Giselle Monzón - Plaza Almada - 2009 - póster

 


Nada que tú no conozcas

DAYMÍ COLL 

Plaza Almada [*]   es una muestra que surge de circunstancias no tan accidentales. Tuvo como punto de partida  la  asimilación por parte de varios artistas cubanos de símbolos identitarios reconocidos en el contexto político-cultural del país, desde soportes varios, donde sin duda alguna, y no por primera vez, se conectaban sus poéticas discursivas.   

Esta exposición –como muchas otras– refuerza la idea de que la creación se mueve en un espacio abierto, de construcción, interactivo y contaminado a partir de la propia experiencia. La concreción de ideas, propósitos y conceptos en el quehacer artístico contemporáneo deviene una mezcla de apreciaciones, que está ligada a la asimilación personal de fenómenos de tipo sociocultural, económico, político, y/o tendencias artísticas, de lenguaje, etc.; donde las fronteras y los límites de imbricación entre ellos son cada vez más indeterminados. 

En concordancia con esta tendencia se unieron en esta exposición René Francisco, Liudmila y Nelson, Manuel Piña y Glauber Ballestero con propuestas disímiles sobre el hecho de la movilización popular en torno a la Plaza de la Revolución y el protagonismo alcanzado por el espacio mismo, como referente de poder. Coinciden estos artistas en la acción de documentar y registrar la imagen Concentración-Plaza a partir de elementos que forman parte de su “parafernalia”.

René Francisco apuesta por la interacción con el espectador, recordando quizás que la participación orgánica, creativa del público, “el pueblo”, sería el sentido de la marcha, de las concentraciones, y de la Plaza como escenario de reafirmación revolucionaria. Liudmila y Nelson por su parte, erigen un escenario sincronizado más con la reflexión en un ambiente íntimo que recrea la visualidad de sus propias plazas. Mientras que Manuel Piña, presenta instantáneas sobrecogedoras que son imágenes del desecho, del resto, del fin. Glauber suma una serie de fotografía y una videoproyección que juega con los extrañamientos, con las sensaciones de reconocimiento, donde el híbrido de lo real y lo ficticio es conjugado.     

Cuestionable puede resultar el acercamiento de estos artistas, los cuales han venido desarrollando en su trabajo la representación de estereotipos sobrevalorados en la historia de las artes visuales cubanas. Sin embargo, alrededor de estas motivaciones se perciben enfoques autónomos, fuertes, donde cada uno, distintivamente, adjudica interesantes significados a la propia finalidad artística. 

Plaza Almada, en tanto propuesta colectiva, transita en un perceptible sentido cultural e histórico, pues su sensibilidad se conecta con las contradicciones que vive la sociedad cubana contemporánea en torno al proyecto que simbolizan la Plaza de la Revolución y sus movilizaciones legitimadoras. En las obras se pueden identificar posturas que van desde la reverencia hasta la indiferencia, pasando por el compromiso personal y sincero, el entusiasmo colectivo, el apoyo eventual, el agotamiento, el desapego y la esperanza de que se geste un cambio preservador de los valores humanos y unitarios de la nación. Las obras evocan pues una Plaza viva, “almada” y en proceso de mutación, depositaria aún de sueños compartidos por la mayoría de los cubanos que habitamos esta querida isla.


[*] Nombre de la exposición inaugurada en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales el 20 de febrero de 2009 y se mantendrá abierta hasta el 20 de marzo próximo.