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| Raúl Valdés - El Rojo y el Gris (fragmento) - 2008 |
Imaginar fue la premisa.
Diseñar, el modo de dar cuerpo a una idea que, sin otra intención
fuera del deseo de generar nuevos terrenos para el arte, prometía
ser un salto al vacío. Esperando poco y deseando mucho, un grupo
heterogéneo de jóvenes diseñadores se iniciaron en la empresa
de crear, a partir de la estética del cómic y su cultura, una
propuesta integral en la que confluyen la gráfica, el diseño
de vestuario y las más diversas inquietudes artísticas. Resultado: Comikazes, un proyecto colectivo que imbrica ambas ramas del diseño
(gráfico y de vestuario) con un concepto más bien inclusivo,
que limitante. Toda influencia, fuente, idea –siempre sobre
la base de un criterio estudiado– fue válida y aceptada dentro
del proceso creativo.
Como especie de “laboratorio-taller”, Comikazes
se caracterizó por analizar colectivamente las soluciones que
iban alcanzándose en función de cada una de las propuestas.
De hecho, se partió de una visión dual, trabajándose de forma
conjunta el diseño de la historieta y su vestuario para lograr
un producto único que luego se ponía a consideración del grupo.
Bien mirado, este modus
operandi ha sido el que más éxitos ha cosechado, en los
trabajos de grupos creativos, en el campo de la publicidad,
el cine o el teatro. En el pasado siglo,
el cómic contó con una larga lista de artistas gráficos que
contribuyeron a fundar una tradición con miles de seguidores
en el mundo entero. En Cuba, conquistó un lugar muy especial
marcando etapas específicas dentro del devenir cultural de Estos comikazes no pretenden erigirse en la “nueva generación” de historietistas
cubanos, con los compromisos y reglas que esto supone, si no
apenas apuntar un espacio de posibilidades creativas ilimitadas.
La idea de presentar una página de historieta magnificada (150
x Por otro lado, si bien
el cómic en sus inicios descubrió y se focalizó hacia un potencial
público infantil y juvenil de gran importancia para su instauración
y permanencia, actualmente existe todo un mercado y circulación
dirigida a un consumidor adulto con intereses a la vez muy diversos
y específicos. Comikazes
se orienta hacia este último, aún cuando es posible rastrear
en algunos de los trabajos la influencia de la memoria individual
y la niñez como referencia (4y20,
de Erick Silva/Roberto Ramos /Karen Rivero). La pluralidad de temáticas
presentes en Comikazes
abarca también el plano formal: desde el empleo de la tipografía
hasta la influencia −consciente o no− de corrientes
pictóricas como el neoexpresionismo o la neofiguración latinoamericana.
Asimismo, la impronta de la estética de la ilustración y el
humor, hasta cierto punto corrosivo, es más acentuada en algunos
(Los animales, de
Gustavo Gavilondo/Lauren Fajardo, o Asilo, de Nelson Ponce/Roberto Ramos); así como la caricatura y lo grotesco
en otros (Circus,
de Edel Rodríguez/Lizandra Ramos, o la propuesta de Juan Carlos
Polo/Lauren Fajardo/Alexis Polanco). Es interesante percibir
también planteos de tipo filosófico en el dueto Carlos Mondeja
/Yalí Romagoza o en El rojo y el gris de Raúl Valdés/Anayce
Figueroa /Yandri Morgado. O igualmente, encontrar reflexiones
acerca del poder de la moda y su relación con la identidad (Standard,
de Giselle Monzón /Karen Rivero), conviviendo con experimentos
que no cabrían dentro del concepto tradicional de cómic y expanden
sus límites ya sea desde el uso del lenguaje tipográfico como
tema (Daniel Díaz/Raquel Janero) o del cuerpo como portador/productor
de una historia (Papiroflexia,
de Michelle Miyares /Alexis Polanco). Sin duda, Comikazes es un proyecto in-clasificable, que se aleja de fórmulas
y categorías a priori. No solo porque haga uso del cómic norteamericano
y latinoamericano, del manga
japonés y la historieta cubana como tradiciones de referencia,
o que en el plano del vestuario el espectro transite del minimal
o la estética punk, a la apariencia naif (“hecho
en casa”) o incluso futurista; si no porque echa mano a todo
elemento, técnica y concepto sin complejos ni culpa. En una
palabra, la libertad de desarrollar una idea hasta sus últimas
consecuencias. Se trata inclusive de recrear la atmósfera reflejada
en el cómic en el espacio de la galería para que el lector/espectador
participe directamente de la acción que se presenta. De esta
forma, Comikazes lleva el cómic y su estética a una nueva dimensión, diríamos
espacial o escenográfica, casi teatral, que trae a la vida lo
más cercano o lejano, real o irreal con el mismo encanto y misterio
que produce aún en muchos el cine o la música. Si diseñar es prever,
definir y proyectar en función de comunicar ideas de la manera
más eficaz posible, Comikazes es también eso, pero sobre todo
un divertimento que, liberado del encargo usual en todo trabajo
de diseño, encuentra la espontaneidad y el espíritu de una generación,
un contexto, una época: Cuba, siglo XXI. * Palabras al catálogo
de la muestra Comikazes,
Galería Haydee Santamaría, Casa de las Américas, 19 de septiembre
al 17 de octubre de 2008.
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