Une semaine de bonté ou Les 7 éléments capitaux

Max Ernst - La femme 100 têtês - 1929


Max Ernst. Invisible a primera vista... en la Caixa de Girona del 23 de febrero hasta el 15 de mayo de 2005

Una de las figuras más emblemáticas del arte de la primera mitad del siglo XX es Max Ernst. Un par de meses antes de que se inaugure la gran exposición retrospectiva que el Metropolitan de Nueva York dedicará a este impulsor de movimientos como el dadaísmo y el surrealismo, la Fundación “la Caixa” presenta en su sede de Girona una de las facetas desarrolladas por este genial personaje.

Max Ernst. Invisible a primera vista... Grabados, libros ilustrados y esculturas es un conjunto de piezas procedentes del Kunstmuseum Bonn que nos desvelan la rotunda fuerza expresiva que alcanzó en sus manos el arte de la estampación. Se trata de una ocasión casi única de contemplar estas obras, que por motivos de conservación se exhiben en Bonn solo de manera temporal y parcial. Entre ellas, figuran las dos primeras novelas collage que el artista creó a partir de 1929: La mujer de 100 cabezas (1929) y Una semana de bondad o Los siete elementos capitales (1934).

Los delirios de Max Ernst -en los que influyó de manera decisiva la absurda experiencia de la guerra- le hicieron encabezar uno de los movimientos más singulares de la vanguardia europea, como fue el Dadá. Éste, había sido creado en 1916 en Zurich y en 1919, Ernst y su amigo Baargeld, abrirían su propia “sucursal” en Colonia, a la que se uniría un poco más tarde Hans Arp. Sus collages, al principio censurados, le abrieron las puertas de la vanguardia parisina, y de la mano de Breton, al que quedó ligado como integrante del Surrealismo, comenzaría una nueva etapa en la que la influencia de la pintura metafísica de Giorgio de Chirico es patente.

Ernst es el inventor de técnicas como el frottage y el grattage, con las que intentaba reproducir, en el ámbito de las artes visuales, la escritura automática de los surrealistas. De su relación con los poetas y escritores de la época, como Lewis Carroll, Franz Kafka, Paul Eluard o Tristan Tzara, también da cuenta esta muestra, que resalta la inagotable riqueza de su producción. No en vano, son más de 2.000 piezas -más allá de toda especialidad vanguardista- las que componen el conjunto de grabados del artista. El primero en interesarse por ellos fue un joven librero de Zuricih, Hans Bolliger, que ya en el siglo pasado señaló el valor de los libros ilustrados de Max Ernst y que a mediados de los años 30 comenzó a coleccionarlos. Ahora, “la Caixa” ofrece un recorrido por las diferentes etapas de la trayectoria de Ernst como artista gráfico. En sus libros se descubre un diálogo entre el arte, la literatura y las teorías filosóficas. Histoire naturelle (Historia natural, 1926), Maximiliana (1964), en el que el creador recoge la escritura secreta, críptica e indescifrable que inventó como réplica a la escritura automática y del que se ha extraído la frase que da título a la muestra “Invisible a primera vista” o Rêve d’une petite fille qui voulût enter au Carmel (1930) son algunos de los libros más destacados.

La exposición se enmarca dentro de algunas de las ambiciones de la Fundación “la Caixa” relativas a la difusión del arte de la ilustración y del compromiso de hacer llegar la cultura a la sociedad más joven, en aquellas ciudades con una importante población universitaria. En el caso de Girona, ambas premisas se cumplen a la perfección y el año pasado ya pudieron disfrutar de la muestra dedicada a los libros de artista de Henri Matisse. 

Tomado de www.masdearte.com