El Caribe en sus coordenadas contemporáneas

IVONNE MUÑIZ
Master en Arte. Investigadora del Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas


Belkis Ramírez, De mar en peor, Instalación

 

Más que un atractivo mapa, perfilado tan sólo desde ciertas coordenadas territoriales e idiomáticas, el Caribe es una esencia, una cartografía étnica, social e histórica, que constantemente desdibuja y recompone sus fronteras desde la trasgresión.

En la coexistencia de lo onírico y lo real, de lo dramático y lo irreverente, convivimos en este espacio de encrucijadas, desplazamientos y múltiples mestizajes. Espejos y máscaras -posesionados por la ambigüedad- desfilan ante nuestros ojos, en un recorrido de encuentros y desencuentros, revelándose en conciliaciones y desafíos, sobre un tablero de constantes definiciones; en una inquieta espiral de redescubrimientos, de inventarios y memorias que trazan la arqueología de nuestro imaginario.

Las culturas caribeñas se han ido forjando en el tiempo como fruto de pujantes antagonismos; desde el vicio de las exclusiones, desde el acto simulador y de camuflaje, desde la violencia y el poder, desde la fuerza de la resistencia, desde el sueño y la utopía.

El arte contemporáneo, se ha colocado precisamente, de manera reflexiva,  en el vórtice mismo de los conflictos que subyacen en nuestras sociedades; problematizando y deconstruyendo un mundo escindido en oposiciones debido a la compartimentación que han generado sistemas colonialistas y neocolonialistas; cruzando fronteras y parcelaciones diseñadas por procesos de jerarquización que tuvieron sus orígenes en las sociedades esclavistas, las irreconciliables diferencias de clases y las exclusiones de género; redescubriéndonos y compulsándonos a mirar(nos).

Precisamente, uno de los desafíos que enfrenta nuestra creación artística, es la revisión de los procesos de mitificación y desmitificación que se han generado en y sobre la región, vinculados con estos conflictos, así como la manera de incidir en la representación, generalmente desvirtuada, de una subjetividad caribeña a través de la historia.

Durante siglos hemos sido escenario de diversas maneras de vernos y construirnos. El sistema de referencias utilizado; el universo de quien las construye; el ángulo, status y posición social del que genera la mirada y la subjetividad del comunicador han modelado las significaciones.

Nuestro imaginario social se ha ido perfilando desde la confluencia de contrarios, desde la imposición y el deseo de realización, desde el control del poder y el acto irreverente y trasgresor hacia lo instituido.

Muchos mitos que nos distinguen se han ido gestando y alimentando a través del tiempo en nuestros pueblos. Otros, se construyeron dentro o desde fuera y nos desdibujan; sin embargo, por repetición los hemos asumido como nuestros y nos identificamos con ellos, colaborando, sin pretenderlo, a la conformación de ciertos arquetipos de nosotros mismos.

Los “caníbales”, pobladores de nuestras islas, descritos así en las crónicas de los conquistadores llegaron a ser sustituidos por cuatro “S”(Sun,Sex, Sand and Sea), que suelen registrar la “autenticidad” de un made in the Caribbean; mascarada manipuladora de la arqueología de nuestras pertenencias. La historia del Caribe es más compleja que un poster de turismo y su drama no es ficción.

Lo mítico, ha constituido un cuerpo conceptual prioritario de los diversos espacios del arte caribeño actual y, su incidencia mucho ha tenido que ver con los procesos investigativos e indagatorios de los artistas en nuestra génesis, los fenómenos de hibridación y de simbiosis cultural.

La revisión y la recreación artística de estos cuerpos míticos han operado vinculados a una serie de procesos como el del multiculturalismo; la confluencia de la  tradición y la modernidad; la conciencia de una hibridez cultural y los estudios de género, los cuales han permitido enriquecer las estrategias locales y las posibilidades subversivas de nuestras prácticas, profundizando en las particularidades y distinciones de nuestra cultura y nuestro ser mestizos.

Asimismo, los patrones y los valores identitarios caribeños se han fusionado en nuestros espacios con elementos que provienen de otros contextos y, a su vez, discursos “minoritarios” nuestros han abierto fisuras y desplazado modos de recepción, con su incidencia y circulación en centros hegemónicos, particularmente en Francia, España y Estados Unidos, donde se concentra la mayor parte de la diáspora artística caribeña.

La intertextualidad y la destitución de los marcos tradicionales del arte han dado paso, con su vocación emancipatoria, a varias acciones de legitimación y vindicación de prácticas culturales y discursos simbólicos diversos, incluso a aquellas que operan fuera de contextos instituidos, dando lugar a la simbiosis de lo tradicional y lo moderno.

La indagación en el pasado ancestral desde presupuestos ontológicos e investigaciones antropológicas; la inclusión de lo vernáculo; la apropiación de múltiples formas de arte popular; la desacralización o re-ritualización de prácticas religiosas y sus cuerpos ceremoniales, han conducido al arte hacia nuevas rutas, en las cuales la estrategia del disfrute individual ha dado paso a opciones emergentes de proyección participativa y de comunicación.  

Hoy somos testigos de un diálogo plástico que aborda un sinnúmero de problemáticas, comportamientos y preocupaciones comunes a la región: la recuperación de la memoria, el mestizaje, los desplazamientos  y migraciones, la revisión de símbolos y arquetipos manipulados a lo largo de la historia, la defensa de nuestra ecología, los enfoques de género y razas, la identidad nacional. Una mezcla de convergencias que delinean las coordenadas de nuestra territorialidad.

Osaira Muyale (Aruba) Belkis Ramírez (Dominicana)
Mario Benjamín (Haití) Edouard Duval Carrie (Haití)
David Boxer (Jamaica) Osaira Muyale (Aruba)