Estudios sobre el Arte Popular en Cuba. Una experiencia

Con motivo del dossier dedicado a Arte y Cultura Popular, Arteamérica aprovechó para conversar con la Dra. Teresa Crego, importante estudiosa, promotora de los estudios sobre arte popular en Cuba y profesora de esta materia por casi veinticinco años en la Universidad de La Habana.

Nahela Hechavarría: En nuestro país, a lo largo de su historia,  encontramos revistas  de  artes visuales que han centrado su atención en aquellos ejemplos del arte  llamado “culto” o “profesional” para singularizarlo de otras prácticas estéticas menos reconocidas, pero casi no ha habido publicaciones periódicas concentradas en materias que atañen un amplio espectro de expresiones culturales que se insertan en el dominio de lo popular. De ahí la precaria situación que presentan a veces los investigadores con la bibliografía sobre este tema. ¿Cómo se inicia usted en los estudios sobre el arte popular que luego implementa como asignatura en la carrera de Historia del Arte?

Teresa Crego: Creo que mi inclinación o interés por el arte popular tiene mucho que ver con mi entorno, por el lugar donde nací. Mi familia paterna, de origen español –mi abuelo de Galicia y mi abuela y tías abuelas de Canarias– aportó un acervo de tradición artesanal que no tenía tan cercana mi familia de línea materna. Mis tías y mi abuela tejían todo el ajuar de la casa, les gustaban las labores de tejido, bordado y deshilado que, a fines del siglo XIX y principios de XX, eran una fuente importante de soluciones en el plano de lo ornamental y lo utilitario dentro del ámbito doméstico. Asimismo, por su oficio, eran famosas en el pueblo porque eran las que hacían todo el equipamiento del ajuar litúrgico de la iglesia, los paños del altar, y otros elementos del vestuario de los curas. Entonces pienso que ese fue un factor que de manera indirecta e inconsciente influyó sobre mí y fue el primer punto de encuentro con la tradición popular. El segundo fue, cuando luego de definir mi vocación por las humanidades, y concretamente la literatura, descubrí las artes plásticas durante mis estudios superiores en la Universidad de la mano de la Dra. Rosario Novoa, pues en aquel entonces pensaba estudiar letras. Ya en 1959, cuando de estudiante llego al Museo Nacional de Bellas Artes se abrió un nuevo horizonte y me definí por la plástica, para luego a partir 1961,  ejercer como especialista en arte en el Museo. Por otro lado, desde el propio año de 1959 empiezan a llegar a Cuba muchas reproducciones de arte popular del llamado “Campo Socialista”, Asia y México con las que tuve que interactuar a través de exposiciones y de la investigación pues me interesé por esas piezas sobre las que no conocía nada, ya que ese tipo de información era muy precaria en nuestro país. También hubo dos personas que por su cercanía influyeron mucho en mi: Servando Cabrera Moreno que en ese momento trabajaba en el museo en el montaje de exposiciones y era ya en esa época un apasionado del arte popular y coleccionista; y en 1962, Marta Arjona, con quien paso a trabajar en el recién inaugurado Consejo Nacional de Cultura (CNC), antecedente del actual Ministerio de Cultura. Marta también era una amante del arte popular y coleccionista, igual que Servando. Por otra parte, todo este fenómeno de iniciación coincide, en el ámbito nacional, con la incorporación de aquellas muchachas jóvenes –que antes del triunfo de la Revolución eran domésticas– a unos talleres para el desarrollo de las artesanías creados por la Federación de Mujeres Cubanas, lideradas por Vilma Espín. Como trabajaba en el CNC y me interesaba el tema tenía que ir a esos talleres a impartirles unos conversatorios sobre el arte y las manifestaciones plásticas. Asimismo, los Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de todo el país comienzan a hacer pequeñas exposiciones de artesanías y arte popular, que el pintor Raúl Santos Serpa y yo, que atendía las artes plásticas en su relación con la comunidad por el CNC, teníamos que visitar. Todas estas circunstancias convergieron para orientar mi vocación, aunque en ese momento no de una manera intelectualizada, que luego sí se convirtió en una de las tareas que más esfuerzo y dedicación me ha exigido, sobre todo en lo que tiene que ver con la localización bibliográfica y todo el trabajo de terreno necesario. Es decir, que entre 1962 y 1965, estuve muy vinculada a lo que se producía en Cuba en artesanía y arte popular, sobre todo por el trabajo con las comunidades que llevé a cabo en las provincias Habana, Matanzas y Villa Clara, donde conocí a Santos Serpa. La artesanía artística no es que no existiera en ese momento, pero no estaba ponderada como lo está en este momento. Quienes hacían artesanía artística eran los artistas plásticos: Salvador Corratgé que hacía unas joyas maravillosas; Luis Rafart que hacía trabajos con esmaltes; Eugenio Rodríguez, un escultor de la década de 1940 y 1950 que hacía piezas de orfebrería; pero todos de forma muy puntual.  

En 1965, me gano una beca por este trabajo realizado en la que podía escoger país y especialización. Escogí la Universidad 17 de Noviembre en Praga, Checoslovaquia, y “Museología” y “Arte Africano” como especialidades. Inicio un segundo período en el que viajé a lo largo y ancho de ese país y pude conocer muchos lugares de interés artístico. Como me seguía gustando esta materia visité exposiciones y los museos etnográficos donde se ubican estas colecciones, localicé los festivales de arte popular y asistí a varios de ellos como el de Martin, que es el más importante de Eslovaquia donde hay un museo fabuloso de pintura en vidrio. Comencé a comprar cerámica, vidrios pintados y otros ejemplos del arte popular de ese país.  Pero, al mismo tiempo, me fui dando cuenta de que aparte del mundo del arte “profesional”, existían todas estas producciones de la pintura popular en Cuba, que no son muy abundantes, salvo en las regiones de impronta hispana porque la cultura de antecedente negro nos dejó muy poco material. Toda la riqueza que existe en la música y la danza de origen africano, no existen en el ámbito de lo plástico-artesanal salvo algún que otro objeto de origen y uso ritual, que siempre tiene un espacio de circulación más limitado o cerrado. Con esos estudios que yo estaba realizando allí de Arte Africano pude conocer todo el universo de su cultura popular, pero mi acercamiento era desde el disfrute estético, no intelectual. A mi regreso, finales de 1968, vuelvo a trabajar en el Museo Nacional de Bellas Artes. En ese momento, Vicentina Antuña, antigua presidenta del CNC, era la decana de la Facultad de Artes y Letras y me llama para que empiece a impartir la asignatura de Museología que no existía y se funda así la Cátedra de Museología. Luego la asignatura cambió su nombre al de “Museo y Exposiciones” y a partir de ahí me vinculo a la Universidad como profesora. Pero también comienza a darse el fenómeno de la universalización de la enseñanza, que estamos ahora con la “Batalla de ideas” en un segundo momento, pero aquel fue el primer estadio que se expresó en que la mayoría de los profesores universitarios que tributaban en otros centros de trabajo volvieran a la universidad para implementar los llamados “Cursos para trabajadores” que en 1973 eran ya una realidad. Y en medio de este movimiento decido quedarme en la Facultad de Artes y Letras de forma permanente como profesora. Desde mediados de los años setenta aparecen las primeras Casas de Cultura que son las que empiezan a canalizar las labores del trabajo con la comunidad. Yo sigo en contacto con esa dirección del Ministerio de Cultura que ahora se llama Cultura Comunitaria y antes se llamaba de Aficionados. Empiezan a celebrarse ferias municipales y provinciales por todo el país, que culminan en 1979, cuando se realiza la primera Feria de Arte Popular en Cuba. Por supuesto Santos Serpa, Alejandro Montesinos y yo trabajamos con esta feria como jurado y lo sigo haciendo hasta hoy. Paralelamente, por estos años se están conformando y reformando los planes de estudios de la carrera de Historia del Arte, en los que faltaba este tipo de materia y veo la necesidad de insertarla. Por otro lado, en ese momento muchos países habían roto relaciones diplomáticas con Cuba en Latinoamérica, salvo México, y Haydée Santamaría en la Casa de las Américas hizo una labor importante de convocatoria de artistas y artesanos para exponer en Cuba. En el sexenio de 1976-1982 vienen exposiciones de arte popular mexicano a la Casa y se hacían actividades y me solicitaban que impartiera alguna conferencia, luego muchas de estas piezas pasaron a formar parte de la colección que hoy se expone en la Galería Mariano de esa institución. Entonces, como decía antes, entre el año 1981 y principio de 1982 tengo que estructurar el programa sobre arte popular que se concibió sobre la base de analizar algunas problemáticas: ¿qué cosa es el Arte Popular?, ¿cuál es su objeto de estudio?, ¿cuáles son sus relaciones entre el arte culto y el arte popular? Tópicos que venían siendo revisados desde los años setenta en México, fundamentalmente, y con menos presencia en otros países de América Latina como Argentina, Uruguay y ya en los años ochenta, Brasil, que se incorpora con algunos trabajos. Es un movimiento que intentaba teorizar sobre estos aspectos, celebrándose congresos regionales. Este programa de Arte Popular se concibió además, con otro gran tema que era sus rastrear estas expresiones en Europa y su conexión con las producciones de arte popular en América. El programa tuvo desde el inicio un carácter investigativo en función de la docencia, es decir, a medida que iba completando vacíos de información por investigaciones propias y de los alumnos se enriquecía mucho el programa.  

N.H: Y desde el punto de vista de investigaciones y Tesis de Diploma, ¿cómo se ha comportado el interés de los estudiantes en investigar el arte popular no solo en Cuba, si no en Latinoamérica, por ejemplo? 

T.C: Ha habido muchos buenos trabajos, algunos que no han llegado a ser Tesis de Diploma, a lo largo de estos años. Sin embargo, en la década de 1990, con el Período Especial, conspiraron diversos factores en el desinterés o la escasez de investigaciones sobre arte popular en el ámbito de la universidad, sobre todo dado que los problemas socioeconómicos golpearon muy fuerte a todas las esferas del funcionamiento del país. He llegado al convencimiento de que este curso de arte popular se debe socializar, es decir, que no se puede reducir al marco universitario, para de esta forma potenciar el interés en otros sectores afines a él, incluso en otras provincias del país donde hay tanta gente sensible y muy cerca de la producción artesanal, que corre peligro y está empezando a perderse como tradición.  

N.H: Sobre la artesanía popular cubana, ¿podría hablarme de su desarrollo y estado actual? 

T.C: A finales de los años sesenta, empiezan a emerger los primeros graduados de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y muchos se inclinaron a trabajar la cerámica pues no llegaron a establecerse como artistas plásticas reconocidos; hubo otros que comenzaron la escuela y no continuaron, y hubo algunos que estaban muy cerca de las labores artesanales y la ENA le dio un referente necesario de formación artística. Entonces, a partir del hecho que se generó en la Plaza de la Catedral de La Habana en la década de 1970, se detona el fenómeno de la venta de la artesanía artística cubana, por demás necesario porque se rescataron toda una serie de tradiciones artesanales de bordado y deshilado que influyen en el ámbito de la moda. Por otra parte, conjuntamente con las Ferias de Arte Popular que comienzan a hacerse por esos años se crea el Fondo Cubano de Bienes Culturales para comercializar las obras de la cultura cubana y entre ellas las artesanías. Luego de esta primera etapa, se crea también en 1986 la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) y empieza el problema de definición de la artesanía como “artística”. Es decir, la artesanía es una sola, popular o no popular, pero es una. Salvo en algunos trabajos teóricos mejicanos en donde se define con tanta pasión la artesanía artística en relación con la artesanía popular, que puede ser tan artística o más que la primera, [1] el caso cubano es muy particular y habría que estudiar y escribir sobre él. El arte popular cubano propiamente dicho, salvo lo que se hace y se muestra en las Ferias de Arte Popular cada dos años, o a través de la dirección de Cultura Comunitaria que no comercializa porque agrupa a los aficionados, tiene un espacio de circulación que no es pequeño, pero tiene un tope, un punto al que llega y no va más allá. A partir de los años noventa, coincidente con el Período Especial se comienza a apoyar la industria del turismo. El turismo exige la producción de artesanía y comienza un período muy complejo en el que entran en juego los artesanos artistas con una formación técnica y un oficio que los lleva a concebir obras de carácter único, en las que ya lo funcional no es lo primordial. Es decir, operan con un concepto de obra de arte semejante al artista profesional. El hecho de que la artesanía sea repetitiva, característica por demás consustancial a ella ya que si ésta no se hubiera repetido durante siglos hubiera desaparecido, no denigra para nada su valor. En su repetición está la tradición, así se crean y perpetúan las tradiciones. Ahí hay muchos problemas de carácter teórico que están pendientes de dilucidar. El problema de definición que afronta la artesanía hoy día necesita de reflexión porque el fenómeno de la comercialización de las obras por los artesanos es tan reciente y son tan candentes las opiniones sobre él que habrá que analizar su alcance. Por otro lado, los artesanos crecieron en número, hay más de cinco mil artesanos asociados. Es necesario un período de reposo donde todo ocupe su lugar, y digo esto porque me preocupa la existencia de las artesanías populares que siguen ahí, pero salvo lo que se llama el Consejo Popular de Casas de Cultura, no las promueven como se debiera y su ámbito de circulación se reduce y puede perderse.  

Labores de Tejido a aguja Jorge Alíz - Mantel para doce comensales Labores de deshilado

N.H: Ciertamente, esta problemática de la producción de artesanías en función del turismo, comienza a regirse por el mecanismo de oferta y demanda. Habría que ver en qué medida el turista comienza a condicionar la producción, que responde a un gusto estético externo… 

T.C: Claro, el turista tiene el “ojo exótico”, busca lo diferente. Le llaman la atención las obras en madera. Por ejemplo, se hacen máscaras en madera, que no son de tradición en Cuba, no es consustancial a nuestra cultura tradicional, pero incluso son realizadas ya no manualmente si no con máquinas fresadoras. Entonces, ¿por qué la máscara? Pues se le vende al turista que conoce la raíz africana en nuestra cultura –en la música, el baile, la oralidad– y espera encontrar también máscaras aquí. Se está dando el fenómeno de que los artesanos empiezan a producir pensando más en la venta y no en la calidad o la autenticidad de la tradición que están representando, de hecho se asientan en el trabajo de determinadas tipologías y objetos que saben van a tener salida.   

N.H: Por otro lado, quisiera saber acerca de la promoción tan necesaria a este sector del arte popular y los artesanos a través de la revista Manos, que se dedica a este tema. ¿Podría hablarme sobre ella y su nueva presentación editorial?   

T.C: El Arte Popular incluye las categorías de arquitectura, pintura, escultura, dibujo, grabado y las manifestaciones artesanales que son muy variadas. La artesanía en esa diversidad de técnicas y procesos es un mundo muy complejo, no se estudia casi. Y la revista Manos, aunque surgió en 1986 con un número y una voluntad promocional, no pudo mantener su regularidad, y hasta el año 2002-2003 no hizo otro par de números que tenían un corte muy turístico. Recientemente, surgió un nuevo proyecto de la revista, que será semestral, ha salido un solo número, y sigue siendo una publicación de la ACAA. En ella están escribiendo, estudiantes de la Licenciatura de Historia del Arte que investigan estos temas y periodistas especializados en cuestiones artísticas. Yo soy parte del consejo editorial y la coordinación general corre a cargo de Rosa Juampere, una especialista que proviene del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y tiene un profundo conocimiento del trabajo de los artesanos en Cuba, pues fue una de esas rara avis que se interesó por estos temas. La revista cambió su formato y su contenido. Se pretende que sea una revista seria, pero hay que considerar que el nivel de los artesanos no es el nivel de los artistas profesionales, y por eso hemos tenido cuidado con los textos. No se trata de que sea un equivalente de Artecubano, [2] si no que tenga una coherencia entre los textos sobre artesanía y que vaya poco a poco elevando concientemente el nivel del artesano. Creo que la ACAA está en un momento de despegue, de reordenación y revisión de sus bases. De hecho, en Camaguey la ACAA está llevando a cabo cursos de superación para artesanos artistas pues si bien es cierto que poseen una manualidad excelente, una enorme calidad de factura, sus obras presentan en ocasiones problemas de diseño. Por supuesto, todo esto apunta al desarrollo de la artesanía artística que es la que se vende y más se ve, y la que hace opinar a muchas personas que la artesanía popular no existe. Sí existe, lo que tiene otros espacios que no se promocionan como estos.  

N.H: Y en qué medida, FIART, la Feria Internacional de Artesanía, puede influenciar en este tópico de la promoción de la artesanía popular y no sólo artística.  

T.C: Este es un problema de política cultural, y pienso que deben revisarse estrategias para potenciar la inserción de la artesanía popular en circuitos como este. No sé si habría que establecer un nexo más concreto entre el Fondo Cubano de Bienes Culturales y el Consejo de Casas de Culturas. Es un momento de analizar esto un poco más a fondo. Pero no hay una metodología, una estrategia a largo plazo, son especie de destellos, de acciones puntuales como un proyecto que está en ciernes, el Proyecto Trinidad, en torno a las labores de la aguja, con el rescate de los trabajos de deshilado y bordado. Pero lo que pasa con FIART es que prima más la artesanía artística que la popular, pero también se realiza la Feria del Pabellón Cuba que podría convertirse, si no lo es ya, en un espacio de circulación, pues por su locación lo visita mucho público. El Centro Nacional de Artesanía, creado en el año 2003, lanzó una convocatoria para el rescate de la artesanía utilitaria que fue muy exitosa en el 2003, pero ya en el 2004, 2005 y 2006, ha vuelto a decaer. Porque la artesanía, más que ese objeto único que busca la artesanía artística, por su vinculación tan estrecha con la vida exige la funcionalidad. De ahí que sea necesaria para resolver una serie de cuestiones inmediatas en el decursar de nuestra vida cotidiana. Desde una cuchara de madera, los muebles, un salero, un mortero…pero claro también hay problemas con los materiales que son muy costosos. Hay que tratar de que la artesanía se realice con materiales dentro del proyecto de una economía sustentable, o sea que sean materiales del país. Son muchos las dificultades para un saludable desarrollo de la artesanía. En una investigación que llevamos desde el año 2002, y que pretendía hacer un diagnóstico del estado de las artesanías en todo el país, estuve en contacto con muchos artesanos y pude ver que los juguetes populares, que en Cuba vienen de la tradición hispánica, se han mantenido porque han continuado celebrándose las fiestas populares y los carnavales en los distintos pueblos y ciudades como parte de una tradición, y estos eventos siempre generan alrededor la creación de manifestaciones artesanales. Habría que pensar en promover la realización de una línea de juguetes populares que busquen en lo tradicional y podría ser una forma más de educar a nuestros niños antes que pensar o utilizar referentes foráneos como Batman u otros iconos bélicos, que trasmiten no sólo el empleo de la violencia como lo cotidiano, si no un modelo que a veces no se corresponde con la realidad cubana.   

N.H: Es un problema de orientación y de  promoción de un saber y un quehacer… 

T.C: De orientación sí, pero hay algo de lo que también quería hablarte y es que desde que inicié el curso en la facultad siempre estuve conscientemente de dilucidar el lugar del arte popular, de ahí que buscara toda aquella bibliografía que relacionara lo culto con lo popular. El problema de los estudios de arte popular es bastante reciente porque los primeros en interesarse en el arte y la cultura popular fueron los románticos y no es hasta finales del siglo XIX que se empiezan a escribir las primeras cosas desde el punto de vista científico sobre las producciones artesanales pero más bien desde un punto de vista etnológico y no desde la Historia del Arte. Después, la antropología ha desarrollado, y sobre todo la antropología cultural, un excelente trabajo de investigación sobre estas producciones. Pero, por ejemplo, me estoy leyendo el último libro de Umberto Eco [3] en el que dice que las artesanías nunca han defendido su interés por la belleza, es decir, que nunca desde la artesanía se ha hablado del concepto de belleza, y eso no es cierto. Es difícil encontrarlo pero cuando uno habla con el artesano, ve que este tiene un don creativo que no lo aprendió en ninguna escuela, si no que puede haberlo heredado de su familia o que lleva en sí mismo y lo plasma a través de lo que logra crear con sus manos. Y ese es un sentido del talento y de la belleza como lo puede tener un creador profesional o un artista que haya estudiado en la academia. Hay incluso algunos artistas que aún habiendo transitado por una escuela de arte no poseen el mismo nivel creativo o imaginativo que un artesano. Es bien cierto que a veces prima en el arte profesional el carácter intelectual y técnico en la consecución de la pieza en comparación con los artesanos para los que el valor creativo o imaginativo importa más. El período que abarcó los años setenta del siglo pasado influyó mucho en nosotros y en particular en la creación y enriquecimiento de la colección de artesanía popular de Casa de las Américas. Salvo el caso de América Latina, la mayor parte de la historiografía popular se ha hecho por parte de los burgueses y no la ven desde el ángulo del pueblo, si no desde la supraestructura, y entonces el enfoque no es el correcto. [4] He ido descubriendo que esa tendencia que se da en Cuba de la apropiación de los artistas profesionales de elementos de la cultura y el arte popular para su discurso creativo, no fue una iniciativa exclusiva de la generación de los ochenta, ha existido siempre lo que la crítica y la historiografía del arte no lo registró en toda su dimensión. De hecho, y esto es una autocrítica, yo misma anteriormente veía los espacios de lo culto y lo popular muy separados, pero en realidad los vasos comunicantes que van de lo popular a lo culto y viceversa son muchos. Se interrelacionan verticalmente –de arriba a abajo– pero también horizontalmente. Ese es un fenómeno que no está muy develado, pero ha existido en períodos a veces tan aparentemente imposibles como el Renacimiento. Esas teorías de distanciamiento entre el arte popular y el arte culto, son teorías que hemos inventado nosotros, en la realidad están mucho más mezclados que lo que piensan algunos. Pero, por otra parte, como el arte popular forma parte de la cultura popular, que como sabes es un término que tiene relación con el término folclore, ambos son términos muy abarcadores. En la actualidad, como el folclore se ha comercializado tanto, el propio vocablo folclore está siendo revisado, los investigadores norteamericanos están empleando el término fakelore para distinguir de que es algo que ya no es auténtico. No se puede frenar el desarrollo en aras de mantener una cultura tradicional. Por eso nunca me ha gustado emplear el término “cultura tradicional”, porque la tradición es algo dialéctico, siempre se está re-haciendo, no es inamovible. El problema es que la tradición es un concepto filosófico muy complejo. Hasta en el corpus de las religiones hay cambios, tanto en la religión cristiana como las de antecedentes africano, el ritual ha cambiado, ha habido evoluciones, reacomodos. Nada es estático. Es lo que pasa con las labores de aguja. Se puede hacer un deshilado aplicado en manteles, toallas, una sábana, y mantiene su apego a la forma tradicional, pero ya inserto en la moda o el diseño de modas no puede considerarse igual. Hay muchos elementos por dilucidar en el campo del arte popular y en la medida en que se analicen sus alcances y limitaciones podremos avanzar un poco más. 

N.H: ¿Y que piensa sobre la posibilidad de que exista o se cree un Museo de Arte Popular Cubano? 

T.C: Ese es otro punto álgido. Hubo un evento científico en la Universidad de La Habana en el año 2000, en el que cada facultad hizo una especie de recuento de su labor. A mi me tocó específicamente analizar lo que había pasado con el arte popular en Cuba dentro del departamento de Historia del Arte. Y una de las carencias incomprensibles que yo detecté y de la que me he cansado de hablar, dado que en nuestro país hay museos de casi cualquier cosa, es la ausencia de un Museo de Arte Popular y Artesanías. Museo que podría llegar a ser un centro de inspiración, de modelo, de investigación y promoción. La misma Galería Mariano de Casa de las Américas donde se muestra parte de su colección de artesanía latinoamericana ha servido un poco, pero no es suficiente. Hay que hacer una labor de investigación incluso de colecciones como las máscaras americanas en la Casa Benito Juárez que casualmente una estudiante de Historia del Arte intenta realizar. Es decir, se necesita interés no sólo de parte de los investigadores si no de las instituciones artísticas que apoyen con recursos estas investigaciones que a veces dependen del desplazamiento a las zonas y la realización de trabajo de campo. Como ves hay mucho terreno por analizar, descubrir y en el que aportar.


[1] Los investigadores mexicanos definían la artesanía artística como el final de un proceso que podía darse en la obra de un artesano, en el que hubiera alcanzado tal virtuosismo técnico avalado por el trabajo de toda una vida.

[2] Es una revista que edita el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y está dedicada, fundamentalmente, al arte cubano contemporáneo.

[3] Umberto Eco: Historia de la belleza (2004).

[4] Habría que destacar la labor desarrollada por Desiderio Navarro en la revista Criterios con la traducción de textos de importantes  investigadores rumanos que analizaron muchas de estas problemáticas.