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Con este título exhibe el Museo Nacional de Bellas Artes una muestra retrospectiva del quehacer plástico de este importante creador, distinguido con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1998. Más de 30 piezas, entre dibujos, pinturas, esculturas y collages representan muchas de sus series y ciclos creativos fundamentales, desde los inicios hasta sus últimas producciones. La inauguración de Julio
Girona: Una historia personal se efectuó con la presencia de personalidades
de la cultura nacional y contó con palabras de apertura a cargo de Víctor
Casaus, director del Centro Cultural Pablo de La obra de Julio Girona, caracterizada por una continua movilidad entre abstracción y figuración, constituye un momento clave dentro de la plástica cubana contemporánea, tanto por su sostenida calidad formal como por su creciente espíritu de renovación estilística. La misma vitalidad que diariamente le distinguió fue responsable también de un ímpetu creador que en lo personal se materializó en una extensa y sólida carrera artística. “Creo que hasta él estuvo seguro de que no podía dejarse envejecer para no perjudicar de hecho a su propia obra”, refirió a este boletín Elsa Vega Dopico, curadora de la muestra. “Con la obra de Julio Girona se desvanece finalmente toda teoría que limite lo audaz y progresivo del arte a las jóvenes generaciones. Su edad no constituyó en ningún momento impedimento alguno para lanzarse al ruedo de la creación con entera libertad, conjugando siempre frescura y renovación tras ese propósito encubierto de estar al día, en un constante empeño por establecer con el espectador perennes diálogos de actualidad.” Tomado de La ventana abierta, Boletín del Museo Nacional de Bellas Artes
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