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Desde
el 8 de mayo pasado La colaboración
de seis críticos convocados por Leal para esta “experiencia” fue clave
para la consecución del proyecto. A cada uno, el artista le describió
una pieza que sería incluida en la exposición, pero que solo existía
en proyecto (a través de esquemas, bocetos y planos de la galería donde
iría ubicada) y para la que les pidió escribieran sus impresiones. Dichos
textos fueron en definitivas lo que se mostró en la exposición, ocupando
precisamente el lugar de la pieza de la que en cuestión hace referencia.
La obra de arte hace mucho dejó de ser el centro intocable de un sistema de relaciones que solo funcionaba para asegurarle su presencia en galerías, museos, público, críticos, coleccionistas, etc. Este sistema no solo ha devenido en otro productor directo de la obra, sino en la obra misma. De manera que sin él, la obra deja de existir. La muestra pretende reproducir este fenómeno al imaginar un espacio de producción, “automático y limpio”, donde la pieza ya no necesita existir para ser. Es el sistema de relaciones el que le “da forma”. El crítico de arte es una variable importante de este sistema, no sólo como agente activo entrenado en conducir la mirada, sino por la herramienta que usa más: el lenguaje (que también genera sus propios objetos y se convierte en ellos). (Palabras al catálogo, Trastornos del lenguaje, Galería Habana, 2009) |
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