Las obsesiones de Arteamérica

CRISTINA FIGUEROA


Shanti Pillai - Chidambaram 2 - Performance

 

La revista electrónica Arteamerica, a través de sus diferentes dossiers temáticos se ha convertido en espacio de debate y diálogo imprescindible para la difusión del arte y la cultura Latinoamericana. Desde la pluralidad de sus enfoques es de obligada referencia para aquellos que deseen conocer y estudiar sobre diferentes temáticas de la realidad actual del arte de nuestro continente.  

Su carácter virtual hace de sus presentaciones un espacio diferente, enfocado en conferencias impartidas por críticos y especialistas invitados, debates, paneles y presentaciones de artistas. El pasado 10 de enero y con motivo de la próxima edición de la revista, dedicada a estudios Latinoamericanos y Caribeños, Arteamérica inició una nueva etapa para sus lanzamientos que incluirá, además de los encuentro acostumbrados, proyectos de exposiciones alternativos, propuestas experimentales, performance, instalaciones, videoarte y obras en proceso que sean representativos de la creación plástica contemporánea; además de siempre relacionar cada propuesta con el perfil temático que presente la revista. Las Salas Contemporánea y Manuel Galich de La Casa de Las Américas se convertirán así, en revitalizados espacios de diálogo, abiertos a todos los niveles de la creación.

El performance Chidambaram 2 de la artista Shanti Pillai (India-EEUU) y la instalación Obsession del joven dúo de artistas cubanos Jorge & Larry (Jorge Torres y Larry González) dieron inicio a este nuevo ciclo. [1]

Con su representación del ritual danzario de uno de los templos más importantes y antiguos de devoción a Shiva, el Chidambaram de Tamil Nadu, Shanti nos acerca a una arista de la compleja y vasta cultura hindú. La artista, sumida en un aletargado momento de concentración reza frente a la más conocida figura de Shiva: el Nataraja, rodeado por un llameante halo cósmico, y pisoteando a la ignorancia con un gesto perteneciente a la danza atibhanga. Luego le ofrece alimentos y lo engalana, alistándolo para el momento final del ritual. 

Comienza la danza. Fuertes movimientos, acompasada cadencia y sonidos ensordecedores –casi insoportables– inundan el salón. Pero atención. La artista le baila sólo a Shiva. Esta danza no está concebida como espectáculo, no está destinada a la contemplación pasiva de un público, es una danza religiosa y está reservada sólo para él. Nosotros somos los intrusos.

Luego de terminado el performance, y como cierre, quedó inaugurada la instalación Obsession, una propuesta inteligente pero riesgosa que sin  proponérselo, daba un nuevo sentido a Chidambaram 2 y a la posible manera en que podríamos haberlo interpretado. Ambas muestras, una de manera más directa y otra “disfrazada” bajo la aparente imagen de una simple representación danzaria están apuntando hacia problemáticas sociales actuales, enfocadas en este caso en la cultura oriental y su inevitable transculturación en nuestras geografías.

En el centro de la sala, un inmaculado pedestal blanco sostiene la figura en porcelana inglesa de un elefante también blanco al que han vestido con un ajuar bordado en  pasamanería, realizado por los artistas con la minuciosidad y laboriosidad que requiere el buen oficio del tejedor.

A ellos les interesa criticar, apuntar enjuiciadoramente sobre esa obsesión hacia la milenaria cultura oriental, representada aquí en la figura del elefante. Ese animal casi irreal, cuya rareza lo convirtió en figura de adoración, pero al mismo tiempo en símbolo de inutilidad, de carga que no produce beneficios. Los artistas han creado un lugar de culto para el animal, pero enfocando esa supuesta “admiración” desde una perspectiva occidental, con la visión del colonizador que exhibe sus tesoros conquistados sin haber comprendido cabalmente el significado de aquello que despoja de su raíces.

La contemplación que se suscita del animal, se vuelve poco a poco insoportable, debido a un penetrante olor que despide. Todo referente al país de las especies, de las esencias y los olores queda trastocado tras el potente olor de un perfume que desconocemos, que sólo pocos saben: Obsession. La pieza entonces adquiere otro sentido, se convierte en referente a esa visión fetichista y superficial del occidente hacia culturas otras. Habla de la pérdida de sus valores producto de un interminable saqueo, ya no económico, sino intelectual, cultural. El elefante impregnado de esa fragancia es símbolo que denota esa obsesión, es su representación.

Sin dudas Chidambaram-2 y Obsession  son dos propuestas diferentes, pero que apuntan -cada una desde su lenguaje propio-, hacia una conciencia crítica del devenir histórico del ser social y su papel dentro de las sociedades contemporáneas.   


[1] Es importante señalar que en varios países de la región caribeña y latinoamericana hubo una contribución cultural importante por los asentamientos de población de ascendencia árabe y asiática. De ahí que sea interesante cómo conciben artistas de diferente origen la idea e imagen de “Oriente” como construcción desde la memoria, el arte o la danza.

Shanti Pillai - Chidambaram 2 - Performance   Shiva engalanado
     
Vista de la Sala Contemporánea   Shanti Pillai - Chidambaram 2
     
Danza a Shiva Nataraja   Obsession - Sala Contemporánea
Momentos de la inauguración Shanti Pillai - Chidambaram 2 - Performance
   
Jorge & Larry - Obsession - instalación Altar a Shiva