LUCILA
FERNÁNDEZ URIARTE
En el marco
del V Salón de Arte Cubano Contemporáneo se presentó en la galería de
la Biblioteca Rubén Martínez Villena de la Plaza de Armas, la exposición
Crea en Cuba con una muestra
de objetos de diseño industrial –sobre todo asientos y luminarias– realizados
por jóvenes profesionales graduados del Instituto Superior de Diseño.
[1]
Cuando me dispongo a realizar esta reseña, ya la exposición
ha sido clausurada, solamente duró del 20 de noviembre al 22 de diciembre
de 2008 ¡Una verdadera pena! ya que realmente los eventos que podamos
recordar existen entre nosotros diseñadores industriales, son escasos
y además porque dicha muestra estuvo cargada de relevantes significados.
Fui profesora en el
ISDI de todos los creadores que exponían, y me dio gran satisfacción ver ya
su madurez profesional. Igualmente me impresionó positivamente encontrar
la presencia clara de diseño, junto a una gran inventiva y hasta cierta
desinhibición o desparpajo, típico de nuestra manera de ser.
Otra cualidad
notable de esta exposición fue que hablaba en un lenguaje propio del
siglo XXI, en el que proliferaba la diversidad en el decir, el carácter
de lo reciclable y el regodeo en la exploración de los materiales inusitados,
en este caso no los que brinda la
alta tecnología, sino los disponibles
y a la mano. Actualidad que se manifiesta también en otras zonas de nuestra cultura, como si el vivir en el mundo fuera
para nosotros una necesidad impostergable.
Imagino que muchos no pudieron
ver la exposición, por lo que me
detendré en la descripción de
su contenido.
[2]
Se mostraron quince
piezas entre luminarias y asientos. Formando
parte de ellas podíamos encontrar: la banqueta Niple que resaltaba en cuanto a modularidad y flexibilidad funcional,
además de lo novedoso en la utilización de
los materiales; la lámpara Vinobien,
de belleza clásica, increíblemente realizada con materiales pobres reciclados (una botella y recortes
de madera); la lámpara H2O
de acertada formalidad, a pesar de los materiales propios de una instalación
hidráulica (incluido un cubo como pantalla); la mesa y asientos Domisí, diseñada para el popular
juego, con excelentes valores funcionales, notable economía de espacio
y sentido del humor.
Por otra parte, la sombrilla y la bicicleta
(objets trouvés de la estética
de las vanguardias) reaparecen convertidos en lámpara y asiento
en las obras Umbral y Resistance; mientras que la tumbona Lam,
retoma los principios compositivos
alusivos al pintor, con absoluto predominio de lo funcional y estructural;
la bicicleta otra vez, pero como fragmento recuperado se
convirtió en Bikelam, una
excelente lámpara rodante.
Por otro lado vuelve el reciclado.
En tan solo dos piezas de zinc galvanizado y cristal se resuelve la mesa Huracán, de extrema simplicidad y originalidad.
También la relación emocional con los objetos, propia del diseño contemporáneo,
estuvo bien manejada en el diseño de la vajilla Chocolate, la lámpara Ojo y en los muebles infantiles Trébol de acertada estética Pop y postmoderno,
aspecto manejado también en la conceptualización
de la lámpara Monsieur Pepino,
realizada con envases y tapas plásticas recicladas, pero sorprendente
por su delicada belleza.
La síntesis y el lenguaje
minimalista tan propios del diseño contemporáneo podían ser encontrados en casi todos los objetos comentados, pero resaltaban
como interés central en la butaca
Adán y la lámpara Knight.
Al presentarse la exposición
en marco del Salón, para algunos esto fue motivo de polémica sobre si
el diseño es arte o no. Disyuntiva en verdad superada desde mediado
del siglo pasado en que el Diseño arribó a su madurez e independencia
profesional, pero también superada en cuanto a esa dogmática visión que les niega cualquier
relación. Bienvenido sea que el Diseño se considere Arte siempre que
no deje de ser buen diseño. Esta exposición fue muestra de ello.
No solamente se evidenció
un divertido manejo de los códigos actuales de diseño, sino que además
su intención se inscribió dentro de las constantes del siglo pasado,
es decir del diseño moderno. A todo lo largo del siglo XX se dieron
ejemplos de diseño de tesis, en los que de manera experimental y expositiva,
se hablaba de un “deber ser” posible del diseño, y lo que importaba
no era su producción inmediata sino mostrar la necesaria innovación
por encima de todo.
A Crea
en Cuba podríamos catalogarla de una exposición de tesis. Tal vez
no haya sido esa la intención, pero sí el resultado. El tema centrado
en asientos y luminarias, fue recurrentemente utilizado durante todo
el siglo pasado para explicitar en ellos nuevas intenciones y conceptos.
Y es que ambos objetos son lo suficientemente complejos como para evidenciar
nuevos conceptos de diseño, y a la vez tan simples como para permitir
experimentar e innovar de manera fácil y espontánea. Los prototipos
presentados fueron llevados a cabo por los propios diseñadores, posibilidad
esta que de ser otra temática seguramente hubiera sido imposible de
realizar. Por eso las novedosas tesis sobre función, formas, materiales,
relación entre usuario-objeto y muchas otras podían leerse con facilidad
en todas las obras expuestas.
Desde los años veinte del
pasado siglo, la creación de una estética de la vida cotidiana ha sido
una intención constante en el quehacer del diseño, dos ejemplos bien
conocidos podrían ser la obra de la Bauhaus y la del llamado Diseño Escandinavo. También en Cuba la obra de pioneros
del diseño como María Victoria
Caignet y Gonzalo Córdoba, o las intenciones de las instituciones para
la enseñanza del Diseño Industrial creados por Iván Espín, la
tuvieron en cuenta. En esta búsqueda, el diseño se convierte en mediador de las tecnologías y formalidades, invitando
al hombre a incorporarlas a su entorno más inmediato, realizando una
insustituible labor de crecimiento espiritual y de desarrollo de la
cultura material. Intención esta que resume uno de los rasgos utópicos propios de la modernidad, presente en la conocida
frase “arte y vida son la misma cosa”, y una de las razones imprescindibles
de ser del diseño. De aquí otro de los valores aportados por la exposición:
ser el inicio de una nueva propuesta de cotidianidad, arraigada tanto
en lo actual como en la tradición del diseño, al igual que en nuestras
costumbres y formas de vida.
Al
terminar estas breves notas, vuelvo a rememorar los sentimientos que
dicha exposición me produjo. Junto a la felicidad, por las cualidades
que encontré en ella, siento una gran nostalgia, al considerar qué hubiera
sido si los esfuerzos realizados desde el diseño en diferentes obras y por diversas personalidades e instituciones
hubieran tenido eco en nuestra industria, sociedad y economía. Pienso
que ejemplos como estos se hubiesen multiplicado y no estarían en una
exposición, sino en los espacios de vida de cada quien. Paradoja trágica
que a tanta inteligencia fomentada luego
no se le haya dado, y aún no se le dé cabida.
Ciudad de La
Habana, enero 2009.