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Es precisamente su
trayectoria artística en los 80, el análisis de las llamadas “acciones
plásticas”, la función de los grupos en este período del arte cubano
y su labor como artista performático, lo que motivó esta entrevista.
Lázaro accedió a develarnos sus memorias desde su etapa formativa de
estudiante hasta su más reciente labor profesoral en el colectivo Enema. Para muchos aportará
nuevos datos y para otros desempolvará recuerdos. Aylet Ojeda: Los 80 fueron
una década caracterizada por la experimentación de nuevas temáticas
y lenguajes artísticos. ¿Recuerdas quiénes fueron los exponentes de
la performance en este período del arte cubano? Lázaro
Saavedra: La performance, bueno…la palabra performance no se usaba mucho en aquella
época, usábamos acción plástica. Sí recuerdo que una vez le preguntamos
a Flavio Garciandía (cuando éramos estudiantes de su clase en 3er año
del ISA) sobre las diferencias entre acción plástica, happenings
y performance. Porque lo que por aquel entonces
llamábamos acción plástica eran aquellas que generalmente apelaban a
la improvisación. Leandro
fue de los primeros. Era un antecedente importante pero yo no había
visto muchas cosas de él. A la cabeza me vienen ahora las intervenciones
que hacía Glexis Novoa en las exposiciones, en muchas de ellas él venía
acompañado de un grupo de muchachos que eran bailadores callejeros del
llamado break dance (por aquella época de moda). Era un espectáculo, Glexis llegaba
de pronto improvisaba algo, entonces empezaban a bailar y descargar
en las galerías. Eran acciones dentro de exposiciones y resultaban contrastantes
porque no tenían correspondencia con lo exhibido. Por ejemplo recuerdo
“Veintitantos Abriles” (galería Habana, 1987), “Aire Fresco” (Fondo
Cubano de Bienes Culturales, 1987). Glexis también realizó algunas acciones
personales, como la que hizo en “No es solo lo que ves” (Facultad de
Artes y Letras, 1988), donde aparecía con un vestuario peculiar, era
una mezcla de Michael Jackson y rockero heavy metal que funcionaba
muy bien con la música de rock duro que estaba de fondo, fue muy impresionante
para los espectadores cuando de pronto con un cuchillo rajó su vientre
dejando un tremendo reguero de sangre y vísceras, claro que era un montaje
porque todo eso estaba escondido en un nylon bajo su ropa. En una
conferencia sobre arte y sexo que se realizó en la UNEAC, Consuelo Castañeda
y Humberto Castro realizaron una intervención, se cubrieron con un disfraz
fálico y “eyaculaban” hacia el público con chorritos de agua. También
en esta institución, durante un panel sobre el concepto del arte, el
grupo Arte Calle irrumpió
con caretas antigases y carteles. Durante
mi etapa de estudiante en el ISA, del 1984-88, se hacían algunas acciones
plásticas, como las de Segundo Planes y de Francisco Lastra (Paquito).
Lo que hacía Segundo era interactuar dentro de los enviroments
o instalaciones que estaban constituidos fundamentalmente por algunas
de las piezas que él hacía. Entre
el 1987 y 1988 se hace un experimento en el ISA donde se unieron las
facultades de plástica, música y artes escénicas. La motivación inicial
era hacer una especie de renovación visual en el mundo de las artes
escénicas. En aquella época era común comprender la obra de teatro sin
verla, solo escuchando, excepto el grupo de teatro Buendía (entonces estudiantes de ISA) que
se preocupaba por hacer una propuesta visual interesante en la escena,
por cierto Leandro Soto tuvo alguna vinculación con este grupo teatral.
La metodología multidisciplinaria de trabajo de estos talleres era organizar
propuestas escénicas a partir de ideas visuales de los artistas plásticos,
las cuales eran enriquecidas con componentes escénicos y musicales de
actores, dramaturgos y músicos. Empezamos a trabajar con elementos muy
sencillos por ejemplo el fuego (que fue el caso de mi equipo). Está
el caso de Alejandro López, que quizás es el más atípico y el menos
explorado en la historia del arte cubano. Él sí canalizó conscientemente
sus propuestas en función de lo performático, donde no solamente interactuaba
con su propio cuerpo, en algunos casos con el sonido y también con su
obra bidimensional o instalativa, la cual en muchos casos tenía un marcado
carácter escenográfico. Alejandro por esa época estaba muy obsesionado
con la figura de Laurie Anderson e incluso era parte consciente de algunas
de sus propuestas donde aparecía como un personaje más con el cual él
se comunicaba a través de transmutaciones metafísicas y espirituales
porque era un asiduo consumidor de textos de psicología y parapsicología. AO: ¿A qué tipo de público iban dirigidas estas “acciones plásticas”? LS:
La relación del arte con el público era algo que interesaba mucho en
los 80. ¿Pero qué tipo de público? Con esta interrogante comienza la
problemática. Los
80 se caracterizaron no solamente por una reacción contra el aburrimiento
visual en las galerías, también existía una especie de inconformidad
con lo que pudiera llamarse el sistema del arte, especialmente
en el eslabón obra-público. Estas experimentaciones fueron, en algunas
ocasiones, actitudes muy ingenuas, que podían ser desplazamientos de
obras fuera del sector galerístico pero que estaban muy aferradas a
la vieja estructura del arte. El creador quería romper con la galería,
quizás sacando las obras a la calle, pero seguía conservando viejos
patrones de producción que respondían a otro sistema. Se quería romper
pero no se sabía cómo. Pero bueno, ¿por qué salir para la calle?, ¿por
qué buscar esta amplitud con otro tipo de público? Existía inconformidad
con los contenidos en el arte y con la circulación de la obra. Por lo
general el público que asiste a las galerías es bastante estable, no
es nómada, todos se conocen, y muchas de las propuestas tenían como
contenido y referencia problemas que no sólo tocaban a ese tipo de público,
se quería que otras gentes accedieran a eso que se estaba planteando,
quizás por eso el interés de ampliar la audiencia y eso pudo impulsar
en cierto sentido el abrirse hacia una búsqueda de otro tipo de escenario
y de auditorio. Por supuesto habían ya intenciones estéticas en este
tipo de transformación que tenían que ver un poco con la reflexión en
cuanto a la evolución de la estructura del sistema del arte en sí mismo
(creador-obra-público). AO: ¿Crees
que la conformación de grupos en esta década estuvo sujeta a algún motivo
determinado? ¿Cuál fue tu experiencia como integrante del grupo Puré? LS: El fenómeno de los grupos,
aunque fue característico de la época,
no fue algo exclusivo de ella. Si te pones a analizar la historia
del arte está llena de formaciones grupales de diferente índole, incluso
internacionales, como sería el caso de las vanguardias, el grupo Cobra,
Fluxus, etc. La necesidad
de agruparse viene desde muy antaño, desde los llamados gremios. Una característica de la década
fue la iniciativa de los artistas a la hora de hacer exposiciones. La
mayoría de las exhibiciones de la llamada “plástica joven” (ese era
nuestro nombrete en la época) fueron por decisión de los propios artistas.
Las llamadas exposiciones colectivas, en cierto sentido, también pudieran
considerarse “grupos”, virtuales y más informales, aunque no tuvieran
una plataforma programática definida, si revisas la composición de las
exposiciones colectivas de la época, verás que hay muchos nombres que
se repiten, por supuesto les dejo ese trabajo a los historiadores para
que definan como era la composición artística en ese tiempo. Volumen Uno, 4 X 4 y Hexágono eran las agrupaciones fundamentales
con las que conviví en mi etapa formativa en San Alejandro. En 1985
Ana Albertina Delgado, Adriano Buergo, Ciro Quintana, Ermy Taño y yo,
creamos el grupo Puré. Nuestra
vida profesional se inició con Puré,
pero si ninguno de nosotros hubiera tenido su propia investigación no
hubiera existido el grupo. Con Puré
se descubre un fenómeno totalmente nuevo en la unión de los cinco,
una especie de Voltus 5.1 Generalmente nuestro trabajo era
bidimensional en el ámbito individual, pero en el plano colectivo era
tridimensional e instalativo. Puré abarcaba todo, pared, piso, techo…
enfocaba el trabajo en el espacio tridimensionalmente, por lo general
llegábamos cada cual con su obra y además empezábamos a improvisar cosas,
ahí era donde trabajábamos en colectivo, en el espacio, que para nosotros
era un equivalente del lienzo. En la etapa avanzada del grupo se trabajó
más en conjunto, porque anteriormente no existía una metodología de
creación colectiva. Llegó un momento (1987) -que quizás puede ser uno
de los factores externos que ayuda en la desintegración del grupo- en
que muchos de los objetivos iniciales de Puré
ya no tenían razón de ser, porque se estaba haciendo a nivel de
generación, por ejemplo la preocupación por trascender el espacio galerístico
y abarcar a un público que no era el que acostumbraba visitar las galerías.
Por ese entonces ya estaban activos Arte
Calle y Provisional. A nivel
de generación hay experiencias muy interesantes como Es
sólo lo que ves, de 1988, exposición censurada varias veces pero
que decidimos incluirla en los currículos y Desiderio Navarro le escribió
un texto en La Gaceta. La plástica se dedica al baseball en el año 1989 fue una de las acciones
grupales mejor pensadas que se hayan hecho en la década, motivada por
descontentos causados por la censura a la obra de diferentes artistas.
Fue un tipo de acción que sale de la galería y funciona como manifestación
“huelguística” (fue incluso este
el calificativo que le dio el entonces ideólogo del partido Carlos Aldana,
en una reunión en la Editora Política a la cual
fuimos citados algunos de los participantes en ese juego de pelota,). AO: La performance ha sido uno de los recursos expresivos
utilizados en tu obra. ¿Podrías comentarme sobre tus acciones performáticas? LS:
Mi primera performance, si pudiera llamarse así, fue
Egocentrismo funerario para
la exposición colectiva titulada El
objeto esculturado en 1990, era bastante cómodo porque mi acción
corporal se limitaba a estar acostado dentro de una caja de muerto con
un casco de constructor en la cabeza. Nunca pude realizarlo porque me
prohibieron entrar con el casco en el ataúd, se exhibió vacío montado
sobre bloques de los utilizados en la construcción y rodeado de coronas
de flores. Esta idea, concebida a finales de los 80, fue la primera
que precisaba mi cuerpo como material para conformarla y no volví a
necesitarlo hasta que en 1997 realicé una instalación performática titulada
Muriendo libre (Diverse Works
Arts Space, Houston, EEUU), en la que le cortaba los hilos a una serie
de marionetas, las cuales caían al suelo, inertes pero libres. Después
hice Ni príncipe ni mendigo (Museé des Beaux Arts, La Chaux de Fonds, Suiza)
una video-instalación del 1998, entre otros elementos aparecía yo tratando
de vender mis dibujos, en correspondencia con un texto que decía: Coopere con el artista cubano. En Londres
en el año 1999 realicé una performance
que no tuvo título (Concourse Gallery, Barbican Center, Londres). La
idea en esencia era tridimensionalizar la pintura Le Blanc-Seing de René Magritte. Esta obra
estaba concebida para que yo interactuara montado en un caballo con
la proyección de la pintura de
Magritte. Pero una vez en Londres no tuve la autorización para proyectar
la obra; recordé que estaba en Inglaterra donde Lady Godiva se montó
desnuda en un caballo en protesta contra los altos impuestos, fue entonces
cuando se me ocurrió montar desnudo en el caballo, y en vez de proyectar
la obra solo puse el título. En 2002
hice Sísifo (Overtures-über Wasser,
Gelsenkirchen, Alemania). Era un evento dedicado al agua y concebí el
proyecto especialmente para esa ocasión. Motivado por reflexiones relacionadas
con la falta de este elemento. Yo recuerdo que una de las experiencias
más angustiosas en mi adolescencia era cargar agua, porque en el edificio
donde yo vivía el abastecimiento era muy malo. A partir de esta rutina
se me ocurrió este proyecto. En el local donde lo realicé existían dos
niveles, en el superior se estaba produciendo la inauguración del evento
con un ambiente muy festivo, previamente yo había colocado una mesita
con un jabón, un jarrito, una toalla y un barril conectado por una manguera
a otro que estaba lleno de agua en el nivel inferior. Toda la inauguración
estuve cargando cubos de agua de un nivel a otro tratando de
llenar el barril que estaba arriba, hasta que finalmente me decidí a
bajarlo todo y entonces allí me bañé delante del público. AO: ¿Qué significó, para Lázaro Saavedra como artista, el trabajo como
profesor del colectivo Enema? LS:
El trabajo con la performance no fue un objetivo preconcebido,
eran un grupo de alumnos de segundo año de artes plásticas del ISA que
poco a poco fue evolucionando como un colectivo. La idea de trabajar
con el cuerpo surge por un problema de escasez material y la interpretación
de las performances históricas
fue una estrategia pedagógica. Primero tenía que conocer el grupo y
basándome en esto fui estableciendo mi plan educativo. El trabajo de
conjunto se da a partir de la revista,2 es
ella la que da nombre al colectivo. Las primeras acciones surgieron
a partir de la interpretación colectiva de performances, aunque Enema no sólo ha hecho esto, también ha
realizado acciones performáticas que no tienen ningún referente y otras
cuya motivación es la obra de un artista alejado de esta disciplina.
Enema surge por la necesidad de sistematizar
un fluido de ejercicios, y se escoge el cuerpo precisamente por ser
el material más fácil de conseguir. La experiencia
de Enema me funcionó como una especie de postgrado
porque muchas lagunas y confusiones que tenía sobre la historia del
body art, la performance, el happening, fueron aclaradas. Como docente
me vi precisado a revisar todo ese contenido ya que debía dominarlo
para las clases. Eso fue muy útil para mi conocimiento individual. Aprendí
enseñando. (risas). 1 Dibujos animados japoneses
muy populares en la década del 80 en Cuba. 2 La revista Enema
fue creada por el grupo de segundo año de pintura del ISA y su primera
edición fue en el año 2000. Esta publicación abordaba temas de interés
para los estudiantes de la Facultad de Artes Plásticas. |
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