El MNBA por el Mundo

A partir del tema de reflexión convocado por Arteamérica en su Dossier, Arte y Cultura Cubanos, dos destacadas curadoras de la Colección de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes exponen sus impresiones sobre dos importantes exposiciones de sus fondos en el exterior, como parte de su sostenida labor de promoción y salvaguarda de la historia del arte nacional.

Arte cubano en Brasil [1]

Arte de Cuba constituye un evento que fue positivamente recibido por la crítica especializada de esta ciudad, como ya antes ocurrió en São Paulo y Río de Janeiro, donde fue visitada por más de 200 mil personas. El 31 de julio fue inaugurada en Brasilia la muestra Arte de Cuba, [2] con 117 obras del acervo que atesora el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de La Habana junto a un pequeño núcleo de exponentes pertenecientes a los propios artistas. El Banco de Brasil acogió en sus sedes culturales este proyecto idealizado y coordinado por Rodolfo de Athayde, quien contó con la curaduría de Ania Rodríguez junto a un equipo de curadores del MNBA: Hortensia Montero, Roberto Cobas, Corina Matamoros, Elsa Vega y Liana Río, quienes conformaron una amplia selección de la plástica cubana.  

Mural del Salón de Mayo - La Habana - 1967
Marcelo Pogolotti - El intelectual - 1937

La exposición presenta un recorrido por la pintura cubana desde principios del siglo XX hasta la época actual e incluye trabajos de renombrados pintores de la vanguardia cubana como Wifredo Lam, Marcelo Pogolotti, René Portocarrero, Víctor Manuel, Amelia Peláez, Carlos Enríquez, Mariano Rodríguez y Roberto Diago. La presencia del arte abstracto tiene su representación en obras de Sandú Darié, Loló Soldevilla, Martínez Pedro, Raúl Martínez, Rafael Soriano y Guido Llinás, entre otras personalidades. El recorrido cuenta con exponentes de la autoría de Antonia Eiriz, Raúl Martínez, Servando Cabrera Moreno y Santiago Armada (Chago) como paradigmas de la plástica de los años sesenta. Muestra además lienzos de creadores contemporáneos como Roberto Fabelo, Manuel Mendive, Rafael Zarza, Tomás Sánchez, Flavio Garciandía, Zaida del Río, Pedro Pablo Oliva, Nelson Domínguez y Ángel Ramírez. Autores como José Bedia, Humberto Castro, Consuelo Castañeda, Arturo Cuenca, Leandro Soto, José M. Fors, Santiago Rodríguez Olazábal, Arturo Montoto y Rocío García así como un conjunto importante de creaciones de las más recientes promociones de artistas entre los que se destacan Belkis Ayón, Sandra Ramos, Marta María Pérez Bravo, Fernando Rodríguez, René Peña, Eduardo Ponjuán, Lázaro Saavedra y Los Carpinteros constituyen la nómina de artistas. Como colofón, esta colección de arte cubano culmina con la presentación de un conjunto relevante de obras en formato de video de autores reconocidos como José Ángel Toirac, Carlos Garaicoa y Raúl Cordero.

Con el interés de abrir más el espectro de posibilidades sobre el Arte de Cuba en este proyecto se incluyen también ciclos de filmes y presentaciones de músicos cubanos, cuya calidad podrá ser apreciada por el público hasta el próximo 24 de septiembre.  

A partir del 10 de octubre y hasta principios de enero del 2007 el Museo de Bellas Artes de Curitiba mostrará también esta exposición –la mayor del arte nacional mostrada fuera de la isla– lo que garantiza un interesante recorrido por un circuito de ciudades importantes a lo largo de todo el año 2006 llevando nuestro arte a los habitantes de ese hermoso país como demostración de que la cultura es una valiosa carta de presentación para la amistad y la fraternidad a partir del conocimiento entre los pueblos. 

Las líneas temáticas más destacadas en este ensayo sobre el devenir del arte cubano a partir del modernismo hasta la contemporaneidad abarcan la búsqueda de raíces donde se hace presente la marcada influencia del muralismo mexicano, el realismo social, los mitos afrocubanos, el arte abstracto en sus más variadas versiones (el arte concreto, la abstracción gestual, el expresionismo abstracto, el arte transformable Madi), así como la recurrencia a la expresión de la historia y la identidad cubana y la incidencia de preocupaciones universales del ser humano. 

Este acontecimiento cultural nos demuestra cómo las corrientes artísticas de vanguardia transformaron las artes visuales europeas en las primeras décadas del siglo xx, y constituyeron una verdadera corriente de renovación para el arte en América Latina evidente desde la década del 20 y adaptada de manera personal por los artistas cubanos. Igualmente, confirma cómo el arte actual se nutre de cuestiones socioculturales, religiosas, políticas, literarias y artísticas e imbrica las relaciones entre el arte y la sociedad para integrarse al discurso artístico internacional sin perder la conciencia de su propia identidad.  

Hortensia Montero

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¡Cuba! Arte e historia. De 1868 a nuestros días [3]  

Si  usted se paseara ahora mismo por el número 1380 de  la calle Sherbrooke en la bella ciudad de Montreal, a la cruenta temperatura de menos diez grados centígrados, se verá envuelto en la cálida sensación que emite la enorme banderola del Museo de Bellas Artes de esa metrópoli canadiense.  Con su gran despliegue rojo,  el  anuncio ofrece con donaire y picardía un detalle del Retrato de Mary de Jorge Arche, mezclado con símbolos de la bandera cubana. ¡Una verdadera acera para derretir la nieve! 

Y es que acaba de ser inaugurada en Montreal la más importante muestra de arte cubano organizada jamás fuera de la Isla. Partiendo fundamentalmente de las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes y de la Fototeca de Cuba, ambas en La Habana, así como de otros importantes tesauros de museos y colecciones privados de Cuba y de diversas regiones del mundo, el abarcador proyecto de más de cuatrocientas obras ha sido llevado a cabo por el Museo de Bellas Artes de Montreal. 

El proceso curatorial se inició hace algo más de tres años, cuando la Sra. Nathalie Bondill, entonces jefa de curaduría del  museo canadiense y actualmente su directora, visitó La Habana y se acercó a la tradición pictórica y cultural de la Isla. Familiarizada con exposiciones llamadas “de civilización”, Bondill ideó un proyecto que mostraría el arte y la sociedad cubanos a partir del testimonio de la fotografía, la pintura, la gráfica, el cine y el ambiente sonoro de la Isla. Se abría así un proceso de debate curatorial que involucró a la propia Bondill y a Stéphane Aquin por Montreal, así como al equipo de curadores de arte cubano de nuestro museo. Hortensia Montero, Olga López Núñez, Ernesto Cardet, Roberto Cobas, Elsa Vega, Liana Río, Aylet Ojeda y Corina Matamoros fueron esenciales para curar el grueso de las obras prestadas y sugerir préstamos de otras instituciones foráneas. Así  lo hizo también  Rufino del Valle, desde la Fototeca de Cuba, para el importante tesauro fotográfico puesto en exhibición. 

El resultado de dos años de intenso trabajo es esta  muestra que abrió al público el 31 de enero y que se mantendrá hasta el 8 de junio de 2008. Dividida en zonas que indagan en la cultura cubana, el despliegue comienza con el período comprendido entre 1868 y 1927, concebido como un arranque hacia la expresión nacional. Continúa con la exploración del “arte nuevo” entre 1927 y 1938, para proseguir con la etapa de afirmación de la llamada “escuela de La Habana” entre las décadas del 30 al 50 del pasado siglo. Bajo la denominación de “Con la revolución todo, contra la Revolución nada” se adentra la exhibición en su cuarto acápite para culminar con el sugerente título de “La revolución y yo˝ dedicado al arte contemporáneo. 

Andrés García Benítez - Portada de la revista Carteles - 1936
Wifredo Lam - El rumor - 1943

Más de cuarenta colecciones, entre privadas e institucionales, brindaron gentilmente sus piezas para el disfrute público, en un verdadero encuentro signado por la especial confraternidad que solo el arte procura. Artistas como Carlos Garaicoa, Manuel Piña y René Peña prestaron piezas de su autoría. Importantes instituciones como el Museo Metropolitano de Nueva York prestó parte de la serie “El crimen de Cuba” con las fotografías originales de Walker Evans tomadas en La Habana en pleno machadato. El Museo de Arte Moderno de NY, por su parte, ofreció piezas de autores célebres de nuestro movimiento moderno: obras como Huracán, de Mario Carreño, o un espléndido Gallo de Mariano fechado en 1941, se vieron las caras por primera vez en mucho tiempo con nuestros tesauros. Un bellísimo Lam, Mofumba, procedente de una colección particular de Chicago, se reunió con una  magnífica pintura sobre papel del Centro George Pompidou francés y con la poderosa colección cubana del gran maestro moderno. 

Con relación al arte contemporáneo, se congregaron también excelentes obras de Kcho y Los Carpinteros adquiridas por el MoMA con nuestras piezas. Un préstamo esencial fue el de la Galería Continua, en Italia, que nos dio la posibilidad de admirar esa poderosa instalación de Carlos Garaicoa que es Ahora juguemos a desaparecer III (2002). 

El catálogo de la muestra, con su bien escogida obra maestra de portada, luce El intelectual, de Marcelo Pogolotti, en un espléndido diseño de buen gusto y sobriedad. Volumen de 424 páginas, este libro recoge ensayos de veintiún autores, especialistas todos en diversas materias concernientes al arte cubano.

Una impresionante logística debió ser desplegada en esta ¡Cuba! Arte e Historia!, a fin de que las obras participantes viajaran debidamente embaladas y aseguradas. Un  sobresaliente equipo de restauradores, conservadores, transportistas, documentalistas y fotógrafos de ambos países  logró con verdadero éxito preservar las obras y ponerlas a disposición pública. 

Una de las obras más esperadas en Canadá ha sido el mural del Salón de Mayo realizado en La Habana en 1967 por un carismático conjunto de artistas e intelectuales europeos. Organizado por iniciativa de Wifredo Lam, quien logró trasladar el famoso salón anual parisino a las aguas caribeñas, este acto de pintura colectiva fue expresión de la solidaridad de muchos intelectuales extranjeros hacia la triunfante revolución cubana. Ubicado, en razón de sus grandes dimensiones, en una sala independiente de la planta baja del Museo de Bellas Artes de Montreal, y subrayado grandemente por la prensa, el mural se convirtió en una verdadera fiesta visual para el público. Ante tal explosión pictórica solo pudimos colocar en la misma estancia la antológica Granada de Los Carpinteros, cuya potencial  y soberbia estampida equilibró dignamente la importancia del histórico mural. 

Y como hay muchas cosas que no pueden preverse, los mismos curadores y trabajadores de ambos museos nos quedamos atónitos al ver que Mary, la retratada por Arche hace setenta años, se convirtió, sin permiso alguno, en icono visual de la exposición. Por eso, si Ud. pasa por el número 1380 de la calle Sherbooke,  Cuba y Mary lo saludarán. 

Corina Matamoros


[1] Nota originalmente publicada en La Jiribilla. (www.lajiribilla.cu)

[2] Itineró, durante el 2006, por el Centro Cultural Banco de Brasil de las siguientes ciudades: São Paulo, Río de Janeiro, Brasilia y Curitiba.

[3] Originalmente publicado en La ventana abierta, Boletín Digital del Museo Nacional de Bellas Artes, a propósito de la muestra ¡Cuba! Arte e historia. De 1868 a nuestros días, actualmente en exhibición en el Museo de Bellas Artes de Montreal.