la de sus grandes filósofos, artistas y oradores (y la de sus grandes esclavas). Ahí tendríamos un argumento para reinterpretar la rebelión de los centauros en base a la falta de un complemento (más bien, elemento) sexual diferente como sí lo tenían los lapitas. Esa posesión de la mujer por parte de los hombres es lo que finalmente origina la crisis. Pero lo importante es advertir las carencias de las mujeres, lo que simbólicamente significa para ellas el rapto o el escape hacia los montes y bosques del placer. Y Kohen elegirá una escena en la que un centauro está aniquilando a un lapita, lo que es una toma de posición bastante clara del autor. José Miguel Marty y Pablo Serra Ahora ponemos
nuestra atención en dos artistas que practican una traducción de los
medios virtuales hacia la materialidad pictórica. Son compañeros de
generación, pero partícipes de técnicas muy disímiles. Mientras Serra
se emparienta con el fotorrealismo, en abierta confrontación de las
imposibilidades de la pintura ante la fotografía, Marty se encandila
por el uso del color y sus opciones de combinatoria y lógica receptiva,
en paralelo a otras obras de calculada precisión situadas en un experimentalismo
que no deja de reconocer influencias tan dispares como los libros
del egiptólogo André Pochan o la blitzkrieg
(“guerra relámpago”), estrategia militar utilizada por el ejército
nazi. Respecto a José
Miguel Marty consideraremos en esta oportunidad su obra Sin Título expuesta en la muestra “Hurgatorio” (Sala Juan Egenau,
2005) y que proviene de la maquinaria gestual de los videogames. Este
trabajo se compone por una serie de 12 imágenes femeninas extraídas
del Karatechamp, las que han sido construidas
con trozos cuadrados de huincha aisladora de colores que se adhieren
a una muralla. Cada recorte de este brilloso material emula el tosco
píxel del clásico videojuego. Las muñequitas japonesas que Marty presenta
no son una simple revaloración de una imagen desgastada, más bien
imprimen la posibilidad de que ésta se mantenga viva, despreocupada
de desapariciones o fatalidades, pues aquello lo otorga el tiempo
y el espacio en que se sitúan. Significa que la novedad de la imagen
va a depender de muchas constantes, tanto de contexto como de su cambio
de contexto, y lo cierto es que la orgánica virtual está tan presente
en nuestras vidas, en tan constante evolución, que sería casi improcedente
pasar por alto su fuente de lenguaje y denso influjo para el arte
actual. Esta obra es un notorio ejemplo de reciclaje a través de estos
mecanismos, dar nuevo sentido sacando de pantalla, desviando anteriores
usos y propuestas. Con sus muñequitas
Marty focaliza poéticamente una reflexión sobre los estereotipos que
parecen superar la propia capacidad de evolución del sistema social.
Ahí están la enfermera, la carabinera, la gimnasta, la colegiala,
entre otras posibilidades nombradas frecuentemente como fantasías
sexuales. Pero si miramos la obra hacia el costado superior izquierdo
nos encontramos con una notoriedad aún mayor: una muñequita blanca
y desnuda que está menstruando y probablemente destiña del conjunto,
destiña en su evidencia,
aún cuando represente el prototipo unificador del grupo, ser mujer.
Todas las imágenes cumplen con un patrón comercial, verlas en un videojuego
infantil no sería demasiado extraño, pero aquella última no. El color
rojo presente en el vestuario, el calzado o el maquillaje, se manifiesta
en ésta de forma especial remarcando el fluido y los senos, aún cuando
las formas adquieran una graciosa ingenuidad. El píxel se vuelve explícito.
Nada más contradictorio a sus niveles primarios de evolución, entregado
a un marco de estructuración clásica y a cierto criterio formal que
imposibilitaba imprimir demasiado detallismo a la imagen, aún cuando
lograse un considerable efecto visual para la época. Marty nos recuerda
la búsqueda de la idealización en la historia del arte como nutriente
simbólica de la sentimentalidad: “Entre nuestros contemporáneos, ya sean
elementos masculinos como femeninos, la idealización del sentimiento
madre de las artes (amor) es la causa principal de fracasos y frustraciones
entre parejas, alejándose del fin principal de dicho sentimiento,
el de la procreación y mantención de la especie. Utilizando personajes
extraídos de medios virtuales, viéndose estos amplificados, dejando
en evidencia un carácter estructural en dichas imágenes, esquematizaría
la esencia de una supuesta elección genética del ser amado,
siempre filtrada por un fin practico de supervivencia y sana mantención
de la futura prole”. Comentarios para una discusión mucho más extensa. Pero
pareciera que la actividad artística deviene en el trámite de un
cubo Rubik, solucionándose y desolucionándose todo el tiempo. Si las
constantes en la historia del arte son indiscutibles, las posibilidades
de las imágenes son tan poderosas e irreductibles que esas imágenes,
pues involucran particiones creativas muy variadas. Apoyado en la
ampliación imperecedera de sus fronteras gracias al desarrollo de
la ciencia, la informática, la biotecnología y la genética, la actividad
artística nos sorprende día a día con sus nuevas propuestas.
La superposición
de una zona pixelada sobre una imagen original se utiliza frecuentemente
en la televisión y otros medios para censurar contenido sexual u ofensas
a la moral, o como protección
de la identidad pública, comúnmente en las notas periodísticas sobre
crímenes y delitos que involucran víctimas, testigos o menores de
edad. En esta oportunidad la imagen referente se obtiene de la serie
televisiva Batman y Robin, de enorme popularidad en
los años sesenta, pero que en Chile tuvo un significativo eco durante
los ochenta. La popular imagen
que ha escogido Serra –la de ambos superhéroes escalando un edificio
con ayuda de una soga– no puede parecernos casual, pues ha sido objeto
de burlas y especulaciones sexuales de variado tipo, algunas de ellas
muy recientes.
[24]
La archiconocida
situación hace que el cometido censurador del píxel se vuelva absolutamente
improductivo. Si en el caso de Serra la pixelación evidencia escondiendo
(ocultando el fondo, no así el trasfondo), en la anterior obra de
Marty llegaba hacia lo explícito con la luminaria de su muñequita
menstruadora. Los grados cualitativos
de esta pintura están dados en la amplia consideración de la gama
cromática (que simula el movimiento de pixelación de la censura) y
el expresivo contrapunto entre cálidos y fríos. Los oscuros zigzagueos
comunican diagonales precisas, como las piernas, las espaldas y la
altura de las cabezas de ambos superhéroes, en una articulación geométrica
de gran vitalidad. Nos parece que los tres cuadrados que construyen
la máscara de Robin son de una especial fuerza focalizadora y emplazan
directamente al observador, al frustrado voyeurista. Tampoco nos parece
lejana la idea de que aquí se esté haciendo un guiño a la relación
maestro-discípulo, la del osado protector y el novato aprendiz en
el taller de arte. Pixelar la imagen
al punto del encubrimiento es la paradoja por la que atraviesa la
censura, puesto que lo que intenta velar tarde o temprano conduce
a la curiosidad. Esta imagen del censurador nos permite reflexionar
acerca de las órdenes iconoclastas y su acopio en el lavado de conciencia,
y de cómo los medios tecnológicos y la actividad artística contribuyen
a hacer de aquello una posibilidad de autoflagelación. Pero en la
imagen del censurador está también incorporada la disyuntiva entre
la vida pública y la vida privada, de cómo vivimos enmascarando las
cosas que hacemos habitualmente para congratular a una ley o sociedad
que las condena. Me pregunto si Serra también habrá querido reflejar
la preponderancia del modelo ante lo pictórico, asunto de la propia
frustración de la obra y que ha motivado sus anteriores aventuras
con el realismo. Finalmente, no puedo soslayar la valorización de modelos alejados de la academia que para estos dos artistas tiene relación con la falta de pretensionismo de sus trabajos, algo que comparten frente al centelleante escenario de la plástica de hoy. No tuvieron que denominarse new chilean artists, ni utilizar la emergencia de los emergentes, ni ornamentar las pasteleras columnas del suplemento Artes y Letras. Bastaba con el humor, el renovado talento y la sana independencia para obtener un merecido boleto hacia el irresoluto paisaje de nuestro arte.
[12]
Para un mejor entendimiento de este trabajo existe
un primer análisis desarrollado por la socióloga Mónica Salinero
Rates publicado en el sitio web del artista: www.exijoserunheroe.blogspot.com.
[13]
Robert Graves, Los
Mitos Griegos, Vol. 1, Ed. Alianza, México, 1994, p. 450 y
ss.
[14]
Me refiero a la televisión abierta que en ese entonces
se reducía a 4 o 5 canales. La televisión por cable llega a Chile
en
[15]
En el prólogo de la reedición de 1960 de “Los Mitos
Griegos”, basado en su investigación “What food the Centaurs Ate”
(traducida como “
[16]
Traducción de Ana Pérez Vega disponible en
[17]
Dante Alighieri,
[18]
Más allá de la maravillosa imagen poética de Dante
y de su traductor, en consideración a la forma de los centauros
he querido destacar algunos comentarios del historiador Otto Seeman:
“Los Centauros representan un importante papel en el arte. Desde tiempos
de Píndaro parece haberse difundido la idea de imaginarlos como
seres híbridos, mitad hombres y mitad caballos, idea que las artes
plásticas hicieron suya con presteza. Sin embargo, la imagen tradicional
del centauro no surgió de un golpe: el arte arcaico los representaba
fundiendo la figura de un hombre con el cuerpo y cuartos traseros
de un caballo. El arte clásico a partir de Fidias substituyó la
forma antigua por otra más bella, al hacer que del pecho de un
cuerpo entero de caballo surgiera un tronco humano, desde el ombligo,
de modo que el centauro completo tenía cuatro pies de caballo
y dos brazos de hombre con sus manos. Esta forma es conocida por
una infinidad de obras de arte conservadas (…) Refiriéndonos concretamente
a la guerra entre los Lapitas y los Centauros, ésta fue generalmente
concebida como una lucha de los más civilizados helenos contra
los restos de la población de la época pelásgica, gentes salvajes
y rudas, muy próximas todavía a la horda (…) Sabemos, empero,
que éstos [los Centauros]
podían sentarse a la mesa junto con sus anfitriones, lo cual supone
que, en un principio, se les atribuía una figura completamente
humana”. Ver en: O. Seeman, Mitología
Clásica Ilustrada (Mythologie der Griechen un Römer), Ed.
Vergara, Barcelona, España, 1958, p. 339 y ss.
[20]
Will Durant, La
vida en Grecia, Tomo I, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, Argentina,
1945, p. 492.
[21]
“El Coloquio de los centauros” es parte de Prosas profanas y otros poemas (1901).
Los libros de Rubén Darío también pueden leerse en
[22]
Will Durant,
Op. cit., p. 493.
[23]
Una posible traducción de este poema dice así: Te golpearé sin cólera / y sin odio, como un
leñador, / tal como Moisés a la roca, / y haré brotar de tu párpado
/ los caudales del sufrimiento / para saciar mi Sahara. / Mi deseo,
hinchado de esperanza, / sobre tu llanto ha de bogar / como un
navío que apareja; / y en mi ebrio corazón
/ ha de resonar tu sollozo / como el redoble de un tambor.
/ ¿No soy acaso un falso acorde / en la divina sinfonía, / gracias
a la voraz ironía / que me zarandea y que me muerde? / ¡En mi
voz está su chillido! / ¡mi sangre es su viejo veneno! / en mí
se contempla esa furia, / pues soy su siniestro espejo. / ¡Soy
la herida y el cuchillo! / ¡la bofetada y la mejilla! / Soy los
miembros y la rueda, / ¡la víctima y el verdugo! / Soy vampiro
de mi corazón / uno de esos abandonados, / a risa eterna condenados,
/ ¡que no pueden ya sonreír!
[24]
“Así como Superman
y Batman han perdido prestigio, y Robin aún más, |
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