Una mujer para recordar: Edna Manley

Dra. ADELAIDA DE JUAN
Ensayista, profesora titular de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana


Adam and Eve, 1930

 

Las razones que mueven a una persona a llevar un diario son variadas. Uno de los motivos más convincentes para tal labor fue anotado por Edna Manley en 1960, cuando cumplió 60 años. Al adquirir en aquellos momentos plena conciencia de que estaba entrando en la última fase de su vida, pensó que debería escribir «el relato de la historia vivida», siempre que pudiera recordarla verídicamente y, sobre todo, con un punto de vista particular. Anotó, develando su sentir al respecto:

Me siento muy en sintonía con los surrealistas para quienes el arte es un modo de vivir la vida. El relato de esta historia formaría parte de la historia misma. Creo que debe empezar por el final y recorrer el trayecto hasta el principio. Sólo al desenvolverse desde el exterior, lo más cercano a una, puede lograrse la perspectiva que conforma a los días iniciales.

Veinte años después, en agosto de 1980, el desarrollo de estos pensamientos con las siguientes palabras:

[George] Lamming dijo que yo debería escribir una autobiografía "a menudo he pensado en ellos pero no me siento del todo capaz para hacerlo" la escena me resulta demasiado vasta. Hay demasiados imponderables y mi punto de vista tiende  a ser muy parcializado. Mirando hacia atrás, recuerdo cuánto sufrí por sentir temores profundos, una suerte de pánico interior que era una reliquia  de la niñez" pero hasta hoy sufro por ellos.

De hecho, Edna Manley escribió cuatro «libros» de diarios reunidos en un volumen por su nieta Rachel y publicados en 1989 en Jamaica: La primera entrada se remite a febrero  de 1939, y la última, sin fecha, es breve y conmovedora: «Hace tanto tiempo que no escribo aquí y han pasado tantas cosas, que parece que apenas vale la pena retomar el hilo». Estas palabras aparecen después de un comentario del 13 de diciembre de 1986. Falleció el 10 de febrero del año siguiente, a los 89 años de edad.

Varias veces, especialmente durante sus últimos años, le recordó a Rachel que le había legado los diarios. Cuando ésta le preguntaba qué debía hacer con ellos, Edna respondía que ya lo sabría cuando llegara el momento. La amorosa edición que su nieta hiciera de los diarios, reuniéndolos en un volumen, es la respuesta que nos permite un contacto casi íntimo con esta extraordinaria mujer, quien participó y fue comentarista de décadas altamente significativas de la historia de Jamaica y del Caribe todo.

Su presencia era de una sabia elegancia que parecía venir, no de la ropa discreta que llevaba con soltura, sino de adentro. Con una sonrisa casi tímida nos recibió, a los asistentes al Carifesta 1976, en su casa, de la cual recuerdo sobre todo el jardín suave y oloroso. Edna se movía de un grupo a otro, con un comentario dulce y agudo a la vez ante las preguntas que le hacían. Casi a pesar de ella, de su modo tranquilo y afable, de su sentido del humor a flor de piel, se revelaba su personalidad recia y segura.

La relevancia de Edna Manley no se limita a su notable escultura. Nacida en Gran Bretaña en 1900, hija de un misionero metodista inglés y de su esposa jamaicana, Edna estudió arte en Londres; allí se casó con su primo Norman Manley, veterano de la Primera Guerra Mundial y Rhodes Scholar. Cuando fueron a vivir a Jamaica, tierra natal de Norman, ello significó para Edna la entrada a una sociedad que «refleja la dislocación de un pueblo de sus tradiciones y su cultura». Edna se unió a Norman en una lucha que lo llevaría a ser el inicial Premier  de Jamaica, pero al mismo tiempo no cejó en una lucha para coadyuvar a la fundación de un lenguaje artístico de lo que con el tiempo sería una Jamaica independiente. Incansable en su propio trabajo creador, también se esforzó por estimular a otros artistas que hicieran posible una forma estética expresiva de las nuevas realidades del país, semillas de una naciente cultura nacional.

Uno de los primeros pensamientos fue el de expresar, en términos de las artes pláticas contemporáneas, la presencia de los descendientes de africano, esclavizados hasta inicios del siglo XIX, y de componentes raigales del pueblo caribeño. Negro Aroused, una talla de 1939, es una de las obras más conocidas entre las iniciales de Edna. Al igual que en obras posteriores (recordemos su monumento a Paul Bogle, de 1962, o Ghetto Mother, de 1982, ambos en cemento fundido), las figuras presentan las facciones del africano / a. Pero, por supuesto, Edna Manley está bien alejada del empleo de este elemento figurativo con un sentido folklórico y / o meramente descriptivo. Con razón escribió en fecha tan temprana como febrero de 1939:

Tallar un negro no es viajar por un camino. Encontrar el secreto de las tallas africanas, penetrar en la visión de los mayas, salirse de sí misma para entrar en las ideologías de otros pueblos no se fácil, pero eso es viajar por un camino, bien duro, por cierto. Entonces, habiendo sentido experiencias diferentes de las inmediatas propias, descubrir un mundo libre donde uno puede escoger definitivamente una dirección sin sentirse influido por castas ni consignas tradicionalmente férreas, eso es viajar por un camino. Y aún más, perderse entonces en la misma dirección del grupo al cual uno pertenece, y de ese modo vivir para crear un canal por el cual su fuerza vital pueda manifestarse mediante el medio de la forma, la escultura, el lenguaje, la música.

Su escultura siempre tiene que ver con las realidades sociales y espirituales de Jamaica, transmutadas en un legítimo lenguaje plástico. Este cambia formalmente a lo largo de los años: «Nunca trabajo a partir de lo que veo sino de lo que siento», escribe en septiembre de 1982. Su lucha, a partir de la década del 30, se centra siempre en propiciar "y crear ella misma" un arte jamaicano, ya que en aquellos años, como recuerda en 1981, «todo estaba inspirado en lo británico». Este sentimiento la acompaña en todo momento, aunque sentía, durante sus visitas a la Gran Bretaña con Norman, que «supongo que para los ingleses yo era una rareza: a pesar de mis raíces jamaicanas, yo no lo parecía». (Esta entrada corresponde a lo que escribe en agosto de 1985).

Sorprendentemente, al menos para nosotros, Edna siempre se consideró «una artista menor». Alude, por primera vez a esta apreciación en 1941, de la siguiente manera:

Escribo esto como una artista muy menor. Los artistas menores son esenciales y valiosos porque, al cristalizar tempranamente, logran una «realisis» completa, mientras las mentes mayores están en un estado de proceso aún no logrado.

Esta línea de pensamiento recorre el año 1941 y es una de las clases fundamentales de su discurso sobre el concepto de la vida, como apuntaré más adelante. En septiembre de ese año, ella anota:

Pues no existe nada en el fracaso, nada en el éxito, nada en la juventud, nada en la vejez, nada en las multitudes, nada en la soledad, nada en el dolor, nada en la paz, sólo la gloria del andar infinito.

En cuanto a la creación artística y la fecha específica de sus autores, Edna escribe en 1940, en otra de las claves de su análisis teórico, las ideas siguientes que son de particular interés en esos momentos de la historia de Jamaica:

El contacto con la vida, por un sórdido y brutal que sea, es esencial. Pero sólo es posible a través de la conciencia creadora, no hay otro modo. Para el artista, la ausencia de percepción del ser humano corriente le hace pensar que él (el ser humano corriente) sólo ve a los hombres como árboles que caminan. Y al ser humano corriente le parece que el artista se niega ver a los hombres de otra manera. Y ambos tienen razón. El hombre corriente observa al artista, ese pobre diablo, y se pregunta cómo puede respirar, viviendo bajo el agua; mientras el artista mira desde sus profundidades vidriosas y, con un esfuerzo por comprender la habilidad del hombre corriente de habitar un ilimitado terreno repleto de sustancia respirable, se tumba en la superficie, ¡muerto de susto!

El espectro del arte sentido como parte esencial de su vida se abre a la comprensión se la música (de Brahms y Prokofiev a los trovadores Cudjoe), de la literatura (de Eliot y García Márquez a Walcott), de la cinematografía (Chaplin), y, por supuesto, de las artes pláticas (de Picasso y Epstein a los artistas contemporáneos jamaicanos). Debe hacerse una mención especial a la notable personalidad de Rex Nettleford, amigo cercano y colaborador suyo en el empeño de lograr una cultura nacional contemporánea. En cierto sentido, a la obra teórica de Nettleford llevó a Edna a una comprensión más profunda de movimientos como el de los Rastafari. También es el autor de un libro comprensivo, Manley and the New Jamaica, que fue el primer Premio «Maurice Bishop» otorgado por la Casa de las Américas en 1985. Nettleford fundó y fue la figura principal de la excelente National Dance Theatre Company de Jamaica, habiendo sido él también Rhodes Scholar.

Norman Manley murió en octubre de 1969; Edna escribe: «Y la gloria y el dolor de nuestra vida en común "qué mundo tan, tan vacío" ¿ porqué él no dejó que yo me fuera con él?» Mas sigue manteniendo un activo interés en los asuntos nacionales y mundiales: el apartheid, otras formas de discriminación; la interferencia política de los Estados Unidos; Fidel Castro. En octubre de 1977 anota:

Así que Castro vino, conquistó y se marchó. Una semana bien única" y lo interesante es que fue Michael (Manley, hijo de Edna y Norman, y, como éste, Premier de Jamaica) quien tuvo el atrevimiento y la inteligencia de invitarlo […] Ha cambiado el cuadro en mil maneras y ha dejado a la oposición "y con ello quiero decir las fuerzas del mal, en un nivel de intensidad, y el conservadurismo en otra" con un arma menos para la lucha. El gran coco, el monstruo, el diablo, el hombre maligno "y llega con una sabiduría asombrosa, con calidez, con encanto, con sentido común. Lo he visto todo con fascinación. Es un hombre con una mente de primer orden, tiene mucho de poeta, y siempre con esa cualidad de amor, amor por y comprensión de la gente.

Madre y abuela cariñosa y atenta, Edna Manley nunca abandonó su labor artística. A pesar de los problemas económicos y una salud quebrantada, mantuvo siempre su interés en los asuntos de la nación y del mundo; supo, además, adaptar las técnicas y los métodos prácticos de su arte a sus capacidades físicas. Experimentó felizmente con otros medios y estilos escultóricos y trabajó directamente el pequeño formato. Había editado Focus, la primera revista literaria que tuviera éxito en Jamaica; hizo dibujos para libros y poemas, y siempre enseñó y alentó a los artistas jóvenes. Como señala Rachel Manley en su introducción, estos diarios no sólo son la narración de una larga y fructífera vida sino asimismo el testamento de esta mujer para recordar. Me gustaría citar la frase que su amado padre pronunciara en su lecho de muerte, y que Edna repetía a menudo: «¡Oh, el poder y la gloria y la maravilla de todo!»

Young Rastafarian, 1966 The Beadseller, 1992
Adam, 1976 The diggers, 1936
Adam and Eve, 1930 Man with Wounded bird
The Creator, 1976 Edna Manley