Se ha convertido en
una obsesión y lo que no encuentras en Google, no existe… eso
es casi verdad absoluta. Pero desde ahora, aquello de que A
La Habana me voy, expresión
que ha sido estribillo de una petenera con ritmo de salsa; guaracha
cubana popularizada en los setenta por la orquesta Rumba Habana;
o hasta título de algunas producciones cinematográficas de Cuba,
Argentina y Estados Unidos de las décadas del cuarenta y
el cincuenta, es hoy
noticia y titular también en Google. Así llega la exposición
que el maestro José LuIs Cuevas ha concebido para la
Casa de las Américas, en ocasión de la 49 edición
de su Premio Literario.
En esta oportunidad
el maestro Cuevas viaja a la isla por quinta ocasión. Ahora
acompañado de cincuenta piezas de su prolífica producción artística,
donde incluye dibujos, grabados y esculturas. Lo anima además,
la posibilidad de conocer, finalmente, la ciudad de Sagua la Grande, lugar donde naciera
su abuela materna. Sueño renovado y tantas veces aplazado, que
promete hacerse realidad.
Sin
lugar a dudas México está una vez más en la
Casa de la
Américas. La historia, la cultura, el pensamiento
y el arte del país azteca han señoreado en esta Casa durante
su medio siglo de existencia, como ningún otro país.
A La Habana también llegaron en
diciembre de 1959, las obras de los maestros de la llamada Escuela Mexicana de Pintura. Junto a las creaciones de Orozco, Rivera
y Siqueiros, las zincografías del maestro y precursor del grabado
en el continente, José Guadalupe Posada. Asimismo las de sus
discípulos y continuadores, los integrantes de Taller de Gráfica
Popular. Linóleos y litografías de Leopoldo Méndez, Ángel Bracho,
Carlos Alvarado Lang, Alfredo Zalce, Pablo O′ Higgings
y Jesús Guerrero Galván. Y no faltaron en esa avanzada, las realizaciones
de los hacedores anónimos de las expresiones más genuinas del
arte y la música popular.
Posteriormente sobrevinieron, en diferentes oleadas, tantos
ilustres que mencionarlos sería difícil y comprometedor por
las posibles e inconscientes omisiones. No obstante, por citar
sólo algunos de los más representativos, recordaremos a Rafael
Coronel, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Myra Landau, Roberto Donis, Arnold
Belkin, Federico Silva, Enrique Estrada y Francisco Toledo,
cuyas obras integran los fondos patrimoniales de la Colección Arte de Nuestra
América. También al amparo de las hoy míticas Exposiciones de La Habana
convocadas en los sesenta, anclaron en puerto seguro los artistas
de la gráfica Marcos Huerta y Felipe Eremberg. Para la década
del ochenta se produce la llegada de los fondos del Archivo Casasola, así como obras de los fotógrafos Nacho López, Graciela
Iturbide y Pedro Meyer. Y en fechas mas recientes, los grabadores
Lucía Maya, Víctor Hernández Castillo, Angélica
Carrasco, Teresa Mastranzo y Demián Flores, laureado en 1995 con el Premio La
Joven Estampa. Estos últimos representantes
de una nueva generación de jóvenes grabadores, que han dado
muestras de la existencia de una escuela nacional igualmente reconocible por el repertorio
expresionista que manejan, muy arraigado a la tradición gráfica
de ese país. No podríamos dejar de mencionar la presencia de
Guillermo Gómez Peña y La Pocha Nostra exponentes del arte
comprometido la acción y reacción a través del performance.
Como nunca es tarde si la dicha es buena, en
el 2004 llegó a La
Habana el
maestro Cuevas, con su carpeta de xilografías: Fantasmas
del Centro Histórico como equipaje acompañante, carpeta-pretexto
que sirvió para el
reencuentro con la
Isla después de muchos años de ausencia. A
partir de esta visita, nuevos compromisos y puertas abiertas
para regresar. Hoy, nuevamente la Casa de las Américas tiene el
honor de recibir a tan ilustre
viajero cuyo destino final será La
Habana, no sin antes hacer su parada obligada
en Sagua la Grande: a La Habana me voy…a La Habana llegué.
Enero
de 2008