Crear la escena: una historia breve del mercado de arte en Miami

ELIZABETH CEREJIDO
Trad. DINORAH PÉREZ


José Bedia - Naufragios - Rubell Family Collection - Foto cortesía del artista

 

Una foto simple del mercado del arte:…Jerarquía fluctuante de galeristas, curadores,
 especialistas de casas de subasta, críticos de arte, académicos, consejeros, y un
grupo  variado de clase media que se ponen de acuerdo para facilitar
 el movimiento y  venta de arte… Como en cualquier otro Mercado,
 aquel que posee  la mejor información, es quien  logra hacer el mejor negocio
. [1]

Si quisiéramos escribir sobre la historia del mercado de arte en Miami, el fenómeno de Art Basel Miami Beach es un buen punto para comenzar. Nos permitiría de alguna manera tener una perspectiva más clara sobre el complejo desarrollo que ha alcanzado la ciudad en las últimas dos décadas. Este ensayo analiza su evolución a la vez que enfatiza el papel que juega el arte latinoamericano como uno de los factores primordiales para sentar las bases de la posición privilegiada que ocupa hoy la ciudad dentro del circuito del arte internacional.

Art Basel Miami Beach es considerada una de las ferias más importantes de arte contemporáneo, superada únicamente por su progenitora Art Basel en Suiza. Cuando los organizadores de la prestigiosa feria europea decidieron conquistar el mercado americano en 1999, enseguida se percataron de que Miami “tenía un potencial cultural considerable”. [2] Potencial que se ha materializado hoy, contribuyendo a incrementar el capital cultural de la ciudad. El boom del arte latinoamericano en el mercado, el fortalecimiento de los patrocinadores y las inversiones hechas por los coleccionistas, son algunos de los elementos que han facilitado la realización de este sueño. Por otro lado, la inserción de artistas locales en el mercado de arte nacional e internacional, así como la posibilidad de exhibir en museos de renombre, ha contribuido a la diversidad cultural y como consecuencia a la gestación de nuevos talentos que luego ocuparían un lugar destacado dentro del campo de las artes visuales.

Existe un pensamiento generalizado de que Art Basel puso a Miami en el mapa, ayudó a legitimizar su escena artística y atrajo a miles de coleccionistas. Nótese, por ejemplo, que la feria se celebra durante una semana en diciembre, momento estratégico para disfrutar de una temperatura cálida y acogedora en la llamada ciudad del sol. Y es que había que aprovechar el hecho de que la mayoría de las personas asociaban a Miami con imágenes de playas y personas exhibiendo a toda hora sus pieles tostadas, autos extremadamente decorados y largas hileras de edificios art deco pintados con tonalidades pasteles (sobre todo en la zona de South Beach). Era el perfecto escenario para organizar la feria de arte más importante del mundo. Sin embargo, hoy por hoy el motor impulsor de la feria así como la idea predominante sobre la ciudad se alejan un poco de esta perspectiva.

A pesar del decaimiento económico experimentado en los últimos años, el éxito de Art Basel –ya en su séptima edición– parece indetenible. El año pasado se presentaron 200 galerías de treinta países, y las ventas alcanzaron niveles excepcionales. [3] En un esfuerzo por respetar la condición innovadora de la feria, se incluyeron un gran número de actividades experimentales y alternativas como la creación de un espacio para el video-arte curado por Michael Darling del Museo de Arte de Seattle, una sala para las obras de sonido organizado por P.S.1 Venue de Nueva York, Art Nova –que mostraba las piezas de los artistas más jóvenes– y los gabinetes dedicados a exponer el trabajo de un artista o un tipo de obra específica, etc. Las festividades tenían lugar en las tardes-noches y concluían con un concierto gratis de Iggy Pop y los Sooges como parte del programa de “El arte ama la música” de la feria.

Art Basel excede las expectativas públicas gracias al apoyo incondicional de los museos locales que contribuyen con excelentes exhibiciones y otros eventos culturales. Es necesario mencionar que la aparición de una serie de ferias satélites, SCOPE, PULSE, NADA, Photo Miami y AIPAD, entre otras, amplían las posibilidades del proyecto inicial. Para estas ferias que tienen un carácter menos oficial se construye tiendas de campaña que son muy atractivas por sus diseños artísticos alternativos. Londres, Nueva York, y los Hamptons son otros lugares donde se presentan ferias similares que, aunque incluyen galerías menos reconocidas, ofrecen una vista variada de lo más novedoso dentro del arte contemporáneo internacional.

La ciudad de Miami antes de Art Basel

Aunque existen inevitables estereotipos y clichés asociados con Miami, la imagen de una comunidad más compleja que lucha por defender su propia identidad se concretiza en los tempranos noventas. Igual que un adolescente en desarrollo, el dolor creciente de la ciudad era evidente en la manera en que se trataba de acomodar a los nuevos inmigrantes que llegaban de varias partes de América Latina y del mundo. Este dinamismo multicultural facilitó el que Miami se convirtiera en un sitio de fuertes contradicciones que incrementarían su poder económico y político.

Dentro del paisaje social y cultural descrito, las artes encontraron un florecimiento que tuvo que ver en parte con el boom experimentado por el arte latinoamericano. El éxito comercial obtenido en las famosas casas de subasta de Christies y Sothebys tuvo un sólido efecto en la ciudad, lo cual se refleja en el tipo de trabajo que se comenzó a exhibir en las galerías de Coral Gables –área donde viven las clases media y alta de Miami. En Coral Gables se organizó el primer “paseo” mensual por las galerías, reuniendo un público afluente pero conservador, compuesto en su mayoría por inmigrantes de América Latina. 

Virginia Miller, Gary Nader y Elite Fine Art, que habían estado en Coral Gables desde 1980, pronto se encontraron compitiendo con otras galerías tales como Freites-Revilla (Venezuela/Panamá), Quintana (Colombia), Jorge Sori (Miami), Ambrosio (Venezuela), entre otras. Se difundió ampliamente el trabajo de Fernando Botero, Guillermo Kuitca y Francisco Zúñiga, cuyas obras se vendía sin parar en las casas de subasta. De ahí que renombrados coleccionistas de México, Colombia, Panamá y Puerto Rico se dedicaran a reforzar este tipo de mercado que ubicó a Miami como núcleo central.

¡Los Cubanos (de los 80) llegaron ya! (a Miami) [4]

La llegada de una serie de artistas cubanos a los que se conocía como parte de “la generación de los 80” marcó otro momento definitorio en la escena artística de Miami, que afectaría su mercado en gran medida. Entre los nombres más prominentes se encuentran José Bedia, Glexis Novoa, Rubén Torres Llorca, Ana Albertina Delgado y Rogelio López Marín (Gory). Su trabajo, con un claro énfasis en el desarrollo de un lenguaje formal y conceptual a la hora de tratar temas socio-políticos y a la vez impregnado de una notable intensidad personal, tuvo un profundo efecto en el entonces aburguesado escenario local. Muchos de estos artistas consiguieron ser representados por galerías importantes tales como Fred Snitzer, cuyo espacio se localizaba al oeste de Coral Gables. Aunque Snitzer cambiaría el criterio de selección de sus artistas años más tarde, el reconocido galerista aún representa a José Bedia, uno de los más notables y quizás el mejor establecido dentro del grupo de creadores cubanos. Pero en sentido general, todos los recién llegados encontraron un fuerte apoyo por parte de coleccionistas y galeristas, lo cual coadyuvó a acentuar el dinamismo cultural de la escena artística naciente.


Colecciones Privadas y Respaldo Público

A medida que se iban fortaleciendo las raíces del mercado de arte latinoamericano en Coral Gables, otros factores significativos comienzan a influir en el cambio indetenible del paisaje cultural de la ciudad. Coleccionistas influyentes como Don y Mera Rubell, Martin Z. Margulies, Norman Braman, Rosa y Carlos de la Cruz, Debra y Denis Scholl, todos con conexiones internacionales de envergadura, juegan un papel crucial a la hora de catapultar la una vez atrasada escena artística de Miami, convirtiéndola en uno de los sitios cardinales dentro del arte contemporáneo dentro y fuera de los Estados Unidos. En 1998, las personalidades mencionadas fueron incluidas en un listado publicado en la revista ArtNews donde aparecían los 200 coleccionistas más importantes del mundo. Dichos individuos “no solamente compran arte contemporáneo –o hacen que galeristas de diferentes países se interesen en descubrir la obra de artistas locales– sino que también se dedican a reforzar y expandir la vida cultural en la ciudad”. [5] Se puso a disposición del público miamense la colección de la Familia Rubell, el almacén de los Margulies –con una muestra impresionante de fotografía y escultura moderna y contemporánea–, World Boxing de los Scholl; mientras que las colecciones privadas de Braman y los de la Cruz abren sus puertas a los tours privados que se efectúan durante las festividades de Art Basel. Esto es sólo un ejemplo del papel que juegan los coleccionistas en la promoción y desarrollo de las artes visuales en la localidad. Muchos de ellos pertenecen a la red de consejería de los museos que tienen acceso directo a aquellas obras de arte que pueden pasar a formar parte de las colecciones permanentes. De ahí que la gran mayoría defienda la idea de insertar el trabajo de los artistas de Miami en las colecciones de museos locales y nacionales.

La colección de la familia Rubell se ha convertido en una de las más sobresalientes.  Contiene obras de Basquiat, Cindy Sherman, Damien Hirst, el dúo británico de Gilbert y George, Christian Boltanski, Morimura, los Chapmans, que son incluidas en exposiciones rotativas durante todo el año. Cuenta además con una sala dedicada a la investigación –que está siempre disponible para los estudiantes de arte– y una librería que funciona como una especie de sucursal de la archiconocida compañía de publicación Phaidon. Por si fuera poco, los Rubell han sido fieles seguidores de varios artistas locales, cuyas obras han comprado e incluido en exhibiciones colectivas durante Art Basel.

Otro caso de filantropía privada convertida en patrocinio público es el de CIFO, creada por Ella Fontanal-Cisneros. CIFO es una institución cultural de arte contemporáneo, cuya misión se concentra en apoyar el trabajo de “artistas de Latinoamérica que retan paradigmas tradicionales y estereotipos asociados con el arte de América Latina”. [6] Además de exhibir piezas de la colección privada de la Cisneros, CIFO presenta exposiciones que incluyen obras de los artistas ganadores del programa de comisiones. Cada año, diez creadores de América Latina son seleccionados por un comité de respetables académicos y obtienen el derecho a participar en una exposición colectiva que es subvencionada por CIFO. Sistemas de interrogación (Interrogating Systems) es el título del proyecto curatorial presentado recientemente que reúne el trabajo de artistas semi-establecidos de varios países de América Central y del Sur. Formas de Clasificación: Conocimiento alternativo  y arte contemporáneo, organizada por la curadora en jefe de CIFO Cecilia Fajardo-Hill, y Los sitios de la abstracción latinoamericana curada por Juan Ledezma resaltan entre las exposiciones pasadas. Ambas ilustran el ímpetu institucional por tratar temas que no habían sido explorados en el arte latinoamericano contemporáneo, situando el trabajo de los artistas dentro de un contexto global. La fuerza de CIFO como institución se nutre de una impresionante pizarra de directores que reúne individuos provenientes de diferentes centros urbanos de América Latina, y personalidades reconocidas dentro de la cultural visual contemporánea. Ella Cisneros es miembro además del Consejo Directivo del Museo de Arte de Miami, interconexión que la ayuda –como coleccionista– a familiarizarse con el trabajo de los artistas y otras temáticas específicas que definen el mercado de arte en la ciudad.

Más allá de Art Basel: Factores que definen hoy en día la ciudad de Miami

El distrito de arte de Wynwood constituye un reflejo fehaciente del crecimiento dinámico, innovador, y jovial del escenario creativo de Miami. Wynwood emerge de la necesidad de encontrar nuevos espacios alternativos que respondieran al tipo de arte que se estaba haciendo en la ciudad. Si bien es cierto que la dominante presencia del arte latinoamericano y su éxito comercial contribuyó a la estimulación del mercado local en los 90s, también trajo aparejado la aparición de un circuito público que defendía el trabajo más experimental. Como respuesta a la falta de sitios alternativos, los artistas comenzaron a crear sus propios espacios, que contradecían el criterio de las galerías comerciales. Locust Projects, fundado por tres artistas residentes en Miami, Wes Charles, Cooper y Elizabeth Withstandley, ilustra espléndidamente este fenómeno. Iniciativas como estas eran vitales para insuflar un poco de energía renovadora al área en cuestión. Se comenzó a exhibir obras de artistas internacionales hechas en soportes menos rígidos y dogmáticos que enseguida atrajeron la atención y el apoyo de coleccionistas prominentes.

El surgimiento de un circuito alternativo justo en la zona norte del downtown de Miami marcó un punto de giro en la demografía del quehacer artístico de la ciudad. Como resultado, galeristas más establecidos decidieron acercarse al distrito con intenciones similares. Entre ellos, se encontraban Fred Snitzer y Kevin Bruk, quienes, una vez ubicados en el nuevo espacio, se dieron a la tarea de aceptar trabajos de artistas noveles, conquistando así un público joven que hoy por hoy acude fielmente a sus inauguraciones. Vale decir como dato curioso que sólo dos galerías en la ciudad han logrado ser “calificadas” para participar en Art Basel, y una de ellas es la de Fred Snitzer. Sin embargo, hoy en día, la zona de Wynwood disfruta de una serie de galerías nuevas, dirigidas por jóvenes innovadores que forman parte de una nueva generación de galeristas, dispuestos a contribuir al crecimiento cultural de esta zona, manteniendo una línea experimental con énfasis en representar artistas que marcan tendencias del arte contemporáneo internacional.  De ellas se puede hablar de Diet Gallery, dirigida por Nina Johnson, Spinello Gallery, 20/20, entre muchos otros. En Diet Gallery, por ejemplo, la programación a principios de año, incluyo todo un mes de performance por la artista Colombiana Maria Jose Arjona. En ella Arjona realizó un performance donde diariamente, a través de un gesto –como podía ser escribir con tiza obsesivamente en las paredes de la galería por 8 horas o cantar karaoke acompañando una canción de Edith Piaf hasta quedarse sin voz– enfatizaba el rito de la repetición. 

Los artistas emergentes representados por Snitzer, Hernán Bas, Naomi Fischer, Bert Rodríguez, Juan Espinoza y recientemente Michael Vázquez, son casi todos graduados de New World School of the Arts, una de las pocas academias de arte de la ciudad y la más pretendida. ¿El éxito comercial y de crítica alcanzado por el trabajo de estos jóvenes refiere a la definición del término “Escuela de Miami”, o apunta a la manera en que cada uno de ellos desarrolla una estética propia, así como ciertos valores conceptuales que enriquecen su obra individual, la cual puede o no ser asociada con “Miami”? Sus trabajos se han beneficiado de una cadena de eventos que transcurren a una velocidad infinita: pasan de las manos del galerista al coleccionista, son descubiertos por los miembros de la consejería museística, y por último, comienzan a formar parte de las colecciones permanentes del museo. Semejante trayectoria indica el motor poderoso y la sólida red de apoyo que alimenta el mercado local del arte al que hacíamos referencia anteriormente. 

Este año, piezas de Bert Rodríguez, Adler Guerrier y William Córdoba, todos artistas de Miami, fueron incluidas en la Bienal de Whitney, el evento de artes visuales más importante de los Estados Unidos –considerado como el barómetro a través del cual puede medirse lo más innovador dentro del arte americano contemporáneo. Otros artistas locales como Mark Handforth y John Espinosa ya habían participado en ediciones anteriores. La presencia de estos artistas en la Bienal de Whitney corrobora la idea de que los curadores en su búsqueda por nuevas y atractivas obras han desviado su atención hacia el sur de la Florida como un sitio de amplias posibilidades. ¿Será que también el mercado de Miami podrá en breve compararse con aquel de Los Ángeles o Nueva York?

Romper con estereotipos latinoamericanos: mirar hacia el futuro

El escenario artístico de Miami ha dejado de ser “dominado por artistas cubanos y latinoamericanos para ofrecer una mayor diversidad creativa que responde con más eficacia a los intereses del mercado internacional”. [7] (Quizás la única buena dosis de folklore latino de la cual disfrutan los seguidores de la feria es la de la cafetería de Enriqueta en el distrito de Wynwood.) El historiador de arte David Castillo, que creció en Miami pero realizó sus estudios en otra ciudad, es director de una de las galerías más visitadas. Su espacio, al igual que el de Snitzer, ha sido seleccionado para participar en Art Basel Miami Beach. Muchos de los artistas representados por Castillo son cubano-americanos o de ascendencia latina; entre ellos: Leyden Rodríguez-Casanova, Frances Trombly, Quisqueya Henriquez, Alexis Novoa y Wendy Wisher.  Sin embargo, no es precisamente el discurso identitario lo que le permite al galerista vender en el mercado. La fuerza de Castillo radica en conquistar una audiencia mucho más amplia, interesada en tendencias más universales, sinónimo del crecimiento y la diversidad del público de Miami. El galerista enfatiza las variadas estrategias conceptuales y los procesos de trabajo de sus artistas  como denominador común para establecer nuevos parámetros que trascienden estrictas y a veces estereotipadas definiciones dentro del arte contemporáneo.

Castillo siempre menciona la palabra longevidad para referirse al escenario artístico de Miami. Para algunos que asocian la ciudad con un trasiego constante de individuos, esta idea podría resultar un poco fuera de lugar. Y es que Miami ha servido de refugio a tantas personas –haitianos, venezolanos, colombianos, cubanos…– que no pueden vivir donde quieren o donde piensan que deben estar. Por mucho tiempo, el sentido de pertenecer a un lugar determinado (que existe sólo en nuestra memoria) creó un pathos del exilio que actualmente está comenzando a manifestarse de otra manera. Los miamenses ahora empiezan a reconocerse como verdaderos habitantes de la ciudad, invierten tiempo y dinero, creen en las posibilidades que la ciudad les brinda. El sentido comunitario se convierte en fuerza impulsora. Las inversiones se reflejan en el apoyo incondicional que los coleccionistas brindan al arte producido en Miami, comprometidos a dejar un legado valioso en la ciudad, lo cual continúa siendo un factor significativo en el crecimiento y evolución de las artes. El hecho de que Miami pueda tener una “longevidad” (léase, tener una historia) demuestra el tipo de imagen que se proyecta en estos momentos: la continua inversión de la ciudad en el capital cultural crea las bases para su longevidad.  

Incrementar el Capital Cultural de Miami

Uno de los indicadores del capital cultural de la comunidad se encuentra en la calidad de sus museos y otras asociaciones culturales. El Museo de Arte de Miami (MAM), una de las instituciones más importantes de la ciudad, cuya misión se centra en exhibir el arte del Hemisferio Occidental de los siglos XX y XXI, ha estado coleccionando obras de artistas reconocidos desde hace más de una década.

El MAM junto al Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) se ha dado a la tarea de incluir el trabajo de creadores residentes en Miami en exposiciones que recurren a la representación de la ciudad como pretexto curatorial y otras que trascienden temáticas referidas a cuestiones locales. Entre estos proyectos podríamos mencionar New Work Miami (2000) que, a través de una serie de exhibiciones individuales consecutivas, dio al público la posibilidad de conocer el trabajo de ocho artistas de Miami. También se debe destacar la importancia de Light and Atmosphere (2005) organizada por Cheryl Hartup, antigua curadora asociada del museo, y Shadows, Disappearances and Ilusions, un proyecto más reciente que contiene obras de artistas locales como María Martínez-Cañas, Matt Schreiber y Cooper junto al trabajo de los internacionalmente renombrados Joseph Cornell, Jan Dibbets y Regina Silveira. Todos forman parte de la colección permanente del museo. Otras propuestas, dentro de las que se encuentran Miami in Transition y Miami Currents: Linking Community and Collection (2003) se han concentrado en resaltar el tema de la ciudad.

El MOCA, como se ha apuntado, ha sido otra de las instituciones dedicadas a apoyar a los creadores locales. Bonnie Clearwater, directora del prestigioso centro, devino una de las primeras visionarias que ayudó a afianzar la carrera de numerosos artistas jóvenes gracias a proyectos como The House at MOCA (2001) con obras de Bahkti Baxter, Martin Opel y Daniel Arsham, y la preparación de otras exposiciones que incluían algunos trabajos de la colección permanente. Es necesario mencionar por su importancia Defining the Nineties: Consensus Making in New York, Miami, y Los Angeles; así como Making Art in Miami: Travels in Hyperreality (2000-2001).

En breve el MAM formará parte del futuro Museum Park, un proyecto de urbanización que consiste en la construcción de un museo y un parque frente al boulevard de Biscayne en el downtown de Miami. El parque constituye “un catalizador para la transformación del downtown de Miami y a su vez juega un papel fundamental en el esfuerzo que hace la ciudad por crear La Gran Miami, capital global del siglo XXI”. [8] El Museo de Ciencias y una sucursal del Museo Histórico del Sur de la Florida serán incluidos también como parte del proyecto. Otro dato interesante que se debe añadir es el hecho de que el nuevo edificio del MAM será llevado a cabo por Herzo & Meuron, notable equipo de diseñadores radicados en Basilea, Suiza. Con incursiones en Europa, Norteamérica y Asia, el prestigioso equipo es mayormente conocido por la transformación de la planta de energía de la Tate Modern de Londres (2000), el Museo Joven de San Francisco (2005) y la expansión del Walker Art Center de Miniápolis (2005). El edificio del Museum Park dará un impulso a la escena cultural de la ciudad.

Por último, es necesario mencionar que la construcción de The Patricia & Phillip Frost Art Museum en la Universidad Internacional de la Florida, ubicada al suroeste de Miami, unido a la reciente remodelación del MOCA al norte, es otro ejemplo de la sólida manera en que la ciudad se prepara para competir con otros mercados dentro y fuera del país.

Si el éxito del mercado del arte, como cualquier otro mercado, radica en la idea de que “aquel que posee la mejor información es quien logra hacer el mejor negocio”, entonces los organizadores de la feria de Art Basel estaban en lo cierto cuando desviaron su atención hacia Miami. Pero más allá del interés público que Art Basel Miami Beach puede generar a nivel nacional e internacional, Miami continuará escribiendo su propia historia como ciudad global del siglo XXI.



* Curadora e Investigadora indepediente.

[1] Art Basel Miami Beach. Catálogo, 2007, p. 362

[2] Elisa Turner: Miami Contemporary Artists, (foreword by Paul Clemence and Julie Davidow), Atglen: Schiffer, 2007, p. 8.

[3] Roni Feinstein: “Miami: After the Fairs”, Art in America, March 2008: v 96 no 3.

[4] En referencia al título de una serie de exhibiciones organizadas por Nina Menocal en México D.F tras el arribo de dicha generación desde Cuba en 1991.

[5] Roni Feinstein: “Miami Heats Up”, Art in America, Nov 1999: v 87 no 11, p.58-69.

[6] Tomado del sitio de CIFO: www.cifo.org

[7] George Yúdice:  “The Globalization of Latin America:  Miami”, The Expediency of Culture, Duke, 2004, p. 208.

[8] Tomado de un comunicado de prensa del Museo de Arte de Miami.

 


Art Basel 2006   Frances Trombly - Aftermath Remnants - Foto cortesía de David Castillo Gallery
     
Frances Trombly- Receipt - 2008 -  Cortesía del artista y David Castillo Gallery   Hernan Bas - Ocean's Symphony- Rubell Family Collection
     
Hernan Bas - The Hunter - 2004   José Bedia - Naufragios - Rubell Family Collection - Foto cortesía del artista
Wendy Wischer- Full to Wailing and Back Again - 2005 - Cortesía del artista Wendy Wischer- Angels & Ancestors III - 2007 - Cortesía del artista y David Castillo Gallery
ShanghArt - Supermarket -2007 Norbert Rodriguez - Autorretrato - Sinister David - 2007
  Museo de Arte de Miami - Modelo de interior diseñado por Herzog & de Meuron