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| De la serie Zona de Asalto - 6- 2006-2007 |
Cuando miramos la historia
de los pueblos latinoamericanos, jóvenes en su devenir, pero viejos
ya de tanto uso y abuso, cabe preguntarse cómo asumir una idea
o imagen de lo que somos sin que interfiera la visión desde fuera,
la tipificación de cierto modo de ser y existir, una nueva identidad
que bien podría ser otra forma de coloniaje. No es gratuito que en
los últimos años del convulso siglo xx
y lo que va de este nuevo milenio, se haya entronizado el concepto
de la violencia como consustancial a la realidad latinoamericana,
desplazando la atención a los hechos y dejando de lado las causas
de orden sociopolítico o económico. Muchos artistas de la
región tratan, sin embargo, de reconstruir y restaurar, desde
el campo cultural, una imagen de Latinoamérica que presente zonas
álgidas del devenir social sin generalizaciones innecesarias.
Se trata de reflexionar sobre situaciones específicas de cada
país intentando definir lo que acontece desde sus propias condiciones
y no en aras de explicar un nuevo estadio de la barbarie, tan
cómodo al Occidente desarrollado para el que todavía somos considerados
el Otro. Quizás sea este el propósito
de Abel López, ganador de la más reciente edición del Concurso
y Subasta Humanitaria Juannio 2007. Zona
de Asalto es, en efecto, una visión muy personal de cómo se
percibe la experiencia urbana en una Guatemala, la de hoy, con
profundas contradicciones en el plano social. Evidentemente, la
intención del artista es sensibilizar al espectador en el tópico
de la violencia asociado a
conceptos como ciudadanía, inseguridad, ejercicio del poder
y militarización del espacio urbano. Y precisamente es en la ciudad
donde busca las expresiones de esa violencia a veces solapada,
y otras, palpable. Abel López sale a la calle,
interviene el curso de los transeúntes al ubicar en puntos neurálgicos
de tráfico citadino, en otros aparentemente inofensivos o en edificios
de fuerte contenido simbólico, una imagen que, en tanto logotipo,
interpela al caminante y cuestiona su sentido de seguridad. Al
portar él mismo o colocar el póster “Zona de Asalto” –una pistola
cual señal de tránsito- en una esquina, un autobús o una plaza,
el peligro deviene una pregunta inquietante. La acción del artista
pretende, en cada caso, devolver la libertad al habitante que
ve “asaltada” su individualidad por el miedo, pero al mismo tiempo
hacerlo consciente de cuán violenta es su vida en tanto experiencia.
Con Zona de Asalto la violencia se presenta desde un punto de vista
conceptual a través de la acción performática.
[1]
Recuperar entonces el espacio
urbano como parte de los derechos de una ciudadanía responsable
no pasa, como denuncian algunas de las fotografías incluidas en
esta exposición, por el show
montado para la prensa al destruir un lote numeroso de armas de
diferente calibre, sino por la necesidad de un análisis más profundo.
En ocasiones se trata de buscar las causas en un pasado bélico
reciente,
[2]
pero la violencia se expresa no sólo en los cuerpos
hallados de las víctimas asesinadas, sino en otros niveles de
la sociedad guatemalteca dada la creciente circulación de armas
en amplios sectores. Desde que a finales del
siglo xix, la fotografía se insertó en las planas
de los diarios, la ética del fotógrafo ha sido crucial para la
credibilidad del medio. Actualmente, la llamada “prensa roja”
parece haber secuestrado el sentido crítico de la sociedad para
erigirse, en la portada de los diarios, como la referencia de
ese miedo ciudadano que construye una idea de lo real estereotipada
y de fácil consumo. Sin embargo, Abel López, a través de imágenes
aparentemente ocasionales o expresas que responden a un tipo de
documentalismo más cercano al registro de acciones utilizado por
el arte público y el performance de los años 60 en adelante, intenta
dar voz al malestar social y la posibilidad
amenazante de la muerte, al tiempo que advierte el riesgo de habituarnos
a ella. Ahí reside el compromiso de este artista, en rescatar
el carácter de denuncia del arte e impulsar el cambio. Ejercer
ese grado –menor, pero eficaz – de violencia a través de una obra
que queda en la conciencia de sus “consumidores” potenciales,
habla de lo importante que es tener la distancia y objetividad
precisas para iniciar el proceso de recuperación, de transformación.
Como “catarsis saludable”,
Zona de Asalto es una suerte de exorcismo
de la cotidianidad salvaje a la que se ve abocada la sociedad
guatemalteca, pero es sobre todo una crítica a la violencia, y
como tal condena sus efectos. La resistencia desde la cultura
deviene toma de posición, una responsabilidad con el futuro y
el presente humanos de restablecer la esperanza en su ausencia. * Palabras al Catálogo de la muestra Zona
de Asalto del artista guatemalteco Abel López inaugurada
el 4 de abril de 2008.
[1]
En 1999, Daniel Hernández-Salazar realizó una intervención
pública con fotografías de gran tamaño titulada Ángel callejero, que puso de manifiesto
su intención de provocar un posible cambio en lo social llamando
la atención del transeúnte. La obra, efectuada en homenaje al
Monseñor Juan J. Gerardi asesinado un año antes por haber participado
en la creación del informe del Proyecto Recuperación de [2] Durante los años 80, Guatemala sufrió uno de los períodos más violentos de su historia con el asesinato de miles de personas a manos del ejército.
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