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| José Bedia - Naufragios - Rubell Family Collection - Foto cortesía del artista |
Una foto simple del
mercado del arte:…Jerarquía fluctuante de galeristas, curadores, Si
quisiéramos escribir sobre la historia del mercado de arte
en Miami, el fenómeno de Art Basel Miami Beach es un buen
punto para comenzar. Nos permitiría de alguna manera tener
una perspectiva más clara sobre el complejo desarrollo que
ha alcanzado la ciudad en las últimas dos décadas. Este
ensayo analiza su evolución a la vez que enfatiza el papel
que juega el arte latinoamericano como uno de los factores
primordiales para sentar las bases de la posición privilegiada
que ocupa hoy la ciudad dentro del circuito del arte internacional.
Art
Basel Miami Beach es considerada una de las ferias más importantes
de arte contemporáneo, superada únicamente por su progenitora
Art Basel en Suiza. Cuando los organizadores de la prestigiosa
feria europea decidieron conquistar el mercado americano
en 1999, enseguida se percataron de que Miami “tenía un
potencial cultural considerable”.
[2]
Potencial que se ha materializado hoy, contribuyendo
a incrementar el capital cultural de la ciudad. El boom
del arte latinoamericano en el mercado, el fortalecimiento
de los patrocinadores y las inversiones hechas por los coleccionistas,
son algunos de los elementos que han facilitado la realización
de este sueño. Por otro lado, la inserción de artistas locales
en el mercado de arte nacional e internacional, así como
la posibilidad de exhibir en museos de renombre, ha contribuido
a la diversidad cultural y como consecuencia a la gestación
de nuevos talentos que luego ocuparían un lugar destacado
dentro del campo de las artes visuales. Existe
un pensamiento generalizado de que Art Basel puso a Miami
en el mapa, ayudó a legitimizar su escena artística y atrajo
a miles de coleccionistas. Nótese, por ejemplo, que la feria
se celebra durante una semana en diciembre, momento estratégico
para disfrutar de una temperatura cálida y acogedora en
la llamada ciudad del sol. Y es que había que aprovechar
el hecho de que la mayoría de las personas asociaban a Miami
con imágenes de playas y personas exhibiendo a toda hora
sus pieles tostadas, autos extremadamente decorados y largas
hileras de edificios art deco pintados con tonalidades pasteles
(sobre todo en la zona de South Beach). Era el perfecto
escenario para organizar la feria de arte más importante
del mundo. Sin embargo, hoy por hoy el motor impulsor de
la feria así como la idea predominante sobre la ciudad se
alejan un poco de esta perspectiva. A
pesar del decaimiento económico experimentado en los últimos
años, el éxito de Art Basel –ya en su séptima edición– parece
indetenible. El año pasado se presentaron 200 galerías de
treinta países, y las ventas alcanzaron niveles excepcionales.
[3]
En un esfuerzo por respetar la condición innovadora
de la feria, se incluyeron un gran número de actividades
experimentales y alternativas como la creación de un espacio
para el video-arte curado por Michael Darling del Museo
de Arte de Seattle, una sala para las obras de sonido organizado
por P.S.1 Venue de Nueva York, Art Nova –que mostraba las
piezas de los artistas más jóvenes– y los gabinetes dedicados
a exponer el trabajo de un artista o un tipo de obra específica,
etc. Las festividades tenían lugar en las tardes-noches
y concluían con un concierto gratis de Iggy Pop y los Sooges
como parte del programa de “El arte ama la música” de la
feria. Art
Basel excede las expectativas públicas gracias al apoyo
incondicional de los museos locales que contribuyen con
excelentes exhibiciones y otros eventos culturales. Es necesario
mencionar que la aparición de una serie de ferias satélites,
SCOPE, PULSE, NADA, Photo
Miami y AIPAD, entre otras, amplían las posibilidades del
proyecto inicial. Para estas ferias que tienen un carácter
menos oficial se construye tiendas de campaña que son muy
atractivas por sus diseños artísticos alternativos. Londres,
Nueva York, y los Hamptons son otros lugares donde se presentan
ferias similares que, aunque incluyen galerías menos reconocidas,
ofrecen una vista variada de lo más novedoso dentro del
arte contemporáneo internacional. La ciudad de Miami antes de Art Basel Aunque
existen inevitables estereotipos y clichés asociados con
Miami, la imagen de una comunidad más compleja que lucha
por defender su propia identidad se concretiza en los tempranos
noventas. Igual que un adolescente en desarrollo, el dolor
creciente de la ciudad era evidente en la manera en que
se trataba de acomodar a los nuevos inmigrantes que llegaban
de varias partes de América Latina y del mundo. Este dinamismo
multicultural facilitó el que Miami se convirtiera en un
sitio de fuertes contradicciones que incrementarían su poder
económico y político. Dentro
del paisaje social y cultural descrito, las artes encontraron
un florecimiento que tuvo que ver en parte con el boom
experimentado por el arte latinoamericano. El éxito comercial
obtenido en las famosas casas de subasta de Christies y
Sothebys tuvo un sólido efecto en la ciudad, lo cual se
refleja en el tipo de trabajo que se comenzó a exhibir en
las galerías de Coral Gables –área donde viven las clases
media y alta de Miami. En Coral Gables se organizó el primer
“paseo” mensual por las galerías, reuniendo un público afluente
pero conservador, compuesto en su mayoría por inmigrantes
de América Latina. Virginia
Miller, Gary Nader y Elite Fine Art, que habían estado en
Coral Gables desde 1980, pronto se encontraron compitiendo
con otras galerías tales como Freites-Revilla (Venezuela/Panamá),
Quintana (Colombia), Jorge Sori (Miami), Ambrosio (Venezuela),
entre otras. Se difundió ampliamente el trabajo de Fernando
Botero, Guillermo Kuitca y Francisco Zúñiga, cuyas obras
se vendía sin parar en las casas de subasta. De ahí que
renombrados coleccionistas de México, Colombia, Panamá y
Puerto Rico se dedicaran a reforzar este tipo de mercado
que ubicó a Miami como núcleo central. ¡Los Cubanos (de los 80) llegaron ya! (a Miami)
[4]
La
llegada de una serie de artistas cubanos a los que se conocía
como parte de “la generación de los
A
medida que se iban fortaleciendo las raíces del mercado
de arte latinoamericano en Coral Gables, otros factores
significativos comienzan a influir en el cambio indetenible
del paisaje cultural de la ciudad. Coleccionistas influyentes
como Don y Mera Rubell, Martin Z. Margulies, Norman Braman,
Rosa y Carlos de La
colección de la familia Rubell se ha convertido en una de
las más sobresalientes. Contiene obras de Basquiat, Cindy Sherman, Damien
Hirst, el dúo británico de Gilbert y George, Christian Boltanski,
Morimura, los Chapmans, que son incluidas en exposiciones
rotativas durante todo el año. Cuenta además con una sala
dedicada a la investigación –que está siempre disponible
para los estudiantes de arte– y una librería que funciona
como una especie de sucursal de la archiconocida compañía
de publicación Phaidon. Por si fuera poco, los Rubell han
sido fieles seguidores de varios artistas locales, cuyas
obras han comprado e incluido en exhibiciones colectivas
durante Art Basel. Otro
caso de filantropía privada convertida en patrocinio público
es el de CIFO, creada por Ella Fontanal-Cisneros. CIFO es
una institución cultural de arte contemporáneo, cuya misión
se concentra en apoyar el trabajo de “artistas de Latinoamérica
que retan paradigmas tradicionales y estereotipos asociados
con el arte de América Latina”.
[6]
Además de exhibir piezas de la colección privada
de Más allá de Art Basel: Factores que definen hoy en
día la ciudad de Miami El
distrito de arte de Wynwood constituye un reflejo fehaciente
del crecimiento dinámico, innovador, y jovial del escenario
creativo de Miami. Wynwood emerge de la necesidad de encontrar
nuevos espacios alternativos que respondieran al tipo de
arte que se estaba haciendo en la ciudad. Si bien es cierto
que la dominante presencia del arte latinoamericano y su
éxito comercial contribuyó a la estimulación del mercado
local en los 90s, también trajo aparejado la aparición de
un circuito público que defendía el trabajo más experimental.
Como respuesta a la falta de sitios alternativos, los artistas
comenzaron a crear sus propios espacios, que contradecían
el criterio de las galerías comerciales. Locust Projects,
fundado por tres artistas residentes en Miami, Wes Charles,
Cooper y Elizabeth Withstandley, ilustra espléndidamente
este fenómeno. Iniciativas como estas eran vitales para
insuflar un poco de energía renovadora al área en cuestión.
Se comenzó a exhibir obras de artistas internacionales hechas
en soportes menos rígidos y dogmáticos que enseguida atrajeron
la atención y el apoyo de coleccionistas prominentes. El
surgimiento de un circuito alternativo justo en la zona
norte del downtown de Miami marcó un punto de giro en la demografía del quehacer
artístico de la ciudad. Como resultado, galeristas más establecidos
decidieron acercarse al distrito con intenciones similares.
Entre ellos, se encontraban Fred Snitzer y Kevin Bruk, quienes,
una vez ubicados en el nuevo espacio, se dieron a la tarea
de aceptar trabajos de artistas noveles, conquistando así
un público joven que hoy por hoy acude fielmente a sus inauguraciones.
Vale decir como dato curioso que sólo dos galerías en la
ciudad han logrado ser “calificadas” para participar en
Art Basel, y una de ellas es la de Fred Snitzer. Sin embargo,
hoy en día, la zona de Wynwood disfruta de una serie de
galerías nuevas, dirigidas por jóvenes innovadores que forman
parte de una nueva generación de galeristas, dispuestos
a contribuir al crecimiento cultural de esta zona, manteniendo
una línea experimental con énfasis en representar artistas
que marcan tendencias del arte contemporáneo internacional.
De ellas se puede hablar de Diet Gallery, dirigida
por Nina Johnson, Spinello Gallery, 20/20, entre muchos
otros. En Diet Gallery, por ejemplo, la programación a principios
de año, incluyo todo un mes de performance
por la artista Colombiana Maria Jose Arjona. En ella Arjona
realizó un performance donde diariamente, a través
de un gesto –como podía ser escribir con tiza obsesivamente
en las paredes de la galería por 8 horas o cantar karaoke
acompañando una canción de Edith Piaf hasta quedarse sin
voz– enfatizaba el rito de la repetición. Los
artistas emergentes representados por Snitzer, Hernán Bas,
Naomi Fischer, Bert Rodríguez, Juan Espinoza y recientemente
Michael Vázquez, son casi todos graduados de New World School
of the Arts, una de las pocas academias de arte de la ciudad
y la más pretendida. ¿El éxito comercial y de crítica alcanzado
por el trabajo de estos jóvenes refiere a la definición
del término “Escuela de Miami”, o apunta a la manera en
que cada uno de ellos desarrolla una estética propia, así
como ciertos valores conceptuales que enriquecen su obra
individual, la cual puede o no ser asociada con “Miami”?
Sus trabajos se han beneficiado de una cadena de eventos
que transcurren a una velocidad infinita: pasan de las manos
del galerista al coleccionista, son descubiertos por los
miembros de la consejería museística, y por último, comienzan
a formar parte de las colecciones permanentes del museo.
Semejante trayectoria indica el motor poderoso y la sólida
red de apoyo que alimenta el mercado local del arte al que
hacíamos referencia anteriormente.
Este
año, piezas de Bert Rodríguez, Adler Guerrier y William
Córdoba, todos artistas de Miami, fueron incluidas en Romper con estereotipos latinoamericanos: mirar hacia
el futuro El
escenario artístico de Miami ha dejado de ser “dominado
por artistas cubanos y latinoamericanos para ofrecer una
mayor diversidad creativa que responde con más eficacia
a los intereses del mercado internacional”.
[7]
(Quizás la única buena dosis de folklore latino
de la cual disfrutan los seguidores de la feria es la de
la cafetería de Enriqueta en el distrito de Wynwood.) El
historiador de arte David Castillo, que creció en Miami
pero realizó sus estudios en otra ciudad, es director de
una de las galerías más visitadas. Su espacio, al igual
que el de Snitzer, ha sido seleccionado para participar
en Art Basel Miami Beach. Muchos de los artistas representados
por Castillo son cubano-americanos o de ascendencia latina;
entre ellos: Leyden Rodríguez-Casanova, Frances Trombly,
Quisqueya Henriquez, Alexis Novoa y Wendy Wisher.
Sin embargo, no es precisamente el discurso identitario
lo que le permite al galerista vender en el mercado. La
fuerza de Castillo radica en conquistar una audiencia mucho
más amplia, interesada en tendencias más universales, sinónimo
del crecimiento y la diversidad del público de Miami. El
galerista enfatiza las variadas estrategias conceptuales
y los procesos de trabajo de sus artistas como denominador común para establecer nuevos
parámetros que trascienden estrictas y a veces estereotipadas
definiciones dentro del arte contemporáneo. Castillo
siempre menciona la palabra longevidad para referirse al
escenario artístico de Miami. Para algunos que asocian la
ciudad con un trasiego constante de individuos, esta idea
podría resultar un poco fuera de lugar. Y es que Miami ha
servido de refugio a tantas personas –haitianos, venezolanos,
colombianos, cubanos…– que no pueden vivir donde quieren
o donde piensan que deben estar. Por mucho tiempo, el sentido
de pertenecer a un lugar determinado (que existe sólo en
nuestra memoria) creó un pathos
del exilio que actualmente está comenzando a manifestarse
de otra manera. Los miamenses ahora empiezan a reconocerse
como verdaderos habitantes de la ciudad, invierten tiempo
y dinero, creen en las posibilidades que la ciudad les brinda.
El sentido comunitario se convierte en fuerza impulsora.
Las inversiones se reflejan en el apoyo incondicional que
los coleccionistas brindan al arte producido en Miami, comprometidos
a dejar un legado valioso en la ciudad, lo cual continúa
siendo un factor significativo en el crecimiento y evolución
de las artes. El hecho de que Miami pueda tener una “longevidad”
(léase, tener una historia) demuestra el tipo de imagen
que se proyecta en estos momentos: la continua inversión
de la ciudad en el capital cultural crea las bases para
su longevidad. Incrementar el Capital Cultural de Miami Uno
de los indicadores del capital cultural de la comunidad
se encuentra en la calidad de sus museos y otras asociaciones
culturales. El Museo de Arte de Miami (MAM), una de las
instituciones más importantes de la ciudad, cuya misión
se centra en exhibir el arte del Hemisferio Occidental de
los siglos XX y XXI, ha estado coleccionando obras de artistas
reconocidos desde hace más de una década. El
MAM junto al Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) se ha dado
a la tarea de incluir el trabajo de creadores residentes
en Miami en exposiciones que recurren a la representación
de la ciudad como pretexto curatorial y otras que trascienden
temáticas referidas a cuestiones locales. Entre estos proyectos
podríamos mencionar New Work Miami (2000) que, a través de
una serie de exhibiciones individuales consecutivas, dio
al público la posibilidad de conocer el trabajo de ocho
artistas de Miami. También se debe destacar la importancia
de Light and Atmosphere
(2005) organizada por Cheryl Hartup, antigua curadora asociada
del museo, y Shadows,
Disappearances and Ilusions, un proyecto más reciente
que contiene obras de artistas locales como María Martínez-Cañas,
Matt Schreiber y Cooper junto al trabajo de los internacionalmente
renombrados Joseph Cornell, Jan Dibbets y Regina Silveira.
Todos forman parte de la colección permanente del museo.
Otras propuestas, dentro de las que se encuentran Miami
in Transition y Miami
Currents: Linking Community and Collection (2003) se
han concentrado en resaltar el tema de la ciudad. El
MOCA, como se ha apuntado, ha sido otra de las instituciones
dedicadas a apoyar a los creadores locales. Bonnie Clearwater,
directora del prestigioso centro, devino una de las primeras
visionarias que ayudó a afianzar la carrera de numerosos
artistas jóvenes gracias a proyectos como The
House at MOCA (2001) con obras de Bahkti Baxter, Martin
Opel y Daniel Arsham, y la preparación de otras exposiciones
que incluían algunos trabajos de la colección permanente.
Es necesario mencionar por su importancia Defining the Nineties: Consensus Making in
New York, Miami, y Los Angeles; así como Making Art in Miami: Travels in Hyperreality (2000-2001). En
breve el MAM formará parte del futuro Museum Park, un proyecto
de urbanización que consiste en la construcción de un museo
y un parque frente al boulevard de Biscayne en el downtown
de Miami. El parque constituye “un catalizador para la transformación
del downtown de Miami y a su vez juega un papel
fundamental en el esfuerzo que hace la ciudad por crear
Por
último, es necesario mencionar que la construcción de The
Patricia & Phillip Frost Art Museum en Si
el éxito del mercado del arte, como cualquier otro mercado,
radica en la idea de que “aquel que posee la mejor información
es quien logra hacer el mejor negocio”, entonces los organizadores
de la feria de Art Basel estaban en lo cierto cuando desviaron
su atención hacia Miami. Pero más allá del interés público
que Art Basel Miami Beach puede generar a nivel nacional
e internacional, Miami continuará escribiendo su propia
historia como ciudad global del siglo XXI. * Curadora e Investigadora indepediente. [1] Art Basel Miami Beach. Catálogo, 2007, p. 362
[2]
Elisa Turner:
[3]
Roni Feinstein: “
[4]
En referencia al título de una
serie de exhibiciones organizadas por Nina Menocal en
México D.F tras el arribo de dicha generación desde Cuba
en 1991.
[5]
Roni Feinstein: “Miami Heats Up”, Art in America, Nov 1999: v 87 no 11, p.58-69.
[6]
Tomado del sitio de CIFO: www.cifo.org
[7]
George Yúdice: “The Globalization of Latin America:
[8]
Tomado de un comunicado de prensa
del Museo de Arte de Miami. |
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