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| Alejandro Obregón - Agua cálida (fragmento) - 1962 |
Hoy en día, en el ámbito del arte contemporáneo, existen numerosas iniciativas en distintas partes del mundo que se gestionan a través de la etiqueta de “lo joven”. Títulos o definiciones de eventos que involucran enunciados como “arte joven” o “artistas jóvenes” son frecuentes en exposiciones, concursos nacionales o internacionales, bienales, encuentros, ferias, subastas, organizaciones, redes y hasta un reality. [1] La reiterativa aparición de la noción de juventud en los espacios del arte ha hecho que el “arte joven” se haya convertido en enunciado asumido con toda naturalidad para diferenciar y significar formas de producción artística. En
el caso específico de Bogotá, existen hoy cerca de 60 espacios
para la circulación de las artes plásticas, de los cuales
45 incluyen ocasional o permanentemente en su agenda exposiciones
de “artistas jóvenes”
[2]
. Ya sea explícitamente –es decir, porque
hacen un Salón
de Pintura Joven o de Jovenes
Talentos, entre otros– o bien porque realizan actividades
con artistas de “edad biológica” joven. Esto último, lo
señalo entre comillas porque, como veremos más adelante,
el campo del arte hace evidente las relaciones de poder
que demanda lo “joven” y por supuesto es un ámbito de
la actividad social que también participa de la producción
de la juventud como constructo cultural e histórico.
[3]
El intelectual español José Prat escribió en 1941 a propósito
del II Salón Anual de Artistas Colombianos lo siguiente:
Este fragmento al igual que otros
textos de crítica de arte sobre los Salones Anuales de
la década del cuarenta, evidencian ya una de las
condiciones de posibilidad del enunciado “arte joven”: la experiencia
misma del arte como campo
en el contexto de la modernidad en Colombia.
Es decir, el
arte como un conjunto de relaciones
sociales de poder, un sector en el que sus miembros participan
en una posición dominante o dominada y a través de la
cual se impone un conjunto de valores y reglas que sustentan
dicha actividad.
[8]
Siguiendo a Prat, estos jóvenes, aunque
mayoría en cantidad, se presentan en su relato en una
posición dominada puesto que el autor habla de ellos sólo
en virtud de la ausencia de lo que él considera
significante; en otras palabras, los “artistas
jóvenes” sólo son hablados por Pratt en tanto negatividad
de una tradición. Engel
se refiere con estas palabras al salón
de Pintores Jóvenes Colombianos en un texto de 1957: Este certamen marca
un punto importante en la nueva pintura colombiana. Constituye
el primer paso de rebeldía colectiva ante la Academia.
(…) Su trascendencia radica no tanto en las numerosas
obras meritorias que se presentan, como en el espíritu
que lo anima, en la decisión de incorporarse valerosa
y resueltamente a la época y el mundo presentes (…) El
Greco, Goya, Rembrandt y tantos otros grandes maestros,
eran en su época progresistas y hasta revolucionarios,
en comparación con sus antecesores; es decir: modernos.
[10]
Mientras José Prat destaca la tradición ausente
representada en los artistas académicos –a quienes
llama “maestros”–, el texto de Engel propone la exposición
de 1947 –y por tanto a los “artistas jóvenes”– como acto
fundacional de una nueva tradición: la del arte moderno.
Al afirmar que se trataba del “primer paso de rebeldía
colectiva ante la Academia”, actualiza
en la representación de los “artistas jóvenes” aquella
idea de la juventud revolucionaria que acabó
con el Antiguo Régimen y que abrió el paso a la modernidad.
Esta última, es un efecto de la historiografía francesa
del siglo XIX que concibió como mito fundador de la nación
francesa el concepto moderno de revolución atado a la juventud de sus mentores.
[11]
Luís Alberto
Acuña (a quien no llamaremos “maestro” por reservar ese
calificativo solo para los expositores de la “Asociación
de Artistas Colombianos”, de cuyas inimitables muestras
desertó este año) ha expuesto en la Biblioteca Luis Ángel
Arango.
[13]
Y
cuando explica cómo se constituyó la programación del
Museo de Arte Moderno, que abrió sus puertas al público
en 1964: Sólo podíamos contar con los
artistas nacionales y algunos amigos latinoamericanos:
ninguna exposición europea o norteamericana era viable,
en la imposibilidad de costear transporte y seguros. Resolvimos
movernos entre coordinadas muy claras: (…) dividir el
panorama nacional entre la presentación antológica de
los maestros (Obregón, Negret, Botero, Ramírez Villamizar, Wiedemann,
Roda), y el lanzamiento de los nuevos que tuvieran algo
interesante que decir.
[14]
Para
esa fecha, Obregón y Negret tenían 44 años de edad, Botero
32 años, Ramírez Villamizar
41 años, Wiedemann 59 años y Roda 43 años. Ese
mismo año, se realizó la primera individual de Beatriz
González, la primera “artista joven” que presentaba su
obra acorde a la segunda línea de trabajo que menciona
Traba. Tenía en aquel entonces 26 años. Queda claro con esta relación de edades que
Fernando Botero ingresó tempranamente al estatuto de maestro, pero ese mismo año también participó en el I Salón de Artistas
Jóvenes Intercol
[15]
en el que obtuvo el primer premio en
pintura. De acuerdo
a lo que he expuesto hasta este momento, cuando aparecen
nuevos artistas y nuevas prácticas en el proceso de conformación
del campo del arte moderno en Colombia, éstos entran en
la lucha de dichos capitales y toman la posición de “jóvenes”
con todas las significaciones que justamente se han concebido
sobre el sujeto joven
desde principios del siglo XX.
Es decir, como un sujeto que aún requiere tutelaje,
que está en proceso hacia “la madurez”, pero a la vez
como vocero del cambio y del futuro aún por construir.
La convocatoria Premio Fernando Botero y su Salón son posibles gracias
a la generosidad
del maestro Fernando Botero, quien
nos ha permitido usar su nombre y ha aportado, además,
la suma de cien millones de pesos para el ganador del
Premio (…) La Fundación Jóvenes Artistas Colombianos,
en cumplimiento de su objetivo, se complace en ofrecer
esta oportunidad a los jóvenes
talentos de la plástica nacional. En la redacción misma de la convocatoria, el “artista joven” es convocado para alimentar
una lógica del capital en el arte que no deja de reproducir
los valores que dieron sustento a la conformación misma
de este sujeto. El “maestro”, que alguna vez también fue
“joven”, retorna entonces para administrar una vez más,
una economía de la beneficencia, la generosidad y
del legado. * Partes de este texto se realizaron con el apoyo de una beca de investigación del Ministerio de Cultura de Colombia en 2006. Forma parte del proyecto de grado que desarrollo en la Maestría de Estudios de Arte de la Universidad Iberoamericana en México DF. [1] Actualmente, la BBC y Saatchi Gallery convoca a un reality en Inglaterra para elegir la nueva generación de “artísticas jóvenes británicos”.
[2]
Yolanda López y Alberto Maldonado: Estado del Arte del Área de Artes Plásticas en Bogotá, Instituto Distrital de Cultura
y Turismo (IDCT), Bogotá, 2006. La cifra que presento la proyecté en 2006, tomando
como base la investigación en mención e información
adicional que reuní dicho año. Sin embargo, la situación
actual (abril de 2009) no difiere en demasía.
[3]
Para ampliar sobre esta perspectiva
de la juventud,
Cf. Pierre Bourdieu: “La juventud
no es más que una palabra”, Sociología y cultura.
Grijalbo/CNCA, (Los noventa), México, 1990;
Carles Feixas: De
jóvenes, bandas y tribus: Antropología de la juventud, Ariel Barcelona,
1998; Rossana Reguillo: Emergencia
de culturas juveniles: Estrategias del desencanto,
Norma, Bogotá, 2000.
[4]
En aquel momento, yo finalizaba mis estudios en Artes Plásticas y
participé de dicha experiencia.
[5]
En concordancia con la propuesta
de Michel Foucault, la genealogía
no busca los orígenes en el pasado sobre un acontecer
presente, sino que emprende un análisis sobre los efectos
de verdad que produce un discurso y que se han producido
como historia
a través de prácticas, instituciones y dispositivos. En esta empresa, se hacen evidentes las relaciones
de poder. Cf. Nietzsche, la genealogía, la historia, Pre-textos, Valencia, 1982; y Un diálogo sobre el poder, Alianza
Editorial, Madrid, 1988.
[6]
Siguiendo a Gilles Deleuze,
“un código adopta y moviliza signos de toda naturaleza,
hace una mezcla de ellos, y en esa multiplicidad que
le es propia se hace un cuadriculado del campo social
por conjugación de elementos muy diversos”. Cf. Gilles Deleuze: Derrames, entre el capitalismo y la esquizofrenia, Cactus, Buenos
Aires, 2006.
[7]
El Tiempo, octubre 19 de 1941. Citado por Camilo Calderón: 50 años del Salón Nacional de Artistas, (Las itálicas son del autor).
[8]
Cf. Pierre Bordieu: Las Reglas del Arte: Génesis y estructura del
campo literario, Anagrama, Barcelona, 1995.
[9]
El nombre del salón de 1947
no es del todo preciso. Agradezco a Carmen María Jaramillo
el material que me facilitó sobre este evento.
[10]
Revista Plástica, No 6, 1957. Citado en Camilo
Calderón: 50 años
del Salón Nacional de Artistas. Las itálicas son
mías.
[11]
Guillermo Zermeño Padilla: La cultura moderna de la Historia. Una aproximación teórica e historiográfica,
El Colegio de México, México, 2004. La palabra revolución, que inicialmente se confundía
con la de “revuelta” e “insurgencia” se estabiliza a través del clima de opinión creado por los
miles de impresos de todo tipo que circularon en Francia
entre 1781 y 1797. El autor también hace mención a “la
propia” juventud de los intelectuales franceses del
siglo XIX como factor determinante en la conformación
del mito fundador.
[12]
Traba condenó en varias oportunidades
a los artistas “americanistas” que circularon ampliamente
durante las décadas del treinta y cuarenta.
[13]
Periódico la Nueva Prensa,
1961. Citado
en, Museo de Arte Moderno: Martha
Traba, Planeta Editores, Bogotá, 1984.
[14]
Este fragmento hace parte
del texto “La nueva gente del museo”,
prólogo de una exposición que tuvo lugar en el
Museo Nacional en 1978. Citado en: Museo de Arte Moderno,
Martha Traba,
Planeta Editores, Bogotá, 1984. Las itálicas son mías.
[15]
Según las propias palabras
de Marta Traba este salón patrocinado por la empresa
Intercol (International Petroleum) era, junto con la
exposición individual de un “artista joven”, las iniciativas a desarrollar cada año para
impulsar a nuevos artistas.
[16]
Cf. Pierre Bourdieu: Campo
de poder y campo intelectual, Folios Ediciones,
Buenos Aires, 1983, y
Capital cultural, escuela y espacio social,
Siglo Veintiuno, México, 1997.
[17]
El Salón Intercol estableció
como límite los 35 años para participar, y el Salón
de Artistas Jóvenes del Museo de Arte Contemporáneo
Minuto de Dios, creado en 1966, estableció los 30 años.
[18]
Cf. Marta Traba: Los novísimos, (Catálogo de la exposición)
Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, Caracas. En esta exposición participó Álvaro Barrios,
Antonio Caro, Darío Morales, Miguel Angel Rojas, entre
otros.
[19]
Darío Jaramillo: Generación Intermedia, (Catálogo de la
exposición), Biblioteca Luís Ángel Arango, Bogotá, 1998. Exponían allí Luis Hernando Giraldo, José Alejandro
Restrepo, María Fernanda Cardoso, Oscar Muñoz, Luís
Luna, Nadín Ospina, Rodrigo Facundo, Rolf Abderhalden,
entre otros.
[20]
Brindo una cifra aproximada,
de acuerdo a la TRM en Colombia durante junio de 2006.
En pesos colombianos eran $100.000.000 de pesos. Datos
obtenidos de: http://www.businesscol.com/economia/dolar_2006.htm
[consultada el 22 de marzo de 2009]. [21] En la segunda versión del Premio, fue elegida como ganadora Eva María Celín. La revista Fucsia (No. 71, mayo de 2006) realizó el concurso denominado “Mujer Colombiana 2006”, donde la artista fue incluida.
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