Premio La Joven Estampa 2007




Octavio Irving - Persistencia de las formas - Detalle

 

El Premio La Joven Estampa de Casa de las Américas, con ocho ediciones anteriores, tuvo lugar del 10 al 19 de mayo de 2007 en varias de las salas de nuestra institución. En su novena convocatoria, el certamen contó con la presencia de los destacados artistas latinoamericanos Carlos Colombino (Paraguay, 1937), Guillermo Núñez (Chile, 1930) y Alicia Candiani (Argentina, 1953), y el crítico cubano, David Mateo Núñez (Matanzas, 1965).  

Entre el conjunto de actividades desarrolladas destacaron el Taller Transparencias Múltiples a cargo de Alicia Candiani, llevado a cabo en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, que exploró las diversas posibilidades de la xilografía a la manera japonesa y la técnica del Chine Collé. Asimismo, la presentación de un panel que reunió al jurado y a Alicia Candiani analizó la situación del grabado contemporáneo en América Latina. Igualmente, y por separado, Núñez, Colombino y Candiani disertaron, el primero, sobre una experiencia personal de arte público participativo titulada Fosa Común; Colombino, sobre El Centro de Artes Visuales-Museo del Barro. Un espacio de encuentro de la tradición y la contemporaneidad y Candiani acerca de los Negociadores de la diversidad. Los circuitos internacionales de la gráfica y la gráfica en los circuitos internacionales.   

El día 19 de mayo fueron inauguradas, casi simultáneamente, la Muestra Central con la obra de los artistas seleccionados, el premio y las menciones otorgadas en la Galería Latinoamericana; por su parte, Carlos Colombino y Guillermo Núñez, establecieron un diálogo con sus obra en un espacio común: la Sala Contemporánea; y el segundo piso acogió la propuesta Recortes de la realidad informativa, exposición de Jesús Hernández, ganador del certamen en su edición del 2003.

Sitio del Premio La Joven Estampa


La Joven Estampa: persistiendo en la forma*

CRISTINA FIGUEROA

Si en el arte contemporáneo el concepto de “múltiple” ya no es un conflicto, sino una virtud; si el concepto de “lo original” ha sido reevaluado, y no se pierde con la reiteración del objeto; si las antiguas “disciplinas” son consideradas simples herramientas para la construcción de una idea: ¿por qué el grabado, portador intrínseco de estas características, sigue sin ocupar un papel protagónico dentro de los cuestionamientos actuales del arte? ¿Por qué, cada vez, son menos los artistas que lo practican? Para muchos de ellos, deseosos de ser vistos como “contemporáneos”, la gráfica se ha convertido solamente en un período de tránsito en la formación de sus carreras y en la búsqueda por un discurso “propio”.

Tal vez, una de las razones que justifiquen la presunta crisis de esta manifestación, es la exigencia del oficio y la manualidad.  

En momentos en que el arte se crea, cada vez más, a partir de bocetos, materializados luego por fábricas y talleres ajenos, cuando la relación con la obra está mediada por la acción de otros, cuando entre la idea y el objeto existen múltiples adecuaciones e interpretaciones; el grabado sigue siendo visto como un arte antiguo, de oficio, de dedicación y de tiempo, características que un artista “contemporáneo” y el mercado del arte suelen desestimar.   

Pero realmente el grabado no está en crisis, lo que está en crisis es el discurso conceptual para el que se emplea. Le es difícil insertarse dentro de los circuitos de demanda, pues aún se mantiene en muchos países de América Latina, con una propuesta pobre, cerrada y poco original. Aún cuando esta expresión es de gran arraigo en nuestro continente, donde Cuba es uno de los pilares más fuertes, su discurso se mantiene muy contenido. Parecería que el grabado, en lugar de dialogar con el resto de las manifestaciones, sucumbe. 

Es por esto que mantener un premio como La Joven Estampa, hacerlo subsistir, constituye un reto en estos momentos. El contenido de las bases del concurso, que incitan al manejo de cualquier técnica y estilo, parecen no ser suficientes para lograr que los artistas discursen libremente sin sentirse obligados a respetar los rigores de una técnica. Al mismo tiempo, el establecimiento de un límite de edad, 35 años, que busca la participación de la comunidad artística joven del continente, no es por sí solo garantía de su representatividad.  

La intención de La Joven Estampa, –desde su creación en 1987 por La Casa de Las Américas, y que este año cumple su 20 aniversario–, es loable y tenaz; pero no puede sustituir las deficiencias y/o ausencias de esta manifestación en las diferentes regiones de Latinoamérica. Este evento propone un acercamiento a la gráfica que los jóvenes están realizando en sus países, y en la mayoría de los casos, los resultados demuestran una debilidad, no de laboriosidad, pero sí de fortaleza de ideas.  

Tal vez, sea el caso cubano uno de los más destacables. La tradición gráfica en Cuba es muy fuerte y nunca ha faltado dentro del discurso de la historia del arte nacional. La presencia en nuestro entorno de esta manifestación se debe entre otras, a la rigurosidad de la enseñanza de las técnicas del grabado en las diferentes escuelas de arte del país, donde este es uno de los contenidos más importantes dentro de la formación de los artistas. Pero, sobre todo, la fortaleza está dada por su inserción en el contexto general de lo contemporáneo en el arte cubano. Es por esto que la participación cubana en las diferentes ediciones de La Joven Estampa siempre ha sido una de las más poderosas, no por la cantidad de obras (países como México y Argentina tienen envíos más numerosos), sino por su calidad artística y conceptual. Como resultado, el premio y las menciones que otorga este certamen, siempre han sido discutidas por los representantes de nuestro país. [1]  

A los organizadores del evento les parecía poco probable que luego de cuatro años sin realizarse, esta novena edición [2] la ganara nuevamente un cubano. En cambio, como resultado de una deliberación desprejuiciada, que desestima nombres y nacionalidades, el jurado apostó otra vez sobre un cubano, en esta ocasión el joven grabador y profesor de la Academia de San Alejandro Octavio Irving Hernández. Este artista, con su serie de sugerente título Persistencia de las formas, pareciera estarnos comentando con sarcasmo algunas lamentables “persistencias” dentro del arte cubano actual. Esta relación idea-forma es de una agudeza crítica y conceptual indiscutible y la manera tan sutil de presentarnos la imagen, con imperceptibles variaciones entre una y otra, [3] apuntan de manera incisiva contra el arte que como una fórmula, repetida una y otra vez, deviene en fragilidad de concepto. 

Así mismo, el jurado otorgó una mención especial a otro cubano, Víctor Ortega, por su obra Cromoterapia. Un gran panel que cita los recursos del arte óptico y nos revela, por acercamiento, la repetición infinita y mínima de la bandera cubana. Seis menciones más fueron entregadas en esta edición del evento, que respondieron a preferencias personales de los integrantes del jurado: Carlos Colombino otorgó mención a Norman Morales de Guatemala y Oscar Camilo de las Flores de El Salvador; Guillermo Núñez, a Paola Viteri de Ecuador y Verónica Navarro de Costa Rica; y David Mateo a dos cubanos, Vivian Lozano y Sigfredo Mendoza. 

El resultado de la muestra final, instalada en varios espacios de La Casa de Las Américas y seleccionada también por el jurado entre los envíos de 142 artistas, puede parecernos aún tradicional. Son pocas las obras que encontramos de experimentación, de audacia formal y de interacción con el espacio. [4] Aunque la exposición, como conjunto, satisface por la calidad y buen oficio de la mayoría de sus piezas. 

¿Constituye entonces La Joven Estampa un termómetro para evaluar los caminos del grabado actual en Latinoamérica? ¿Puede un evento de este tipo estimular cambios en el curso de la gráfica en el continente? ¿Puede el grabado recuperar su espacio en el lenguaje contemporáneo sin prejuicio de su nombre? Sólo readecuándose ambos, evento y grabadores, al ser y al deber ser del grabado, tal vez en la próxima Joven Estampa estemos hablando, en pasado, sobre todos estos tópicos.


* El presente texto salió publicado en Noticias de Artecubano, mayo, 2007.

[1] De las nueve ediciones realizadas del premio, ocho han sido ganadas por cubanos y una por un mexicano, Demián Flores.

[2] La novena edición debió realizarse en el 2005.

[3] La serie la componen tres piezas realizadas en la técnica de la colografía.

[4] Esto podría estar dado porque, respondiendo a unas reglas organizativas, las bases limitan los envíos a 110x 75 cm en el caso bidimensional y a 3 metros cuadrados en el caso de las instalaciones. Al mismo tiempo que, para muchos artistas latinoamericanos, se les hace casi imposible enviar obras complejas y grandes instalaciones por el costo y la inseguridad que brindan las diferentes vías de transportación a Cuba.

Cartel del Premio La Joven Estampa 2007   Exposición personal Jesús Hernández - Recortes de la realidad informativa 2do piso
     
Panel de grabado contemporáneo - Sala Manuel Galich   Conferencia  Carlos Colombino - Sala Manuel Galich
     
Vista  de la Muestra Central en la Galería Latinoamericana   Still de Vídeo - Recortes de la realidad informativa - 2007
  Reporte especial - 2007
   
   
(Der.)  Norman Morales - Anatomía comparativa - Mención Obra Premiada. Octavio Irving -Persistencia de las formas- 2006
   
Octavio Irving -  Persistencia de las formas -  Detalle Premio Joven Estampa 2007 - Galería Latinoamericana
   
Sigfredo Mendoza - Mención Verónica Navarro - 4 Puntos Cardinales y Jugadores de Cartas - Mención
   
Víctor Ortega - Cromoerapia - Mención especial -  Detalle Vista de la Galería Latinoamericana durante la inauguración