Habitaciones  propias o apropiadas*
El Cuerpo en la Fotografía Actual en Costa Rica.


ADELA MARÍN VILLEGAS


Jaime Tischler (fragmento)

 

El cuerpo es una preocupación importante en muchas épocas de la humanidad  y precisamente la interpretación y la percepción acerca de él ha ido de la mano de los  preceptos que se construyan alrededor de los valores sociales, ubicados en el contexto  de espacio tiempo en que se desarrollan. 

Definitivamente este asunto ha estado ligado  en occidente  a consideraciones que tendrán que ver con las polaridades de cuerpo y alma, como un legado de la cultura griega, polaridades  que a su vez tienen raigambre en conceptos religiosos, de carácter ritual y  ruptura de tabúes y roles sociales. Para ubicarnos más cerca de nuestro tiempo podemos situar la inquietud  al respecto de este tema en los artistas de acción de los sesentas y  en una búsqueda de reencontrar el yo, de transgredir las fronteras de la vida y de lo sacro el caso de Ana Mendieta,  Marina Abramovic,  Chris Burden o Witkin  entre muchos otros. 

En Costa Rica  quizás por ser de una idiosincrasia muy conservadora, el uso de tema del cuerpo y específicamente del desnudo tuvo un desarrollo tardío en todas las disciplinas plásticas, no es sino hasta  1940, que en la escuela de Bellas Artes se comienza a dibujar con modelo  vivo. Más aún, en la fotografía es utilizado este tema hasta la aparición de los Salones Nacionales en el año  1989.Y es precisamente en 1991 en que aparece Giorgio Tims quién gana una mención de honor con un desnudo. Él ha sido el precursor en este quehacer. Su interés versa en el cuerpo masculino, esto constituye un aspecto controversial para algunos sectores de la sociedad costarricense pues convierte en sujeto de creación, un rol que es poco observado y utilizado para esto. Su producción se construye a través de la belleza de la forma masculina, como sujeto de sensualidad y disfrute visual. Manejando un lenguaje purista en lo que a la técnica se refiere en la búsqueda del "eros" masculino. Un fuerte referente de su trabajo  podría ser el  de Maplethorpe.   

En la obra de Tims, aún más allá de la corporeidad erótica está el ser,  que deambula en una eterna lucha, pero no del dolor sino del disfrute por permanecer vivo. El caso de la serie que el artista trabaja con relación al tema de la mitología de Prometeo, en donde el hombre se vuelve un transgresor de lo permitido y por eso recibe el castigo. 

En su serie Desencuentros, plantea la posibilidad del Encuentro y el disfrute a plenitud durante el instante que dure. En otra, Lo uno y lo múltiple, plantea el problema de ser siempre complacencia y medida de los demás. 

Es interesante anotar que en Costa Rica ha habido un mayor desarrollo  de la creación fotográfica en los inicios del desnudo masculino que del femenino. El crecimiento en producción  sobre este otro género se da más recientemente con artistas que en algunos casos se fotografían a sí mismas como Karla Solano y  Sussy Vargas. Otro artista que ha trabajado el tema de lo masculino es Larry Madrigal que podría tener rasgos comunes con alguna de la obra de Giorgio Tims en cuanto a la integración del hombre con la naturaleza. 

Sin embargo algunas de estas producciones tienen quizás como ingrediente común;  una búsqueda  o interpretación de su realidad por medio de la introspección implicando una interpretación de sí mismos  y de su contexto (recurriendo en algunos casos a fotografiar su propio cuerpo). Esta realidad planteada en  diferentes ámbitos como su relación más íntima desde del recuerdo familiar, la relación de pareja, los roles sexuales y sociales, el dolor y el ser finito e infinito,  a su vez mezclada con la iconografía popular.  Sobre todo lo que sienten como individuos inmersos dentro de contexto social  específico y  en el que deben de encajar dentro de un orden impuesto por  el colectivo.  

Jaime David Tischler irrumpe en el propio espacio de su intimidad, yendo  más allá de la forma del cuerpo, y concentrándose en la necesidad; en el “deseo”.  El Cuerpo como objeto de deseo o como sujeto de placer. Reescribiendo su propia historia, al borde de los roles, trascendiendo barreras sociales y dejando testimonio y evidencias de un grupo de minorías. Exponiendo sus fotografías e instalaciones fotográficas a manera de bitácora en consideraciones de su desarrollo como ser finito e infinito en relación con el amor, la vulnerabilidad humana y el acercamiento sexual, en donde en ocasiones maneja una dicotomía entre el cuerpo etéreo y en movimiento, casi abstracto,  con la carnalidad  y la pasión física.  Jaime afirma que “el amor es un espacio ilusorio entre dos soledades (...)”. A pesar de ser un fotógrafo de una formación muy purista, él explora los conceptos de espacialidad, mediante la instalación y de destrucción de la fotografía, además del vídeo. Sus instalaciones podrían tener cierta empatía con algunos de los trabajos de Annette Messager en las que utiliza también la fragmentación. 

Además de él, algunos creadores recrean el cuerpo desde áreas y lenguajes muy diversos que van desde lo documental, con tratamientos técnicos puros sin ninguna intervención hasta propuestas intimistas con una gran carga experimental en cuanto a materiales y técnicas respecta, concibiendo la fotografía no como un lenguaje único en su trabajo sino como un recurso más, inseparable de otros objetos. 

Artistas como Fernando Acuña que mediante la documentación logra entrar a las habitaciones de otros con realidades en ocasiones un tanto marginales, Jorge Albán  cuestionando sus actitudes desde la masculinidad  casi a manera de Madona contemporánea con el niño,  Mirtha Castro reinterpretando críticamente  el grupo familiar desde una visión de la desintegración y su propio rol como mujer y madre,  Karla  Solano que se hurga por dentro hasta descarnarse en un cuestionamiento metafórico  entre lo espiritual y biológico, Jaime Tischler  al borde de los roles trascendiendo las barreras del deseo,  Larry Madrigal que explora el mundo masculino no desde un una visión de roles sino más bien del ser humano como parte indisoluble de la naturaleza,  Sussy Vargas con sus cuerpos sagrados   en donde se habita inseparable del dolor,  el amor y las huellas de sus semejantes pasados y presentes a manera de iconos eternos.  

Jorge Albán trabaja sobre aspectos como el cuestionamiento de los roles socioculturales al fotografiarse  a sí mismo desnudo con su hija en brazos, plasmándolas en puertas de autos chocados como  en una acción de violenta ternura, con la frialdad de una lata torcida en su serie Tiempos Concéntricos, en donde resemantiza el concepto de  maternidad que ha sido elaborado  históricamente desde la personificación religiosa  de la Virgen y el Niño, y descontextualiza una relación material con este tema o más bien, contextualiza un tema con la contemporaneidad de las relaciones en conjunción con la máquina y las estructuras de poder. Además de darle un título a sus obras de carácter anónimo como el de un modelo de carro específico (Volkswagen Año Desconocido),  de alguna manera haciendo patente que es parte de un colectivo.  

La experimentación técnica en él es muy rica, e implica un proceso muy largo y engorroso, utilizando emulsiones fotográficas líquidas y transferencias de película Polaroid, además de grandes dimensiones en las que prácticamente cada objeto era su propia bandeja de revelado. Antes de elaborar esta propuesta hizo un trabajo que alude a los estereotipos costarricenses y que nombró "estereoticos"  basándose en algunas figuras del Tarot. 

Esta inquietud de experimentación  y búsqueda de nuevos soportes en Albán caracteriza también a varias artistas como es el caso de Karla Solano, Mirtha Castro y Sussy Vargas. 

Solano abre además, su propia habitación para mostrarse ella desnuda y honesta con una interpretación de sus “por dentros”.  Su  obra Espejos Interior  presentada en la Exposición Mesótica del año 1996  en el Museo Arte y Diseño Contemporáneo marca un cambio en nuestro contexto geográfico  en  lo que se refiere  al  material y lenguaje conceptual usado.  Trabaja utilizando en algunas ocasiones impresiones digitales más grandes que el tamaño natural, transfiriendo a cuero o a pared impresiones de sus imágenes, añadiendo objetos como chapas de dientes u hormas de zapato, además de utilizar el positivado  fotográfico de radiografías.  Su trabajo es una reflexión acerca de la materia corporal en comunión con el espíritu,  de lo vulnerables y vanidosos que somos los seres humanos,  estableciendo una relación con la memoria desde la piel. En ocasiones su discurso determinado por su naturaleza femenina a manera de autorretrato la recrea como demiurgo en prolongación de su familia. Su trabajo podría tener cierta afinidad con el de Adriana Calatayud de México o con el Marie  Ange Bordas de Brasil.  

La creación desde la intimidad femenina está también presente en Mirtha Castro y en algunos trabajos de Sussy Vargas.  Mirtha tal vez la menos fotógrafa  de todos los que cito, recrea su sentir como mujer  a partir de su propia corporeidad, sin embargo cuando alude a ella, utiliza más objetos que fotografías. No obstante, establece una  relación con su rol en el contexto de su familia  y lo cuestiona al igual que Tischler y que Albán, pero de otra forma. Utilizando la apropiación de imagen fotográfica, en especial de los retratos familiares y del suyo propio. A esta artista la incluyo dentro del grupo, por que a pesar de no ser fotógrafa de profesión, su producción plástica a estado muy unida  a esta disciplina y se le ha citado como parte de los artistas que ha producido a la par de esta. Quizá un  punto de referencia en algunas de sus obras podría ser Christian Boltanski en cuanto a la forma, sin embargo ella también trata la violencia, pero en otro sentido que no retrata el recuerdo de la guerra. En Mirtha, el interés se concentra en la violencia psicológica  en el interior del seno familiar. En algunos casos Irene Torrebiarte también podría ser un punto de referencia  con el uso de las espinas y su combinación de lo matérico con la foto. Esta es una característica en Mirtha.

Igualmente, el trabajo de Sussy Vargas tiene una fuerte raigambre del universo femenino, quizá en la manera en que maneja su sensibilidad afectiva con respecto a los objetos y sujetos que construyen su obra. También  en ella hay un cuestionamiento con respecto a los roles, pero de una manera diferente, que no establece el único interés temático sino que más bien está entretejido sutilmente en su discurso. Su interés en el cuerpo como un sitio sagrado, donde confluye el placer y el dolor, donde cada uno somos cristos en potencia, sea mujer u hombre. Con una capacidad de amar y ser amados, de entregarnos en completa soledad al reto de estar vivos y desmitificarnos como humanos para ser santos, sin miedo a aceptar nuestra propia corporeidad, sin identificarnos con un  rol determinado sino más bien con el éxtasis de ser absolutos,  de tener un Dios interior que nos convierte en seres divinos, cuya savia es la sangre donde precisamente se da el movimiento que lleva todo fluir a nuestro corazón, tal vez el mayor exvoto que podemos entregar, el mayor sacrificio y símbolo de amor eterno.  Siendo la memoria  de muchos que también amaron o nos amarán.

En sus trabajos resemantiza el lenguaje popular del exvoto estableciéndolo como una especie de plegaria visual. Utiliza el texto,  el fragmento, la destrucción fotográfica, el ensamble de objetos desgastados por el tiempo, y el concepto del paso del mismo como apoyo a su discurso. Tal vez estableciendo un continum entre la vida, la materia y la memoria.Hecha mano a los albumes de retratos familiares al igual que Mirtha, Karla Solano y en menor medida Tischler. Su trabajo podría tener cierta semejanza con algunos de Luis González Palma, en lo que, a la sacralidad del ser cotidiana y a la recreación de la memoria popular se refiere, su trabajo Y dicen que los hombres no tienen corazón es un buen ejemplo de ello. Otra referencia podría ser Irene Torrebiarte en el uso de objetos  a manera de retazos de vivencias en los que incluye objetos orgánicos como pelos y espinas, como podría ser el caso de Exvotos que se compone de 100 fragmentos-plegarias con objetos.

Esta artista  nos enfrenta como espectadores ante  un tema muy intimista abriéndonos el espacio de su familia y seres queridos, involucrando a muchas personas en la realización de su trabajo, para reencontrarnos en el que puede ser nuestro propio espacio o el de cualquier persona.

El trabajo de Fernando Acuña, artista argentino que  hace mucho tiempo reside en Costa Rica, que especula acerca del cuerpo con un leguaje documental adentrándose  en las habitaciones de otros, en el espacio privado de personas que viven al margen de los convencionalismos sociales, mujeres de Night Club atrás de las bambalinas en el ritual cotidiano de comer, vestirse, y prepararse para ser un objeto más, antes  o después de ponerse la máscara para actuar y transgredir los permisos sociales.  Fernando desmitifica el ambiente aparentemente sórdido de la noche para convertirlo en un día normal de trabajo. Tal vez un testimonio para una sociedad conservadora y mojigata que separa la vida cotidiana de estos asuntos. Su obra se caracteriza por conservar la fotografía sin ninguna intervención manteniendo un lenguaje totalmente puro sin contaminación alguna de otra disciplina. Algunos fotógrafos actualmente trabajan esta corriente documental,  quizá con menos interés en el cuerpo que este artista, tal es el caso de Faustino Desinach, Teresita Chavarría y Paul Aragón. Este fotógrafo en 1993 presenta un fuerte desnudo femenino en el Salón Nacional de Fotografía, Como toda una dama, en él hace un cuestionamiento sobre la figura femenina y la violencia.

Ciertos rasgos característicos comunes en estos artistas que utilizan el cuerpo, en la mayoría de ellos hay una búsqueda hacia la introspección o una interpretación de la realidad desde su percepción más íntima, tanto es así, que algunos se retratan a sí mismos, y desde allí cuestionan su rol sociocultural y su memoria, (en algunos) intrínseca con la familia. Mucho quizá tengan que ver con la ruptura de los estereotipos que la sociedad costarricense les impone, en donde el cuerpo como depositario de sentimientos e imágenes espejo, le da un lugar para su identidad. Buscando un espacio para  su propia habitación y  la de los demás desde su visión e historia particular. 


* Ponencia presentada por la autora en el Coloquio Internacional de Fotografía “Memoria iconográfica de un siglo”, realizado en La Habana, Cuba, como parte de las actividades del Premio de Fotografía Contemporánea Casa de las Américas 2001.


Pies de Barro   Sussy Vargas
     
Espejo Interior   Jorge Albán
     
    Jaime Tischler