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Subdirector del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam La Habana. Cuba |
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Si algo conecta
en el presente a las Antillas, Surinam, las Guyanas
y Centro América es su fugacidad en el mapamundi contemporáneo.
Esta zona bendecida por el mar Caribe compone el reino
de la inexistencia; se le ignora como si fuera una
ficha de poca valía en las valoraciones económicas,
políticas y culturales actuales. O se le “sobrevuela”
y esquiva, se le navega, disfruta y se le sustituye
después por el Pacífico o el Mediterráneo. Una anécdota
curiosa respalda estos supuestos. Hace un par de años,
un amigo puertorriqueño me comentaba que durante un
viaje con algunos coterráneos suyos fuera de Puerto
Rico, ellos no encontraban el modo de que los naturales
del país visitado se empataran con la localización
geográfica de la isla antillana. No sé si este incidente tenga
relación directa con la llevada y traída mundialización.
Al menos, en un nivel primario, ilustra bastante bien
la incertidumbre geo–política e histórica que se cierne
sobre la Cuenca del Caribe y su futuro, sin ser uno,
obligatoriamente, un converso de lo apocalíptico.
Y nos hace pensar que, por diversas razones, al Caribe
le cuesta trabajo encontrar su lugar en las configuraciones
del mapa cultural contemporáneo. Un sector del arte en la región que nos ocupa desarrolla sus obras motivado por estas nuevas condiciones. Vale señalar que estos creadores no atacan las nuevas sendas del progreso, ni niegan los enlaces propiciadores de una acción conectiva sin igual. No se alinean ni del lado de la fascinación ni comulgan con el fatalismo tecnológico. Pero observan con un ojo crítico esa nueva urdimbre universal; eso si, se convierten de un modo u otro en cuestionadores del nuevo orden y de la distribución de unos adelantos que, de momento, dejan muchas dudas y vacíos en su controvertida instrumentación del Ecuador hacia abajo. Uno de esos artistas es Remy Jungerman (Surinam) cuyas ultimas instalaciones desmitifican el éxtasis de la comunicación. En Nobody is protected, 1999-2000, Remy insiste en la finalidad ideológicamente depredadora de los medios. La obra consta de dos podios atestados de micrófonos semejantes a los utilizados para las comparecencias ante las grandes cadenas de prensa escrita y de televisión. Lo que en este caso, el autor subvierte todo el aparato manipulador implícito en los grandes shows informativos hoy en día. El andamiaje podría simbolizar las conexiones con los medios atenido al discurso de apertura fabricado por Occidente. Pero, desde las plataformas de Jungerman entramos en una secuencia de significantes inútiles: los micrófonos están rodeados del silencio, no llegan a cumplir la función para la que fueron diseñados. Si bien han sido dispuestos para prolongar ininterrumpidamente las señales del poder, acceder a una cadena de sintonías preconcebidas, borrar los bordes mentales de nuestras fronteras y adentrarnos en una encrucijada pretendidamente pluralista al final, no transmiten nada, desembocan no en la nitidez del diálogo sino en la nulidad de los mensajes. Muy próximo a esta obra de Jungerman esta 1,2,3, probando, 2000, de DUPP (Cuba). Lo que hoy se conoce como Galería DUPP deriva del método pedagógico no convencional de enseñanza del arte “Desde una pragmática pedagógica”, puesto en práctica por el artista y profesor René Francisco Rodríguez en 1989 en el Instituto Superior de Arte de La Habana. El grupo formado por estudiantes de ese centro docente se caracteriza por el afán de inserción del arte en la vida y la sociedad e incide provechosamente en los últimos años en el devenir de la visualidad local. La propuesta
de DUPP está pensada casi siempre para un diálogo
con el ámbito público, en el cual se entrelazan las
obras y las intervenciones, de tal forma que la acción
colectiva no anula las nociones de autoría de sus
integrantes, pues el actuar colectivo es la síntesis
del entrecruce de las poéticas individuales en torno
a un asunto central y sus derivaciones. Los micrófonos de DUPP son una simbiosis de memoria y actualidad, hablan por si solos. Al desdibujar las fronteras entre el interior y el exterior, entre el aquí y el allá, devienen soportes del diálogo y la interacción del hombre con su espacio. A tal punto que parecen absorber el murmullo o el ruido alrededor, para dar resonancia a las múltiples voces de la historia, la vida y la idiosincrasia cubanas. Por su parte, el Café Internet del Tercer Mundo , 2000, del cubano Abel Barroso remite a las nuevas modalidades diseminadas por la tecnología. La obra consta de una serie de máquinas de madera con manivelas y engranajes en lugar de chips y teclados para la manipulación, movimiento y selección de las informaciones y las imágenes ubicadas en el interior de las mismas. Como él acostumbra, la instalación utiliza la cobertura material y simbólica de las matrices xilográficas para la construcción de artefactos diseñados para la interacción con el espectador en un café convencional. Café Internet... es la continuación de otra pieza titulada Video arte del Tercer Mundo (1999), con las cuales Barroso parodia la sofisticación electrónica del entorno desde la pobreza total de los medios. La rusticidad de los aparatos invierte en esa perspectiva el eje de una hipotética simulación telemática hacia sus antípodas, es decir, la precariedad. Asimismo, la multiplicidad cultural y la desterritorialización colapsan las jerarquías tradicionalmente atribuidas a las identidades, las cuales se entienden ahora fuera de toda visión monolítica, como entidades vivas y dinámicas, construidas desde los desplazamientos globales y el entrecruce de signos, experiencias e información, desde el nomadismo territorial o cibernético actuantes en las relaciones humanas y la interacción social. La pretendida y mediatizada autosuficiencia del sujeto rueda por tierra, produce la dislocación y el descentramiento, las fracturas entre la calle y la casa, entre la estructura social y el individuo. José Saborit es muy radical en sus criterios y piensa que, hoy día, miles de personas sacrifican sus relaciones con los demás en virtud de una telehipnosis, por ejemplo. Esta problemática tiene diversas aristas. La arubense Alida Martínez parte de una narrativa del silencio, es decir del no mensaje, del entendimiento y de la tolerancia; Diana de Solares (Guatemala) se enfrenta al tema crucial de las relaciones interpersonales o mejor, de la incomunicación, poniendo en juego su experiencia autobiográfica. Dhara Rivera (Puerto Rico) incorpora retazos de narraciones biográficas junto a sonidos ambientales. Sobre el tapete, 1999, se compone de muñecos confeccionados con tela satinada y de pequeños televisores con escenas de video. Esos recursos crean zonas de tensión entre lo privado y lo público: los televisores en la obra de Dhara funcionan muchas veces como “ventanas” indiscretas por donde irrumpen imágenes del exterior perturbadoras de la estabilidad interior del individuo. Otros articulan la comunicación en medio de las construcciones sociales de la identidad. La costarricense Marisel Jiménez en Pájaro en mano, por ejemplo, habla de la enorme masa humana distante de las panaceas de la modernidad, que fluctúan por las coordenadas geográficas y sociales del infortunio sin llegar a identificar jamás los centros de poder diseñadores de sus destinos. La jaula-cárcel de Marisel despierta sensaciones contradictorias, protege y, al unísono, socava la independencia del sujeto. En cambio, el cubano Marlon Castellanos insinúa una “globalización” de naturaleza diferente, más próxima a una cultura de una promiscuidad entendida en un buen sentido. Su intervención Vivir del aire, 2000, está compuesta por miles globos con impresiones de retratos de cubanos , frases, conceptos y palabras. Los globos–rostros representan el mosaico étnico de su país, pero pueden activar otras lecturas de ese tropo: en el argot popular inflar globos tiene significados explícitos. Los globos inflados abarrotan una habitación. Al penetrar en el recinto, el público se convierte en parte de la obra; cada espectador modifica la disposición de los inflables, se relaciona con múltiples identidades en la misma medida en que contribuye a que éstas ensayen nuevas formas de organización. En este grupo, Serge Goudin-Thebia (Francia-Martinica) crea una compleja simbología con base en el ideal mítico mandala. Entre sable et cendre plantea una ecuación formal perfecta de figuras antropomorfas (guerreros) fabricadas con hojas de árboles . Los guerreros resumen el ideal de perpetuidad de nuestra especie con el equilibrio del hombre y la naturaleza. Curiosamente, la autarquía telemática del sujeto, el ”querer parecerse únicamente a uno mismo”, despierta la capacidad subversiva del arte, con el retorno a la escena pública o a lo lúdicro, como probables campos operativos para la reinserción en lo social. En esta vertiente cabrían Allora & Calzadilla , José A. Cruz y Aaron Salabarrías (Puerto Rico), A1_53167, de Guatemala o Los Carpinteros y la propia Galería DUPP, ambos de Cuba. Por otro lado, es muy probable que al entender ahora la comunicación desde las perspectivas modificadoras de lo precedente, pensemos sólo en los vehículos ancestrales del habla, en los emisores de mensajes y significados, en la oralidad o la escritura, en el texto, o se simplifique todo hasta llegar al acto de intercambiar información y saberes a través del ordenador y la red. Sin embargo, existen otras redes recónditas de conexión y comunicación para nada masmediáticas, y si estructurales, por las cuales, si pretendemos asomarnos a los comportamientos contradictorios desde la perspectiva de realidades como las del Caribe y Centroamérica, se nos obliga a considerar la compleja matriz histórico–cultural de la región. Algunas reflexiones de Fredric Jameson en su Teoría de la postmodernidad ayudan a comprender mejor esta cuestión. Según este autor, durante la segunda fase del capitalismo, es decir, la transición de la supremacía del mercado a la égida del monopolio, “...la experiencia fenomenológica del sujeto individual... se limita a una pequeña esquina del mundo social, una vista con cámara fija de cierta sección de Londres, del campo o de lo que fuere. Pero la verdad de esa experiencia ya no coincide con el lugar donde ocurre. La verdad de esa experiencia cotidiana limitada de Londres reside más bien en la India, Jamaica o Hong Kong; se vincula muy estrechamente a todo el sistema colonial del Imperio Británico, que determina el carácter de la vida subjetiva del individuo” 1. Las apreciaciones de Jameson tocan tangencialmente la Cuenca del Caribe por intermedio de Jamaica - igual podría haber citado Trinidad y Tobago, Barbados, Martinica, Surinam, Belice, Honduras... -; insertan de hecho a la isla antillana y a todo su contexto geopolítico en una trama histórica concreta identificada con la apoteosis de lo que él mismo denomina sistema colonial global, con sus ramificaciones residuales en la era actual. Esa razón sitúa al Caribe en la base de la civilización moderna, amparado en su momento por un régimen otro de conexiones terrenales de carácter fiduciario, lo pone a gravitar en ciertos puntos, y tiempo aparte, en la antesala lejana de “la aldea global” avisorada por McLuhan. La lógica del concepto hegeliano de historia instrumentado por la modernidad presupuso una narrativa histórica proverbialmente excluyente, entendida y contada desde la dominación europea –hoy euroccidental– de otros pueblos. Según McEvilley, esta posición sostiene que “...la historia del mundo no pasa en todo el mundo, sino sólo en Europa. Otras zonas de cultura o bien están fuera de la historia –es decir aún no han entrado en contacto con Europa– o bien son notas a pie de página de esa historia –es decir, que han tenido el honor de ser subyugadas militarmente y explotadas económicamente por las culturas europeas...” 2. Me temo que todavía me sea muy temprano para suponer la caducidad de un discurso que parece ofrecer gato por liebre. Muy en concreto, con los supuestos del fin de la historia, la apertura de los márgenes y el enfoque multicultural, Occidente intenta perpetuar in saecula saeculorum su protagonismo en la escritura de la historia, relegando una vez mas o reinsertando a su manera el desafortunado papel del Sur en el seno del enfoque dominante. Por eso, resulta difícil desgajar la historia de cualquier aproximación al presente y el futuro caribeños, pues se correría el riesgo de que se sigan mirando los toros desde la barrera. Ya que hoy se menciona tanto “el choque de civilizaciones”, el Caribe post 1492 ha sido una gran intersección planetaria; se revela como una monumental gesta transcontinental, como el primer gran ensayo transterritorial que recogen los tiempos modernos; fue estigmatizado como la gran Babel tropical, el espacio propicio del flujo intercontinental. De hecho, fue el escenario de factores geográficos e históricos que la convirtieron en la gran encrucijada etnocultural, “por la que Africa, América, Europa y Asia se abrazaron por primera vez intensamente, volviendo a mezclarse sin cesar; llegando a desaparecer una en otra...” 3. Con un poco de perversión, fue algo así como un conejillo de indias, el espacio para el ensayo y la mise en scene de formas inéditas de contacto, dominio y comunicación intercontinentales. El martiniqueño Alex Burke sintetiza episodios concentrados en los relatos de la memoria colectiva, con el ánimo de reinterpretar ciertas huellas de la identidad caribeña transportadas desde un confuso pasado al tiempo del presente. El flujo humano de la trata convertida en pesadilla es el enlace de la condición colonial con la era postcolonial, es el trasvase de una lógica de homologación a nivel del modelo dominante del trueque de hombre con el tráfico de mercancías. El hangar,
2000, una enorme instalación con proyección, proporciona
la estructura de vuelo con la que remontamos demarcaciones
inciertas. Zumbado se caracteriza en su país por ser
uno de los cultores de la video instalación. El maneja
sin distinciones la pintura, la escultura y el video,
llegando a mezclarlo todo en sus instalaciones. En
algunas de sus ultimas creaciones incursiona en una
especie de tecnología casera rudimentaria, unas veces
para reconstruir el movimiento a partir de imágenes
fijas – El péndulo -, como hiciera Edward Muybridge
en el siglo XIX, otras, como en La
cabina, para configurar la metamorfosis de lo
humano. *
Una versión de este trabajo fue publicada en la
Revista Arte Cubano, (en dossier), La Habana,
no. 3, 2000, pág. 8-11. 1
Fredric Jameson. Teoría
de la postmodernidad, Madrid, Editorial Troya,
1996, p. 333. 2
Thomas McEvilley. “Deriva continental”, en Espacios del tiempo, Nueva York, Americas
Society, 1993, p. 13. 3 Gerard
– Pierre Charles. “Hacia una definición del pensamiento
social en el Caribe”, Culturas,
UNESCO, París, número especial, 1986, p. 152. 4 Antonio
Benítez Rojo. La isla que se repite. El Caribe
y la perspectiva posmoderna, Hanover, Ediciones
del Norte, 1996, p. Ii. 5 Derek Walcott. “Las antillas: fragmentos de la evocación de una epopeya”. En Caribbean Visions, Alexandría Art Service International, 1995, 29–30. |
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